Opinión

OPINIÓN

Es hora que la JMAS no se mande sola

Lo que sí debe ocurrir, ya, es que las nuevas decisiones en esa instancia sean tomadas por los juarenses y evitar en el futuro toparnos con más sorpresas como la de los 'medidores inteligentes'

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 03 octubre 2021 | 06:00

El descuido, la ausencia de responsabilidad, la incongruencia abismal entre los dichos y los hechos, hicieron que el presidente de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS), Jorge Domínguez Cortés, tuviera como debut en el cargo un desplante de los que son comunes entre quienes ocupan tales espacios.

Antes de tocar base en su trabajo de la JMAS y después de las nueve de la mañana llegaba durante buen rato a checar las cuentas en uno de sus negocios, la menudería El Puente; giraba luego las instrucciones del trabajo diario a sus empleados y de ahí partía quizá a su oficina de gobierno. Primero mis dientes, después mis parientes.

No solamente le arrebataba así preciado tiempo laboral a su encargo por el que le pagan todavía cerca de 120 mil pesos mensuales, acudía a su empresa particular en una camioneta Suburban propiedad del Gobierno estatal. El Diario publicó en su momento la información respectiva, con todo y foto.

El patrón de Domínguez, Javier Corral, no requería de malos ejemplos para hacer lo propio en la materia aun sin tener empresas privadas. Agarró la flotilla aérea para atender asuntos personales en Mazatlán, varios estados de la República y hasta en Estados Unidos.

Irresponsabilidad, inconsecuencia. Era todo lo contrario en la práctica su discurso sobre la decencia y sobre la austeridad que no se le caía la boca mientras se gastaba jubiloso 200 mil pesos cada mes en Starbucks, cantinas y hoteles caros con tarjeta de débito gubernamental.

Sin más autoridad encima que la propia, su patrón Corral y sus mecenas-socios empresarios ocupados en los grandes negocios de plantas tratadoras y rutas troncales, Jorge Domínguez hizo de la JMAS un coto particular en el que no rindió cuentas más que a sí mismo. En cuentas operativas, por supuesto, las cuentas financieras fueron mantenidas bajo control férreo por “El Chacho”.

No hubo en cinco años de administración una sola acción conjunta gubernamental que tomara en cuenta para nada a los juarenses, tampoco a sus autoridades municipales. Discrecionalmente, o como las circunstancias lo ameritaban, fueron abiertos cientos de kilómetros de calles para reparar fugas de agua potable, de drenaje; o para introducir ambos servicios. Invariablemente fueron dejados los boquetes que luego debía reparar el Municipio; o los propios vecinos de las calles, en el peor de los casos.

Múltiples testimonios en fotos y video han sido presentados sobre la destrucción de concreto hidráulico y pavimento nuevo instalados por la alcaldía.

Se quedó afónica la administración municipal exigiendo comunicación en los planes de la JMAS para que no fuera desperdiciado el dinero público pero nadie hizo caso. Ni a nivel estatal ni a nivel municipal. Destrozó Jorge Domínguez la bilis de Cabada.

Para las quejas por los cobros disparados de un mes a otro, particularmente en el servicio doméstico, no hay defensa que valga. Decenas de miles son los que deben resignarse a pagar por los cobros alterados. Para la JMAS siempre se tratará de “fugas”.

Recibos que regularmente brincan sin lógica alguna de 300 pesos hasta 10 mil y 20 mil ahí se quedan rezagados, impagables para salarios semanales de tres mil pesos. En contraparte, son perdonados los deudores multimillonarios igualito que los grandes evasores del Impuesto predial.

No sabemos de consulta alguna sobre los tristemente célebres “medidores inteligentes”, sólo sabemos que se han incrementado sustancialmente las quejas por los desproporcionados aumentos en los recibos.

Tenemos como prueba un recibo con diferencia del casi 100 por ciento de un mes a otro. Pasó de 223 a 396 pesos. 173 pesos serán pocos para los “aspiracionistas” pero son fundamentales para la sobrevivencia alimentaria en cualquiera de las decenas de hogares humildes en esta frontera.

