Opinión

¡Estamos vivos!

Este año se ha convertido en un recuerdo inolvidable para mucha gente por muchos motivos

Daniela González Lara
Analista

jueves, 31 diciembre 2020 | 06:00

Este año se ha convertido en un recuerdo inolvidable para mucha gente por muchos motivos. Si bien es cierto habrá quien diga que, pese a todos los sucesos tristes ocurridos, este ha sido el mejor año de sus vidas, la realidad es que serán contadas dichas excepciones porque nunca habíamos pasado por una pandemia tan fuerte en la que nos tocara sufrir parejo a propios y extraños.  

En el 2020 ha habido despidos, cierre de negocios, muertes por miles y todo debido al virus invisible que hoy por hoy continúa acechando nuestras vidas. 

Sin embargo, aquí seguimos porque la vida avanza sin pedirle permiso a nadie y nos demuestra que por más importancia que nos demos en la sociedad, nadie es imprescindible en el ritmo cotidiano que significa existir. En este año el ser humano reconoció su fragilidad ante la fuerza de la biología, cuando sintiéndose cerca de la muerte lograron recapacitar ante su vulnerabilidad y ser más humildes en su diario vivir, en otras más, el miedo se apoderó de sus mentes enfermándolos de inseguridades y dudas, como desnudando antiguos dolores que hasta este momento encontraron espacio para expresarse y explotar. Lo que trato de decir, es que en este año se develaron las luces y las sombras de cada uno de nosotros llevándonos a todos al menos una vez, a pensar en la posibilidad real que tenemos de morir, pues nada tenemos más seguro que eso en nuestro paso por la vida. ¡Este año será inolvidable para la historia de nuestro planeta porque al llevarnos a pensar en esa posibilidad, nos hizo conscientes de que estamos vivos!

Yo le invito estimado lector, lectora a no aceptar nunca los nuevos conceptos como el de la “nueva realidad”, aferrémonos siempre a regresar a lo bello que conocemos y amamos como besar o abrazar a nuestra gente, a buscar la cercanía con extraños que es donde nacen las relaciones que nos llevan a hacer la comunidad que ha construido el mundo en el que creemos y todos los días con nuestras acciones contribuimos a que sea mejor. Insistamos con celosía a regresar a comer juntos en un restaurante, a bailar amontonados en un concierto, a mirar la cara de los otros sin que se interponga una máscara quirúrgica, a abrazar a los abuelos, a acudir a las escuelas, reclamemos eso y todo aquello que sean deseos que desde el corazón gritan que requerimos realizar para vivir con felicidad. Podemos lograrlo, como raza humana hemos pasado ya por otras grandes pruebas y esta no será la excepción.  

No me malentienda, este no es un llamado a ignorar las medidas de precaución que debemos tomar para salvaguardar la vida, es todo lo contrario, pues para defender la realidad que deseamos, debemos seguir las recomendaciones de los expertos al pie de la letra, sin cortapisas. Debemos luchar por nuestra libertad y nuestra mejor arma es la constancia y la disciplina, que es la misma fórmula para alcanzar cualquier objetivo por imposible que parezca.

Quiero compartir con usted este poema escrito por O’Meara durante la epidemia de peste en 1800: “Cuando la tormenta pase y se amansen los caminos y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo, con el corazón lloroso y el destino bendecido nos sentiremos dichosos tan solo por estar vivos. Y le daremos un abrazo al primer desconocido y alabaremos la suerte de conservar un amigo, entonces recordaremos todo aquello que perdimos y de una vez aprenderemos todo lo que no aprendimos. Ya no tendremos envidia pues todos habrán sufrido, ya no tendremos desidia, seremos más compasivos. Valdrá más lo que es de todos que lo jamás conseguido, seremos más generosos y mucho más comprometidos. Entenderemos lo frágil que significa estar vivos, sudaremos empatía por quien está y quien se ha ido. Y todo será un milagro y todo será un legado, se respetará la vida, la vida que hemos ganado. Cuando la tormenta pase te pido Dios, apenado, que nos vuelvas mejores, como nos habías soñado”. 

Con esta reflexión escogí despedir con usted este 2020, expreso también mis deseos sinceros de salud y amor para todos los seres, añorando también que no importando lo que se avecine, sepamos afrontarlo con dignidad y entereza, que son características de quienes amamos la vida y seguimos aquí. Feliz Año Nuevo y gracias por leer, yo soy Daniela González Lara.