Opinión

¿Generación perdida?

Hay quienes sostienen que el Covid-19 y todas sus complicaciones nos dejará toda una generación perdida de pequeños que han sido victimizados en muchos sentidos por una sociedad enferma

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 09 enero 2022 | 06:00

Puede sonar muy drástico, exagerado y hasta alarmista, pero hay quienes sostienen la teoría de que el Covid-19 y todas sus complicaciones, nos dejará, entre muchas otras consecuencias negativas, toda una generación perdida de pequeños que han sido victimizados en muchos sentidos por una sociedad enferma, no solo del virus, sino de ignorancia, de temor y de los caprichos gubernamentales.

Sí, en efecto, suena fuerte y grave, y lo es, pero por lo mismo creo que vale la pena analizar a fondo qué tanto hay de cierto en esas teorías y qué tanto de falsedad o exageración, porque estamos hablando de lo más preciado que tenemos, como padres, como seres humanos, que son nuestros hijos y lo que les depare el futuro. Por tanto, todos, sociedad y gobierno, tenemos la obligación de reflexionar sobre el tema.

Recientemente, como consecuencia de una cuarta ola de contagios ocasionada por la variante Ómicron del coronavirus, llevó a las autoridades de salud estatales a decretar una serie de restricciones extraordinarias, entre las que se incluye mantener las clases virtuales (en casa a través de medios digitales y electrónicos) para todos los alumnos de educación básica, media y media superior, lo que ha generado inconformidad en diversos grupos, tanto de padres de familia e incluso maestros. Analicemos pues la medida.

Debemos partir de una premisa real, la pandemia y todas sus complicaciones, el Covid y todas sus variantes existe, es real, está enfermando a miles de personas en el mundo, es altamente contagioso y, eventualmente, resulta mortal, sin que hasta el momento se haya descubierto algún tratamiento o cura, científicamente comprobados. También es cierto que, a diferencia de las primeras cepas del virus, las variantes actuales presentan tasas mucho más altas de contagio en menores de edad, incluso también con complicaciones mayores en su salud.

En este razonamiento fundamenta la autoridad su decisión de continuar con el modelo virtual de educación, para evitar, dicen, que los niños se contagien del virus o se conviertan en portadores del mismo, propagándolo con mayor rapidez entre sus familiares y amigos.

Ese es el escenario en el que nos encontramos actualmente. Por un acuerdo del Consejo Estatal de Salud de Chihuahua, se decidió en diciembre del año pasado regresar al esquema de clases virtuales hasta el 10 de enero de este año, pero esta misma instancia rectificó la medida el pasado viernes, indicando que sería hasta el 24 de enero la fecha en la que se retomen las clases presenciales en las escuelas.

Por un lado, considerando situaciones de orden económico, se restringen en forma importante los aforos a comercios, restaurantes, oficinas, centros comerciales, tiendas de conveniencia y autoservicio, pero no se suspende completamente su operación, en cambio, a los niños sí se les envía por completo a sus casas a seguir recibiendo la educación en forma virtual, con todo lo que eso implica.

Las afectaciones por las clases virtuales son múltiples y en todos los órdenes, desde lo fundamental que es la calidad de la educación, pasando por la desigualdad de oportunidades, alteración de rutinas familiares, hasta aquellas que tienen que ver con el cierre de escuelas particulares, disminución de salarios a maestros y muchos otras más.

Vayamos por lo primero y más importante, la calidad de la educación. De por sí, ya traíamos arrastrando un fuerte rezago en este tema, llegando incluso a evaluar la posible cancelación de la participación de nuestro país la prueba Pisa, consistente en una prueba que realiza cada tres años la OCDE para evaluar en qué medida, los alumnos de 15 años, han adquirido conocimientos y habilidades suficientes y necesarios para participar plenamente en la sociedad, cuyos resultados más recientes, no han sido nada halagadores para nuestro país.

