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Opinión

Hay que cuidar a las bandas... Y las bandas, desatadas

A principios de agosto del 2018 fue registrada una escena por decir lo menos espeluznante en Praderas de los Oasis. Fueron hallados en una vivienda los cuerpos de 11 jovencitos amarrados y asfixiados con cables eléctricos

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 19 junio 2022 | 06:00

Staff/El Diario de Juárez Staff/El Diario de Juárez Staff/El Diario de Juárez Staff/El Diario de Juárez

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-Hay que cuidar a las bandas... Y las bandas, desatadas

A principios de agosto del 2018 fue registrada una escena por decir lo menos espeluznante en Praderas de los Oasis. Fueron hallados en una vivienda los cuerpos de 11 jovencitos amarrados y asfixiados con cables eléctricos.

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Los policías hallaron evidencias de que la casa era usada para consumo de drogas baratas, pero altamente adictivas como el cristal, o crico, que tiene inundadas las calles de la ciudad y del país.

Los agentes investigadores pudieron establecer durante las semanas siguientes que el motivo del ataque no fue siquiera la disputa por narcomenudeo como era presumido inicialmente, sino una pelea brutal entre miembros de un grupo delictivo que involucraba a parejas, hermanos, etc.

Con los elementos que se han recogido de los multihomicidios ocurridos en lo que va del año, vamos a encontrar ese tipo de circunstancias, que hablan de cuestiones emocionales, verdaderamente humanas, más allá del negocio ilícito de la droga.

Igualito que en el crimen ocurrido en Praderas de los Oasis, en una incursión violenta en el bar Viejo Oeste, 26 segundos bastaron para que sicarios mataran a tres comensales e hirieran a siete más a principios del 2022.

Hubo indicios de que la sangre corrió porque, en un asunto de familias, no debían meterse a “tirar” droga en dicho lugar. Quienes debían controlar el movimiento no lo hicieron, con la consecuencia ya descrita de los muertos, entre quienes se encontraba uno que ni la debía ni la temía, inocente pues de cualquier cosa.

La historia de crímenes sigue. Traspasó la administración federal anterior y siguió a la presente. En mayo de este año, el día 6, a unos pasos del Poder Judicial de la Federación, por la avenida Tecnológico, fueron cinco muertos, entre ellos dos inocentes niños. Alguien que había salido de la cárcel habló “de más”. 15 días más tarde, en la colonia Díaz Ordaz, otros cuatro muertos. En Rinconadas de las Torres, al empezar junio, cinco muertos, entre ellos una mujer, en una fiesta. Este asunto con muchos datos que indican una real disputa entre las pandillas dominantes de la ciudad.

Y ahora, con el crimen múltiple en el conocido Dennys de la Tecnológico, parece repetirse el patrón, que ha generado diversas líneas de investigación para tratar de encontrar lógica criminal en los sangrientos acontecimientos.

Las autoridades investigadoras buscan llegar al fondo, más allá de la explicación simplista de que se trata de guerra entre bandas por control de territorios, que dice todo y dice nada, y que cae en el lugar común que venimos escuchando sexenio tras sexenio.

Si esa guerra existiese a nivel local, sí así fuera, no tendríamos estos números de asesinatos, que de cierto son de escándalo, pero que podrían ser muchos más, en un enfrentamiento abierto y sin respiro de los grupos criminales.

Hay un móvil más allá de la simple –y probablemente muy inmoral, pero explicable en el mundo criminal- pelea por intereses económicos o control de plazas, con fines territoriales de defensa de espacios o intentos de expansión.

En ese sentido, Juárez como plaza debiera estar calientísima, igual que otras ciudades y territorios del país. Son nada menos que 31 muertos en seis masacres, en poquísimo tiempo, algunas de las cuales han quedado registradas por las videocámaras, mostrando el lado dantesco de los crímenes cometidos con sangre fría.

***

En la mecánica del multihomicidio ocurrido en el Dennys, los sicarios empezaron a disparar; uno de los objetivos trató de huir. Ellos, con frialdad, lo siguieron con las armas disparando, hasta que cayó abatido.

Luego regresaron a donde estaban un hombre y una mujer, él tirado en el piso, ella recostada sobre uno de los sillones del restaurante, ambos ya heridos probablemente de muerte. Descargaron sobre ellos el resto de los tiros para rematarlos. Se ven sus últimos movimientos, su ultimo respiro; agonizaron hasta quedar inmóviles.

