Opinión

Gobiernos a la basura

No voy a hablar de políticos, por lo que si esa era la peregrina expectativa no se molesten en seguir leyendo

Arturo García Portillo
Analista

viernes, 12 noviembre 2021 | 06:00

No voy a hablar de políticos, por lo que si esa era la peregrina expectativa no se molesten en seguir leyendo.  Este artículo tiene un alcance menos ambicioso. Nada más versará de una problemática común a todas las ciudades, que es encontrar una manera eficiente y amigable con el ambiente para la disposición final de los residuos sólidos urbanos. 

El motivo para hablar de esto, alejados del análisis político que es agua de uso en este espacio, ciertamente tiene que ver con una sincera preocupación sobre las espinosas aristas de su dimensión concreta, y también de actuar echando una manita al mundo en la línea de los acuerdos de la COP26 recientemente concluida en Glasgow. Pero mucho más aterrizados a nuestras realidades cotidianas. 

Están en la agenda pública de Chihuahua las cuitas derivadas de la recolección de basura, con noticias recientes tanto en Juárez como en Chihuahua capital, y adicionalmente de la cercanía del fin de la vida útil del relleno sanitario de la segunda. En las mayores ciudades del estado se han presentado problemas con las concesiones a recolectores. En la pujante ciudad fronteriza desde hace muchos meses, lo que arroja como consecuencia uno de los servicios con más baja calificación según el observatorio ciudadano Plan Estratégico de Juárez. En la capital también, y tuvo un pico de insatisfacción en la coyuntura del cambio de gobierno. 

En ambos el ejercicio de respuesta ha consistido en una apretada de tuercas a los concesionarios, con multas y aun retiro de rutas. Pero el servicio aun dista de ser óptimo. Esto requiere de transformaciones profundas y el cambio del modelo. 

En ambos casos la disposición final ocurre desde la recolección, directamente a su confinamiento en un relleno sanitario, y en el caso de la capital, el mismo próximo a saturarse en unos 24 meses, lo que nos brinda una oportunidad inmejorable, de esas cosas que ocurren cada veinte años, para cambiar de modelo por uno que ofrezca mayores oportunidades al ambiente, una sentida y creciente preocupación de la mayoría de la población, especialmente la que es joven.  

Para ello uno de los conceptos con que debemos familiarizarnos es el de “economía circular”. Este dice que los bienes materiales no tienen que seguir una ruta lineal de producción-uso-desecho, sino que puedan tener un segundo o tercer uso, la circularidad, hasta agotar del todo su valor. Esto se consigue de muchas maneras, desde el diseño de los productos, hasta el empleo de tecnologías y métodos que peritan valorizarlos antes de su disposición final. 

Para conseguirlo debe considerarse que la basura no es un producto homogéneo, está compuesta de muchos tipos de materiales, en cantidad y calidad variables. Una primera separación debería ser entre orgánica y no-orgánica. Cuando va mezclada, la basura orgánica se descompone durante años en las celdas de los rellenos y produce gas metano, que es una de las grandes preocupación actuales por ser un gas de efecto invernadero, y es meta derivada de Glasgow hacer mayores esfuerzos para disminuirlo. En los rellenos, una acción básica es quemar ese gas, es preferible esto a que se arroje directo a la atmosfera, pero idealmente debería aprovecharse como combustible, para diverso tipo de motores, incluso para generar electricidad. De modo ideal, habría que separar este tipo de basura desde el origen, las casas, y realizar en tiempos breves, en tanques adecuados, el proceso de descomposición, para producir gas y composta.  Pero para lograrlo se tienen que hacer grandes inversiones. 

Con la basura no-orgánica hay también muchas alternativas ya. Quiero citar como ejemplo el de unos jóvenes entusiastas en la capital que han acercado un proceso que permitirá procesar todo tipo de plásticos, sacarlos del ambiente, y producir combustibles de mayor calidad y menor precio, que sustituyan a los de origen fósil. Igual se pueden utilizar muchos otros componentes, pero requieren de plantas de clasificación y separación y algún proceso para hacerlos viables en su comercialización. Y eso también significa inversiones elevadas.

En fin, es largo e interesante el tema. Durante estos tres años de gobiernos municipales vamos a ver una competencia de hecho, sin duda intensa e interesante, por migrar a nuevos esquemas en la recolección y disposición final de residuos sólidos urbanos. Esperemos sean de largo aliento y que aborden la solución con la profundidad necesaria, no por encimita como suele ser. Esto convoca el concurso de la ciudadanos, pues se requiere el cambio de hábitos, patrones de conducta, una nueva cultura ambiental. Buena competencia esta. En la capital, con el alcalde Marco Bonilla, nos disponemos a ganarla, pues así debe ser una ciudad competitiva, una digna herencia a las futuras generaciones. Y mientras a bailar ese viejo y sabroso cha cha chá cubano que dice “a esconderse que ahí viene la basura…”. 

close
search