Entre esos resultados negativos (que son múltiples y en casi todos los ámbitos), destacaron los siguientes en 2020: Los estudiantes mexicanos obtuvieron un puntaje bajo (del 1%) en las tres áreas de conocimiento, en comparación con el promedio OCDE; si se comparan los datos de México con el promedio de la OCDE, se obtiene 420 puntos frente a 487 puntos, respectivamente, para el área de comprensión lectora; el promedio de la OCDE con bajo nivel de competencia en el área de matemáticas es del 24 por ciento, para México es del 56 por ciento, eso tan solo por mencionar algunos de los más preocupantes.

La misma OCDE reconoce en su informe de 2020 que las cifras para México son alarmantes, pero es importante tener en cuenta las diversas brechas que existen en comparación con otros países desarrollados, por ejemplo, la brecha digital educativa y el nivel socioeconómico, entre otros.

Un sistema educativo nacional basado en la memorización y no en el razonamiento, que presenta serios atrasos, al que ahora hay que sumarle una deficiencia más: la educación virtual.

Nada hay más desigual, injusto y desproporcionado en nuestro país, que las oportunidades de los niños para acceder a una educación virtual adecuada, tanto en contenidos como en la forma de tener acceso a los mismos. En las escuelas públicas siempre se ha carecido de casi todo, con mayor razón en el aspecto informático y tecnológico para la correcta elaboración de contenidos y programas de educación virtual.

Desafortunadamente, no todos los niños cuentan en sus casas con equipo adecuado o con una conexión a Internet, pero, sobre todo, con la asesoría adecuada para este tipo de educación, porque ni los mismos maestros la tienen. Es una deficiencia institucional, no individual.

Eso es en cuanto a los requerimientos, pero vayamos con lo sustancial. De acuerdo con los teóricos de la pedagogía (Bandura, Francesco Tonucci, Vigotsky, Piaget y otros), el proceso de aprendizaje en los primeros años de un menor, está directamente ligado a la adquisición de otras habilidades neuro emocionales, tales como la socialización, la identidad, la competencia, el juego, todas absolutamente vinculadas a la convivencia en un salón de clases con otros compañeros de su edad, así como con docentes.

Ya en febrero de 2021, hace casi un año, la UNICEF mencionaba en un reporte que “los niños no podían seguir sin ir a la escuela” (UNICEF, 11 febrero 2021, Notas de prensa, “Los niños no pueden seguir sin ir a la escuela, afirma UNICEF”, https://uni.cf/33fV5Fk), afirmando que “Los efectos del cierre son devastadores y los niños en mayor situación de vulnerabilidad pagan el precio más alto. No asistir presencialmente a las escuelas afecta su bienestar, seguridad y desarrollo, pues es allí donde reciben educación, alimento y protección, donde juegan, hacen amigos y reciben el apoyo de sus docentes.”

Y agrega dicho documento: “Por estos motivos, UNICEF hace un llamado a la reapertura de los centros de desarrollo infantil, escuelas y colegios, de manera progresiva, voluntaria y segura, cuanto antes sea posible, tal como lo establece el Plan de Continuidad Educativa del Ministerio de Educación. El beneficio de reabrir las escuelas supera con creces el costo de mantenerlas cerradas.”

A la luz de los razonamientos anteriores, me parece que las autoridades educativas de Chihuahua, no están visualizando el enorme daño que se hace a los niños con el llamado esquema de educación virtual, cuyas consecuencias estamos lejos de anticipar o siquiera estimar, en su desarrollo educativo y psicoemocional para el futuro.

Estas consideraciones adquieren mayor fuerza y peso cuando, inevitablemente, contrastamos la decisión gubernamental de que los niños no pueden estar en un salón de clases, pero sí en un cine, en un restaurante o en un estadio de futbol, porque todos esos lugares continúan funcionando, con restricciones, pero funcionando. ¿No podrían acaso también las escuelas funcionar con algunas restricciones?

Mi esposa, que se desempeña como maestra de kínder, con más de 15 años de experiencia en la educación preescolar, opina que, en esta etapa de la educación, se forman las habilidades y competencias más importantes de los niños, y que los estamos privando injustificadamente de esas importantes herramientas para el futuro.

Bien dice un meme que circula en las redes, “México: único país en el mundo en el que las clases son virtuales, pero las fiestas son presenciales”. Triste el futuro de un país, estado o ciudad que no atienden correctamente las necesidades de los niños. Ojalá me equivoque.

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