Pese al contexto descrito de las matanzas, en particular esta última, el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se refiere a ellos, a los sicarios integrantes de los grupos delincuenciales, como seres humanos a los que “hay que cuidar”.

El 12 de mayo del año que transcurre, el mismo mes que ha sido señalado como el más violento del sexenio, comparable inclusive con la racha de homicidios del calderonato, el presidente al hacer uso del micrófono en la mañanera, se refirió a los derechos humanos de los delincuentes, de quienes, como en el caso de Juárez, han sembrado sangre y dolor, mucho dolor, a su paso.

“Les decían a los oficiales del Ejército, de la Marina: Ustedes hagan su trabajo y nosotros nos hacemos cargo de los derechos humano. Eso cambió, además, porque cuidamos a los elementos de las Fuerzas Armadas, de la Defensa, de la Guardia Nacional, pero también cuidamos a los integrantes de las bandas, son seres humanos”. Textual la cita.

A los criminales hay qué cuidarlos, abrazos no balazos, dándole un sentido emocional a la tarea gubernamental de procurar la seguridad de los ciudadanos y la puntual persecución de los delitos.

Detona el comentario presidencial el hecho de que unos presuntos delincuentes van detrás de algunas camionetas del Ejército, siguiéndolos, como para preguntarse ¿en qué país vivimos?

“Hasta personajes famosos (lo dijeron), desde luego del partido conservador, hablando de que no había autoridad, de cómo se humillaba así al ejército”.

“Nosotros tenemos que reconocer la actitud responsable del Ejército en estos tiempos. Antes era distinto, eran constantes los enfrentamientos y perdían la vida los integrantes de bandas de delincuentes, también ciudadanos inocentes y soldados y marinos, y no le importaba a los de arriba, porque es muy fácil decir: ‘hago valer la autoridad, no me va a temblar la mano’, todo eso que hacían, cuando estaba de por medio la vida de otros, de muchos”.

***

El planteamiento es hasta dónde hay una relación en el humanismo delincuencial que se desliza en las explicaciones y argumentos federales y las debilidades humanas, emocionales, de los delincuentes, al momento de cometer multihomicidios como respuesta a cuestiones al parecer meramente pasionales, lejos del tema indiscutible de la disputa por territorios y control en la distribución de drogas.

El homicidio múltiple con el que empezamos esta columna, donde jovencitos son victimados cruelmente en un picadero y el crimen con el que cerramos, los trágicos hechos ocurridos en el Dennys, tienen en común ese elemento pasional, humano, desbordado.

Hay en el restaurante como ya se ha ventilado, elementos para pensar en un lío personal entre los miembros de un mismo grupo criminal, que terminó terriblemente muy mal.

Aquí entra la gran pregunta, cómo es que se están descomponiendo las cosas de manera tal que el negocio ilícito de las drogas se ve afectado por esos elementos “humanos”, exacerbados.

Lo que en un caso normal terminaría con golpes o un adiós, aquí se resuelve con el uso de armas de fuego en plena luz del día y en sitios altamente concurridos, con saña inaudita.

El humanismo se ha convertido en política de gobierno, pero no es suficiente, en un mundo en que el delincuente saca el arma y cumple su cometido, como hemos visto aún por intereses que podrían parecer realmente banales.

Más allá de ese humanismo, están pendientes muchos de los apoyos prometidos para Juárez, más elementos de tropa, mayor equipamiento, más recursos económicos a las corporaciones estatales y municipales como primeros respondientes, todo ello para atender una compleja realidad fronteriza con miles de migrantes, una alta flotación de población y el cinturón de miseria innegable en las orillas de la ciudad e incluso en algunos lunares de su extensa urbe, con un creciente consumo de drogas baratas.

No basta definitivamente que sean enviados tres mil soldados de la Guardia Nacional o de cualquier otra institución para desfilar por las calles de la ciudad y gastar dinero a montones en su manutención. Ha quedado demostrado que no arrojan esos operativos ningún resultado positivo.

31 muertos en estos hechos de homicidios masivos prueban lo lejos de la realidad en que se encuentra la peculiar explicación basada en el también son seres humanos, dominados por pasiones que los llevan a cometer cruentos delitos.

Hay presencia federal en las calles del estado, pero solo para la estadística, no para generar seguridad a los chihuahuenses. Es que son abrazos, no balazos.

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