Guerra sucia

Yo, usted, todos y todas en algún momento de nuestras vidas nos hemos equivocado, actuado erradamente...

Santiago González
Analista
sábado, 06 abril 2019 | 06:00

Yo, usted, todos y todas en algún momento de nuestras vidas nos hemos equivocado, actuado erradamente, perdido la cordura, dicho cosas que no debimos decir o realizado actos que nos hicieron arrepentirnos, instantes que se quedan en una historia de vida, por el simple hecho de que somos seres humanos y la naturaleza humana es falible e imperfecta. La misma doctrina religiosa más practicada en nuestro hemisferio lo expuso en una parábola que concluía diciendo “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Traer errores pasados para manipular decisiones sin relación actual y directa se puede llamar “guerra sucia”; decidir a partir de información descontextualizada y darle valor a quien pretende influenciar con circunstancias amarillistas con un interés ajeno a lo que expone es entrar a la “guerra sucia”. Pues ese ha sido el tono de nuestros endebles procesos democráticos, desde el primer puesto de la nación hasta las elecciones de puestos locales en esta era de la información instantánea se han visto afectadas por la guerra sucia.

Sin duda, es tierra fértil para la guerra sucia la desinformación, cuando sabes poco o tienes mínimas bases para discernir, cuando no hay conocimientos ni una perspectiva amplia que dimensione realmente el valor de cada hecho, un caso aislado se vuelve tu paradigma para calificar y descalificar. Pero la guerra sucia, la difamación y la calumnia se han instalado en los procesos de elección de cualquier tipo, precisamente porque funciona; la visceralidad suplanta a la reflexión, que ante la imposibilidad de transmitir tu proyecto como la mejor opción, lo más sencillo es bajar al otro. Sólo hay que recordar algo “el que a hierro mata, a hierro muere” es decir, si damos cabida, promovemos y atendemos a la calumnia, seguro es que algún día se nos regrese, real o infundada, porque para ensuciar no se necesita honestidad, sólo quien consuma el material.

Esta mecánica no sólo se da contra las personas, incluso contra las instituciones, hoy que está en disputa la presidencia de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, casi las tres decenas de candidatos (as), con honrosas excepciones y posturas realistas de mejoramiento, se dedicaron a injuriar a la institución, incluso algunos quienes por años han laborado en esa institución ven en la Comisión el ojo del mal y resulta que nada sirve y todo es una bacanal de corrupción e ineficacia, cuando en un análisis de medio minuto te indicaría que quien expone es causante y cómplice de lo que acusa. Pero además un desleal con sus compañeros y compañeras que a diario hacen un esfuerzo por hacer bien su trabajo.

Y parece que no hemos aprendido que esos escenarios fatalistas, esos difamadores que todo van a arreglar, que tienen la varita mágica con la que solucionarán el mundo, sólo aspiran a que se les elija y cuando la realidad los alcanza, todo lo dejan en que fueron promesas del corazón, que ellos sí querían pero las circunstancias lo impidieron, que dijeron que lo harían pero no cuándo.

La Comisión Estatal de Derechos Humanos es una institución pública con sus logros y retos, con deficiencias y fortalezas, más o menos como otras instituciones públicas. Pero a diferencia de otras trabaja con algo muy elevado y primordial, la dignidad humana, y les puedo asegurar que cada uno y una de quienes ahí laboran son conscientes de la importancia de su labor, de lo trascendental de sus gestiones en personas que en ocasiones nos ven como única y última esperanza, sus empleados y empleadas con los limitados recursos legales, materiales y humanos buscan hacer un cambio en la problemática de las personas.

Hubo quienes con sólo dar un vistazo a la página de la institución concluyeron y pregonaron que cada recomendación tenía un costo de medio millón de pesos. La ignorancia los delata, porque no entienden que las personas que se acercan a la institución buscan no una recomendación solamente, sino la solución a un problema actual. Dejan de lado todas las soluciones que se dieron durante el trámite, todas las conciliaciones que se lograron, dejan de lado uno de los aspectos más importantes dentro de los derechos humanos y del que la Comisión ha sido ejemplo, la capacitación y promoción en derechos humanos a niños, niñas, adolescentes, grupos vulnerables y población en general.

Concluiría diciendo lo siguiente: lo que mejor habla de ti, es no andar hablando mal de los y las demás.