Opinión

Gobernador llorón

A muchos de mi generación que no me dejarán mentir, nos enseñaron desde muy pequeños, en ocasiones con maneras no muy suaves, a enfrentar con dignidad las consecuencias de nuestros actos

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 04 octubre 2020 | 06:00

A muchos de mi generación que no me dejarán mentir, nos enseñaron desde muy pequeños, en ocasiones con maneras no muy suaves, a enfrentar con dignidad las consecuencias de nuestros actos fueran cuales fueran éstas, porque no sólo había que hacerse cargo de los errores cometidos, sino hacerlo de una forma digna, entera, ecuánime. Me parece que al gobernador de Chihuahua no le enseñaron eso.

Recuerdo con claridad la voz firme de mi padre exigirme no llorar después de haber recibido algún castigo por alguna travesura cometida: “Y no llore, no tiene por qué llorar, usted se lo buscó ahora aguántese”, me decía luego de la sanción aplicada. Y había que entenderlo y hacerlo.

Quizá para muchos (sobre todo jóvenes de hoy inmersos en la nueva modalidad de los derechos de los niños, niñas y adolescentes) eso haya sido un exceso de autoridad y hasta un abuso infantil, pero lo cierto es que ese modelo formativo en las familias ha generado por décadas, por siglos, buenos ciudadanos. Ha formado personas con valores y principios inquebrantables, respetuosas de la ley y de las reglas sociales.

Pero también ha formado valores sociales importantes, como el de la empatía y el del valor civil, sin los cuales hoy sería prácticamente imposible entender una realidad distinta a la que nos tocó vivir, pero que se aleja diametralmente de parámetros que le dieron viabilidad a nuestro mundo, a nuestra sociedad e incluso a la política.

No pretendo por supuesto dar, en este espacio, una clase de moral o de educación a los menores, sólo traigo a colación ese recuerdo muy personal para explicar lo que, en mi concepto es la dignidad. Un valor que el gobernador del estado, Javier Corral Jurado, parece traer extraviado por completo.

Al respecto de la dignidad, el diccionario dice: “Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden. Cualidad de la cosa que merece respeto”.

La Real Academia de la Lengua Española define la dignidad en ocho variantes: 1. Cualidad de digno; 2. Excelencia, realce; 3. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse; 4. Cargo o empleo honorífico y de autoridad; 5. En las catedrales y colegiatas, prebenda que corresponde a un oficio honorífico y preeminente, como el deanato, el arcedianato, etcétera; 6. Persona que posee una dignidad (‖ prebenda) U. t. c. m.; 7. Prebenda del arzobispo u obispo. Las rentas de la dignidad; 8. En las órdenes militares de caballería, cargo de maestre, trece, comendador mayor, clavero, etcétera.

En ese mismo orden de ideas, el término digno significa: 1. adj. Merecedor de algo; 2. adj. Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo; 3. adj. Que tiene dignidad o se comporta con ella; 4. adj. Propio de la persona digna; 5. adj. Dicho de una cosa: Que puede aceptarse o usarse sin desdoro. Salario digno. Vivienda digna; 6. adj. De calidad aceptable. Una novela muy digna.

Definiciones todas estas que coinciden plenamente con el concepto que tengo, en lo personal, sobre la dignidad de las personas aprendido desde la más tierna infancia a fuerza de la experiencia vivida. Insisto y remarco, en mi opinión, al gobernador Corral nadie le enseñó este valioso concepto.

¿Por qué afirmo lo anterior? Porque durante la reciente visita que realizó a Chihuahua específicamente a Ciudad Juárez el jefe del Ejecutivo federal, el gobernador del estado se la pasó quejándose (literalmente llorando) por no haber sido invitado al evento oficial, doliéndose porque López Obrador ignoró la investidura que tiene, la representatividad de su cargo como gobernador del estado.

Durante toda la mañana del viernes (día de la visita presidencial) Corral se la pasó expresando frases como: “Tengo que lamentar el hecho que creo se da por primera vez en la historia de este estado, en la que el Presidente de la República no invita al Gobernador, porque no se trata de mi persona. Se trata de lo que yo represento. Yo fui electo democráticamente por el pueblo de Chihuahua en una elección muy amplia, una votación muy amplia y represento al pueblo de Chihuahua como gobernador del Estado”.

