Opinión

Félix Salgado Macedonio

La primera imagen que tengo del senador Félix Salgado Macedonio, data del año 2000 o 2001 cuando Salgado Macedonio era diputado de la LVIII Legislatura

Tomada de Internet

Sixto Duarte
Analista

martes, 23 febrero 2021 | 06:00

La primera imagen que tengo del senador Félix Salgado Macedonio, data del año 2000 o 2001 cuando Salgado Macedonio era diputado de la LVIII Legislatura. En aquella ocasión, las cámaras de televisión grabaron al diputado cuando, en estado de ebriedad, es detenido por un policía vial, al cual intentó golpear. Por la borrachera que Salgado se cargaba, terminó cayéndose al intentar agredir al policía, quién únicamente cumplía con su función. Salgado no fue detenido por el fuero constitucional que lo protegía.

Para cualquier otro participante de la política, ese hubiera sido el fin de su carrera. Sin embargo, para Félix Salgado Macedonio no representó mayor problema, pues posteriormente ganó dos elecciones: en 2006, la alcaldía de Acapulco, y en 2018, la Senaduría de Guerrero.

Hoy, Salgado es el candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero. De conformidad con los últimos sondeos, Morena arrasaría más de 2 a 1 en Guerrero, al margen de quién fuera su candidato. Nuevamente, esto viene a confirmar la teoría que expuse en este mismo espacio la semana antepasada (“Trademark Político”) en el sentido de que al elector promedio, le interesa más la marca que el candidato.

Lo anterior solamente viene a reflejar el nivel de inmadurez política en que se encuentra nuestro país. Y es que un personaje que ha sido grabado en una pelea de borrachos con la autoridad, y que ha sido señalado de forma reiterada como un abusador sexual, puede ganar la gubernatura de Guerrero simplemente por el hecho de que la marca que lo respalda es popular.

No es sorpresivo que Morena postule a un candidato con estas “credenciales”. Ya en 2018, hizo candidato a un prófugo de la justicia como lo es Napoleón Gómez Urrutia. Igualmente, hizo candidata al Senado a una mujer acusada de secuestro, como lo es Nestora Salgado, quien fue precisamente compañera de boleta de Salgado Macedonio. En ambos casos, Morena violó lo dispuesto en el artículo 38 de la Constitución. Es decir, en 2018, Guerrero eligió a dos presuntos criminales como sus representantes en el Senado.

En lo personal siempre he sido un defensor del debido proceso y de la presunción de inocencia. Las acusaciones que se vierten en contra de Salgado, si bien pudieran ser ciertas, tienen que ser probadas ante un juez. Sería un enorme fracaso del sistema (y nuevamente, politización de la justicia) el hecho de que dichas acusaciones resultaran infundadas y tuvieran como único objetivo, descarrilar a Salgado Macedonio de las acusaciones en su contra. Es ahí dónde nos encontramos en el complicado escenario de equilibrar los derechos políticos de acusados (no sentenciados) con las acusaciones que bien pudieran ser falsas. Esta última aseveración es políticamente incorrecta, pues en un país como éste, existe la falsa creencia que los acusadores o víctimas “nunca mienten”. Bajo ese razonamiento medieval, más valdría entonces eliminar tribunales y convertir las acusaciones en sentencias.

Por otro lado, las acusaciones enderezadas contra Salgado Macedonio vienen a difundirse justo en el momento en que éste participará en un proceso electoral. Por un lado, bien pudieran ser señalamientos orquestados por Pablo Sandoval, el otro aspirante a la candidatura de Morena en Guerrero. También pueden ser acusaciones genuinas de sus víctimas, quienes advierten la posibilidad de que Salgado garantice su impunidad al llegar a ser gobernador de Guerrero.

A cualquier ciudadano común, después de una acusación de esa naturaleza, se le formularía imputación y tendría que enfrentar su proceso en prisión. Esto, derivado precisamente de la reforma recién aprobada por el Senado, que establece que el abuso sexual de menores ameritará prisión preventiva oficiosa. Es irónico que, habiendo sido Salgado señalado por esta clase de delitos, el Senado pretenda aumentar el catálogo de delitos que merecen prisión preventiva oficiosa. Si Salgado no tuviera fuero, tendría que enfrentar a la justicia desde prisión. Al margen de la responsabilidad penal en que cada individuo pueda incurrir, seguir ensanchando los alcances de la prisión preventiva oficiosa nos hacen ver como un Estado tiránico y primitivo. Los señalamientos de violencia sexual siempre generan reacciones masivas, pues todo mundo tiene algo que decir.

Aquí en la localidad, se ventila un caso muy mediático de violencia sexual que se resolverá esta semana. Esperemos que la justicia se sobreponga a todo género de presiones.