Jorge Domínguez ha dicho que están siendo instalados nueve mil medidores inteligentes que costaron 49 millones 815 mil pesos y que tales aparatos “pueden detectar algunos flujos que los aparatos anteriores no, como el consumo para el aire acondicionado, entre otros que pudieran pasar desapercibidos”.

Es una explicación carente de sentido técnico por completo. Una vez que el agua cruza por el medidor no hay forma de saber la que va al inodoro, al baño, a la cocina... ¡ni a los aires acondicionados!.

Por supuesto debe haber más explicaciones que la rabona explicación de Jorge, pero esas debieron darlas a los juarenses antes de gastarse los casi 50 millones de pesos y justificar objetivamente ante los consumidores las ventajas de esos nuevos aparatos. No haberlo hecho mueve a sospecha de que se trató de un mero negocio entre la empresa que vendió los medidores y los funcionarios públicos.

A Corral, a Gustavo Elizondo, a Gustavo Madero, a Ismael Rodríguez, a Sergio Madero, a Oscar Ibáñez, se les quemaron las habas por concretar una gran cantidad de operaciones financieras gubernamentales antes de irse. Si arrodillarse ante Armando Cabada le hubiera funcionado a Javier Corral para haber conseguido los permisos municipales de la ruta troncal dos en el subterráneo, se hubiera colocado de hinojos sin ningún problema.

Así salió el negocio de los “medidores inteligentes”. Puro lucro, nada qué ver con el auténtico interés ciudadano, con el mejoramiento en las condiciones de gobierno para beneficio comunitario.

***

Bajo esa radiografía se presenta la Junta Municipal de Agua ante el nuevo régimen estatal.

Está dicho que el sucesor de Domínguez será el exrecaudador de origen corralista pero ahora peleado con el exgobernador, Sergio Nevárez Rodríguez. Es, o fue, una pieza cercanísima de la exvicegobernadora, Leticia Corral Jurado.

Las nuevas administraciones estatal y municipal, encabezada la primera por la panista Maru Campos Galván; la segunda por el morenista, Cruz Pérez Cuéllar, arrancaron justo con la controvertida solicitud fronteriza para la municipalización de la JMAS.

Ha pedido Cruz que la dependencia ahora descentralizada del Gobierno estatal pase al Municipio.

El alcalde juarense apela al artículo 115 constitucional pero más precisamente a que la descentralizada sea objeto de un mayor control por parte de los juarenses y no dependa por completo de las decisiones “chihuahuitas”. Aquí colectan el dinero pero allá deciden cómo gastarlo.

El reclamo de Cruz no es nuevo. Prácticamente todos sus antecesores alcaldes han solicitado lo mismo. Algunos por egoísta interés lucrativo, otros por genuino interés social... o ambos. La respuesta de los gobernadores ha sido la misma: que pague la alcaldía de Juárez la infraestructura con la que cuenta la JMAS y la entregamos.

Ciertamente es una mina de oro en dinero para quienes lo deseen ver de esa manera. Ingresa la JMAS alrededor de dos mil 500 millones de pesos anuales. Su patrimonio en infraestructura técnica es 10 ó 12 veces más el presupuesto anual del municipio de Juárez.

Tiene valuados cinco mil 200 kilómetros de agua potable en 16 mil 800 millones de pesos; su estructura de rebombeo en 98 millones, sus tanques elevados en 26 millones, sus pozos en más de mil 500 millones, el acueducto Conejos-Médanos, 650 millones... en total para el manejo de agua 19 mil 289 millones de pesos, más otros 23 mil 965 millones en alcantarillado y saneamiento.

Paralelamente a la parte económica, la JMAS también representa un filón político-electoral invaluable bien manejado. Tanto el PRI como el PAN en otros tiempos hicieron de esta oficina un centro de operación campañera.

Todo parece indicar que Maru no soltará el control de la JMAS ni Cruz intentará con mayor énfasis exigirlo, no tanto por lo que cuesta en pesos o en votos sino por conservar la buena relación con la gobernadora y su equipo.

Lo que sí debe ocurrir, ya, es que las nuevas decisiones en esa instancia sean tomadas por los juarenses y evitar en el futuro toparnos con más sorpresas como la de los “medidores inteligentes” u obras surgidas de sumas y multiplicaciones ajenas a las prioridades de los pobladores fronterizos.

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