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Opinión

Estrictamente Personal | Las tonterías en el BID

Al cuarto para las 12, el presidente Andrés Manuel López Obrador propuso al subgobernador del Banco de México como candidato para presidir el Banco Interamericano de Desarrollo, el BID

Raymundo Riva Palacio
Periodista

sábado, 19 noviembre 2022 | 06:00

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Ciudad de México.- Al cuarto para las 12, el presidente Andrés Manuel López Obrador propuso al subgobernador del Banco de México como candidato para presidir el Banco Interamericano de Desarrollo, el BID. Lo hizo un día después de que Alicia Bárcena, embajadora de México en Chile, le pidió al presidente retirar su candidatura porque, explicó López Obrador, su esposo está enfermo. Los movimientos parecieron naturales en un momento de emergencia coyuntural, pero la historia detrás revela la incompetencia política y diplomática del gobierno, y sus decisiones tomadas sobre las rodillas.

La candidatura de Esquivel fue una fuga hacia delante igual a lo hizo el presidente con Esteban Moctezuma, para removerlo de la Secretaría de Educación. El espacio se le abrió en Washington, cuando renunció la embajadora Martha Bárcena y López Obrador, sin considerar la importancia estratégica de ese puesto, le dijo un día a Moctezuma que se iba de embajador, y a la mañana siguiente lo anunció. Con Esquivel fue lo mismo.

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El economista, doctor por Harvard, hombre de izquierda que formó parte del equipo económico de López Obrador durante años, inició el gobierno como subsecretario de Hacienda debajo de Carlos Urzúa, que también se iría en 2019. No duró mucho Esquivel en el cargo, resultado de intrigas palaciegas con el secretario, pero el presidente lo propuso para subgobernador del Banco de México. Era el primero de su entorno que ponía el pie en el banco central, a donde López Obrador tenía puesto el ojo para colonizarlo y, en caso necesario, metiera mano a sus reservas. Esto, si bien no completamente ilegal, era una intromisión en la autonomía e independencia del banco. Cuando el presidente lo intento, Esquivel, lo cual molestó a López Obrador, que no se lo personó.

Esquivel no era un incondicional ciego, pero fue un economista de izquierda congruente. En la crisis por la covid-19, el Banco de México comenzó a elevar las tasas de interés, y aunque Esquivel apoyó los incrementos, siempre propuso un menor porcentaje que el resto de la Junta de Gobierno. Tampoco le gustó al presidente, que comenzó a externar su molestia en las reuniones en Palacio Nacional, hasta decidir recientemente que no lo propondría para reelegirse. De haber encontrado una salida antes el presidente, Esquivel probablemente habría dejado el Banco de México, pero sólo fue hasta el colapso de la candidatura de Alicia Bárcena, que el presidente vio el puente.

Ciertamente, al cuarto para las 12, aunque no necesariamente por la razón explicada por el presidente sobre la salud del esposo de la embajadora, que no quiere decir que sea falso, sino por necedad gubernamental. Bárcena, una buena técnica y respetada como secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina, fue vetada por Estados Unidos, de acuerdo con personas que conocen el proceso, por sus posiciones de respaldo a gobiernos antagónicos de esa nación, y que al tener el 30% del 50% de los votos requeridos, su peso e influencia es clara. La paradoja es que la Casa Blanca estaba apostando por un mexicano para el cargo, pero el gobierno de López Obrador propuso a una mala candidata en términos políticos, impulsada por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

La Casa Blanca quería una candidatura de su vecino del sur, dado que el presidente Joe Biden estaba decidido a remover a Mauricio Claver-Carone, impuesto por el expresidente Donald Trump, que rompió el acuerdo no escrito de que un latinoamericano ocupara el puesto. 

En la última reunión anual de gobernadores del BID a la que asistió el secretario de Hacienda Arturo Herrera como gobernador, Estados Unidos buscó que México y Argentina promovieran la salida de Claver-Carone. 

Una semana después de su destitución, López Obrador propuso a Bárcena, quien al día siguiente presentó sus cartas credenciales como embajadora en Chile. 

Las secretarías de Hacienda y Relaciones Exteriores no se coordinaron y el presidente, que piensa que todo lo internacional recae en la cancillería, cometió un error. El BID es campo de Hacienda, pero la cancillería México mantuvo a Alicia Bárcena hasta el último momento, cuando su candidatura estaba podrida. Con el campo abierto, cuatro naciones presentaron sus propuestas, dos muy fuertes, la del brasileño Ilán Goldfajn, propuesto por el presidente Jair Bolsonaro y respaldado por el presidente electo Luis Inazio Lula da Silva, y la del chileno Nicolás Eyzaguirre.

Las cinco candidaturas fueron escuchadas virtualmente el lunes por los gobernadores del BID, y Esquivel viajó después a Washington para cabildear. La votación será el próximo domingo y las posibilidades del mexicano no son, en este momento, esperanzadoras. 

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa

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