También dijo que no haberlo invitado a la inauguración de las obras de Ciudad Juárez era una falta de respeto al pueblo de Chihuahua, y en esencia el gobernador tiene razón, sólo que hay que poner en contexto lo ocurrido ¿por qué no fue invitado Corral el evento del presidente?

Como resultado de las pugnas por el agua de las presas en Chihuahua, diferendo en el que aún no ha quedado bien definida la postura del gobernador, los discursos de los mandatarios estatal y federal fueron subiendo de tono, con mutuas descalificaciones de ambos, en represalia por esas posturas Corral ordenó la salida de Juan Carlos Loera de la Rosa, delegado federal en Chihuahua, de las mesas de coordinación para la paz, así nada más, en respuesta el presidente López Obrador dispuso que dichas mesas se realizaran en instalaciones federales, por ser una iniciativa de ese orden de gobierno, una política pública federal impulsada desde su llegada al poder.

Independientemente de quién tiene la razón en el conflicto por el agua, que ese es otro tema aparte, el que no supo distinguir entre institucionalidad y temas personales fue Corral, al sacar de las mesas de seguridad a Loera, por lo tanto, no debió sorprenderle y menos agraviarle la respuesta desde el Gobierno federal. Mezcló indebidamente el tema del agua con la seguridad pública, y le negó a Loera su calidad de representante presidencial en Chihuahua.

Uno no puede pellizcarle los testículos al tigre y no estar preparado a recibir un zarpazo al menos, si no es que una monumental tarascada directa a la yugular. Perdón por el ejemplo un tanto ordinario, pero así se comprende mejor la idea. Corral hizo eso precisamente.

Dadas las circunstancias, las condiciones propiciadas por él mismo, Corral tenía que haber guardado silencio y no lloriquear por todos los rincones que no había sido invitado, pretendiendo hacer valer su calidad de gobernador misma que no supo justipreciar en el momento adecuado. Por dignidad debió callar y no lloriquear.

Pero hay otro tema también digno de análisis. Es otro valor humano igualmente adquirido desde los primeros años de la formación de las personas, y es la congruencia. Decía mi padre: “para saber mandar hay que saber obedecer” y en esa frase resumía lo que es y significa la calidad moral de las personas. Un ladrón no puede andar por el mundo hablando de decencia y honestidad.

Bueno, pues es el caso que exactamente de lo mismo que Corral acusa a López Obrador, adolece él en su relación con mandatarios municipales de la entidad y diversos actores políticos, así como medios de comunicación.

Desde que asumió la gubernatura, la invitación a medios de comunicación, periodistas, columnistas, articulistas y periodistas en general, a los eventos oficiales del gobierno ha sido al arbitrio (capricho) de Corral. Se invita sólo a los afines y se ignora a los incómodos, no obstante ser actos oficiales de gobierno.

Recién llegado al poder, el gobernador tuvo un fuerte desencuentro con el alcalde de Juárez Armando Cabada, por la designación que hizo este último de su jefe de la policía, el exfiscal Jorge González Nicolás, designación realizada en plenitud de facultades e independencia política, pero que al gobernador no le gustó y significó para Cabada ser relegado de todo acto oficial del Gobierno estatal. Así nada más, por sus pistolas, por más de un año el alcalde de Juárez no fue convocado a ningún acto público del Gobierno estatal, y Cabada no anduvo lloriqueando por los rincones dicha circunstancia.

Más recientemente, el propio Corral reconoció ante reporteros de la fuente en una de sus conferencias de prensa virtuales, su diferendo político con la alcaldesa de la capital, Maru Campos, y aceptó que no la recibiría y que no sería convocada a eventos oficiales del gobierno, no obstante representar a un poder autónomo en independiente del estado.

¿De qué se duele Corral entonces? ¿Por qué reclama para sí lo que no ha sido capaz de prodigar a los demás ni como gobernante, ni como chihuahuense, ni como ser humano? En todo caso, quien ha faltado a la investidura de gobernador es él mismo, al mantenerse alejado de una postura ecuánime, proactiva y en beneficio de los chihuahuenses, pero no por las consecuencias de sus malas decisiones y acciones erráticas.

La política debe ser el campo fértil para el consenso, para la discusión y el acuerdo, para resolución de conflictos, para la mediación de diferendos, exactamente como lo hizo el alcalde Cabada en la reciente visita presidencial, a pesar de diferencias encontrar las coincidencias y las causas comunes precisamente en bien de la comunidad que representan.