Opinión

Entre Torreón y nosotros: la niñez otra vez olvidada

¿Hay algo más que decir sobre lo ocurrido en Torreón la semana pasada?

Lourdes Almada Mireles
Analista

viernes, 17 enero 2020 | 06:00

¿Hay algo más que decir sobre lo ocurrido en Torreón la semana pasada? Dudo si escribir sobre ello. Mucho se ha dicho sobre este “caso”, en el que un niño de 11 años se presentó con dos pistolas a la escuela (Colegio Cervantes) y mató a su profesora, hirió a cuatro de sus compañeros y finalmente se suicidó. No creo tener algo nuevo que aportar, sin embargo, pienso es una reflexión que tenemos que detonar en todos los ámbitos en que nos desenvolvemos. Sueño en que se convierta en un tema de todas y todos, un tema que nos quite el sueño, que nos hace no sólo reflexionar, sino actuar en el sentido de garantizar sus derechos y de convertirnos en sociedades capaces de ofrecer espacios dignos de crecimiento y desarrollo.

Desde las primeras noticias de este trágico suceso, he tenido presente a Cristopher, cuya vida terminó, en 2015, a manos de otros niños que jugaban a ser secuestradores. Laderas de San Guillermo fue el escenario de entonces. Tanto como en él he pensado en quienes acabaron con su vida. Esta muerte, como las recientes en el Colegio Cervantes, nos cimbra; nos hacen cuestionarnos sobre el país que somos, sobre lo que no estamos viendo y, sobre todo, sobre lo que no estamos haciendo.

Ante los hechos recientes, Fernando de la Vara expresa un sentimiento que comparto desde ese 2015: “Perdimos algo, no me atrevo a decir qué es exactamente lo que dejamos de ser. Es como si Torreón dejara de ser inocente. Como si todos nosotros migráramos, a la fuerza, a una zona desconocida. Lo ocurrido en el Colegio Cervantes es algo nuevo. Exhibe la normalización de la violencia. La violencia que siempre ha estado ahí, pero que adquiere nuevas formas. Y la interiorización que hemos hecho de ella nos deja poco margen de acción”.

Nashieli Ramírez, titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, ha planteado la necesidad de salir “del escrutinio polarizante” de estos hechos (si o no a mochila segura), para analizarlos con una perspectiva integral, que incluya el acceso a armas, la salud mental, el contexto social y familiar y la violencia cotidiana. 

Según datos presentados por Pie de página (13/01/20), con base en una investigación del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, hay en nuestro país 15.5 millones de armas, de las cuales únicamente el 20 por ciento está en las instituciones o sujetos autorizados (policías, marina, seguridad privada con permiso). Aunque la posesión del resto estuviera regulado, la dimensión de la cifra revela, según Víctor Mendoza, “que el acceso a las armas es muy sencillo y a precios mucho menores a 10 mil pesos, alto calibre”.

Mario Luis Fuentes, quien profundiza en la situación de la infancia para mostrar como México es un país inapropiado para niñas, niños y adolescentes, presenta dos datos que hablan por sí mismos: de 2009 a 2018 murieron por desnutrición cinco mil 955 niñas y niños de o a 14 años (4 mil 711 tenían menos de cinco años); en el mismo período fallecieron, por causas accidentales o violentas, 40 mil 409 niñas y niños de 0 a 14 años.

Al revisar estos datos, aparecen, con angustia, los miles de niños y jóvenes huérfanos, los rostros y las historias que siguen acumulándose en Juárez y en todo México; nada hemos entendido todavía sobre los impactos de esta guerra absurda en la que seguimos sumidos. Pienso y siento indignada la indolencia y las ganas de no querer ver (mejor esculquemos mochilas) que han prevalecido en nosotros y que se exacerban cuando volteamos a ver a los gobiernos.

Para muestra la revisión de los veinticinco programas “estratégicos” presentados por el presidente de la República, entre los que no se encuentra ninguno dedicado a niñas, niños y adolescentes. Creo, como afirma Mario Luis Fuentes, que “la Cuarta Transformación del país debe lograr la erradicación de la corrupción, sí, pero, sobre todo, erradicar la muerte evitable; ésa que es excesiva porque es expresión de todo lo que no debemos ser, porque es innecesaria y escandalosa, en el sentido más amplio de esos términos”.