Opinión

Estética, cosmética y ética en el actuar público

Debemos los ciudadanos ir elaborando categorías para evaluar el actuar público del Gobierno del Estado, del Gobierno municipal e integrantes del Poder Legislativo

Jorge Breceda
Analista

sábado, 05 septiembre 2020 | 06:00

Debemos los ciudadanos ir elaborando categorías para evaluar el actuar público del Gobierno del Estado, del Gobierno municipal e integrantes del Poder Legislativo (diputados), lo anterior, para identificar quien a lo largo de su encargo realizó conductas éticas, estéticas o cosméticas.

Para llevar a cabo el ejercicio, se debe tener un punto de partida, para lo cual puede ser útil lo siguiente: Primero, la estética como disciplina filosófica que estudia la belleza, segundo, la cosmética -según la RAE- como “dicho de un producto: Que se utiliza para la higiene o belleza […], Arte de aplicar productos cosméticos”, por último, la ética como disciplina filosófica que estudia el bien desde diversas fundamentaciones axiológicas como eje para el comportamiento humano.

Es dable mencionar que los ciudadanos contamos con dos elementos para evaluarse, primero, los planes o programas de gobierno, esas proyecciones que realizan los candidatos (as) para presentarse como sujetos que atenderán a cada una de las necesidades de la ciudadanía con interés y sabiduría, en tres palabras “promesas de campaña”.

Segundo, la concreción de políticas públicas, esto incluiría, el recurso asignado a determinado proyecto, numero de proyectos destinados, recurso humano encomendado para tal fin, entre otros muchos, prácticamente, la política pública pudiera definirse como el quehacer y no hacer gubernamental. 

Este enfoque argumentativo se encuentra en el quehacer, que es donde se visualizan los tres conceptos ya descritos, mismos que deben de ser la herramienta para crear ese mecanismo de evaluación que nos permita decidir sobre a quien o qué partido apoyará a lo largo de estos meses y a quien apoyará con su voto. 

En esta ilación de ideas coloquemos actuaciones estéticas, cosméticas y éticas en el trabajo gubernamental para con ello construir ideas concretas. 

Un gobernante sustentado en el actuar ético no solo cumple a cabalidad con su proyecto de gobierno, sino ostentaría una entera legitimidad por parte de la ciudadanía, evidentemente, un quehacer caracterizado por valores como lo son la probidad, responsabilidad, honestidad, tolerancia, eficiencia, todos ellos en busca de una ciudadanía más igual, justa y libre. 

Aquel sustentado en la estética es el que encuentra las formulas estadísticas para la inmodestia; su inversión en publicitar su quehacer gubernamental es equivalente a la invertida en la política pública, es decir, ese actor político que busca con ahínco sobresalir por pocas cosas hechas pero vendidas al ciudadano por medio de envolturas numéricas.    

Por último, el que se sustenta en la cosmética son los identificados como simuladores, esos expertos en construir verdades de mentiras, utilizando como envoltura a la retorica, esta usada como su principal instrumento de venta, aquí se pueden encontrar aquellos gobernantes que no tienen conocimiento sobre lo que hacen y lo que representan. 

Estos dos últimos se visibilizan de manera sencilla, son los ejemplos que aquellos gobernantes que se vanaglorian al presumir que taparon mas de medio millón de baches, construyeron siete puentes o propusieron diez leyes.

Pero esconden que taparon un bache siete veces -consecutivamente- a lo largo del periodo gubernamental, que construyeron siete puentes, pero en el último año de gobierno, mientras que en los anteriores no se realizó obra pública o que todas esas propuestas no fueron materializadas por la pobreza en su técnica legislativa  

Estos casos no solo hablan de una ineficiencia de política pública sino de la gran indigencia ética en la que se encuentran al tratar de vender por medio de la estética o la cosmética un actuar carente de eficiencia laboral.

Bajo esta reflexión se debe de ir evaluando a nuestros (as) futuros (as) candidatos (as) y a los partidos políticos que los proponen. La reflexión propone una ciudadanía emancipada de lo hasta ahora realizado, para lo cual deberá de consistir los mecanismos suficientes para alejarnos del “canto de sirenas” -poemas de Homero-, es decir, de la estética y la cosmética.  

Lo anterior implicaría colocar como núcleo de decisión a la ética, es decir, la racionalidad del voto: un sufragio ausente de la retórica utilizada en las promesas de campaña, la propaganda política, el carisma del candidato (a) o la “honestidad o credenciales morales” del partido político que abanderará al personaje en turno.