Opinión

Esas famosas jardineras

Vivimos en un desierto, eso es inevitable. Eso no es lo nuestro: el agua es poca y cada día es menos

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 07 julio 2021 | 06:00

Vivimos en un desierto, eso es inevitable. Eso no es lo nuestro: el agua es poca y cada día es menos.

Hace poco más de cinco años el Municipio de Hermosillo, Sonora, trabajó junto con la Comisión para la Cooperación Ecológica Fronteriza, COCEF -institución binacional que atiende las problemáticas de la franja fronteriza, hoy Banco de Desarrollo de América del Norte- un proyecto para controlar, pero sobre todo, aprovechar los recursos pluviales, iniciativa que culminó con el “Manual de Lineamientos de Diseño de Infraestructura Verde para Municipios Mexicanos”.

Y es que las condiciones climáticas extremas nos llevan a compartir problemas muy parecidos a quienes vivimos en Hermosillo y aquí, en Juárez. Uno de los problemas más añejos de Juárez, y al parecer de aquella ciudad, es precisamente la carencia de un sistema de drenaje pluvial que evite situaciones como las que hemos vivido en los últimos días, y peores aún, cuando en un vaivén entre sequías e inundaciones, en una especie de esquizofrenia, pedimos con llanto la bendita lluvia y cuando llega, nos hincamos para que se detenga. 

En la desesperación, e ignorancia, abrimos las alcantarillas del drenaje sanitario para aliviar nuestra congoja al ver que por ahí se va el agua que cae del cielo, solo para que un poco más adelante, ante la angustia de otros, brote cual fuente el agua negra acompañada, ahora, de desechos orgánicos. Un problema de salud. 

Otro error en el que solemos caer es pensar que lo mejor que se puede hacer con el agua de lluvia es conducirla hacia el río Bravo y que siga su cauce… lo cual significa, en términos reales, decirle adiós al recurso que tanta falta nos hace para que vaya a hacer el bien a otros lugares. Y se lo permitimos. Más terrible aún es quedarnos con los brazos cruzados esperando a que el agua de los charcos se evapore pensando que formará aquellas nubes que se vaciarán sobre nuestros campos, cuando, en aras de su libertad, flotan por el cielo hacia donde las lleve el viento. Imposible retenerlas.

Por eso vuelvo al tema de la infraestructura verde como el más viable intento para controlar y mitigar el colapso. El manual describe cada una de las estrategias y apoya en su diseño y cálculo a escala micro y macro. A escala macro aborda las cuencas y subcuencas hidrológicas urbanas hasta llegar a un Plan Maestro. Respecto a la escala micro brinda información específica sobre el Jardín Microcuenca, Pozos de Infiltración, Pavimentos Permeables, Presas Permeables y Filtrantes, Cisternas, Techos y Muros Verdes, Drenaje Francés y los famosos Jardines de Lluvia, sí, como esos que se hicieron en algunos puntos de la ciudad, conocidas como jardineras.

Para muchos, algunas de estas estrategias, las más sencillas, son boberías; para otros, son el primer paso para establecer un sistema de captación de aguas que finalmente vendría a paliar las crisis; otras de mayor complejidad dan pauta a un mejor control de las cuencas. Plantémonos en la realidad, veamos que construir un sistema de drenaje pluvial como el que hemos imaginado es imposible: ¡Ya quisiéramos que la red de drenaje no se venga abajo con consabidos socavones! Pero, lo que sí es posible construir eslabones, entre pavimentos, vasos y jardines, para que la manera de Phoenix, en Arizona, y aun El Paso, construyamos nuestra infraestructura verde que ayude, además, a regresar el agua a los mantos freáticos que abastecen de agua nuestra región. ¡Y mejorar la imagen urbana! Eso es inteligente. 

Se hacen esfuerzos, mas no son suficientes: bien porque el municipio para otorgar permisos de construcción exige vasos de captación en los fraccionamientos y jardines en estacionamientos de centros comerciales; mal para quienes evaden hacerlo. Puede ser que la infraestructura que se construyó últimamente haya funcionado bien, o quizá no tanto. Lo cierto es que hubo zonas en las que los resultados fueron muy favorables, como en el caso de la avenida Tecnológico frente a Parque Central, y otros; en el caso de los Jardines de Lluvia la gente pensaba que funcionarían como coladeras, pero no lo son: la infiltración del agua al subsuelo lleva tiempo. Los primeros pasos ya se dieron, algunos dirán que no de la mejor manera, pero ahí están. Otros como siempre dirán: “es que eso no funciona aquí en Juárez”. Más yo me pregunto: ¿por qué? No vaya a ser que la respuesta sea “porque aquí viven los juarenses”. Así somos.

PD. Sí, lo admito, la construcción de muchos jardines de lluvia deja mucho que desear.

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