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Opinión

Entre la tradición y la ética: El dilema de las corridas de toros en la SCJN

En los últimos cinco años, mi rutina diaria me ha llevado a una oficina que no solo ha sido un espacio de trabajo sino también de enriquecimiento personal

Jorge Breceda / Catedrático

sábado, 09 diciembre 2023 | 06:00

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Ciudad de México.- En los últimos cinco años, mi rutina diaria me ha llevado a una oficina que no solo ha sido un espacio de trabajo sino también de enriquecimiento personal. Aquí he tenido el privilegio de conocer al Dr. Carlos Murillo Martínez, un colega y amigo apasionado por las corridas de toros, y también editorialista de este medio. Su amor por este espectáculo me ha llevado a reflexionar profundamente sobre un tema que a lo largo de la semana, ha dominado los titulares nacionales: el retorno de las corridas de toros, avalado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

A pesar de no ser un seguidor de las corridas de toros, principalmente por la violencia intrínseca en ellas, las conversaciones con Carlos y su narrativa llena de emotividad sobre cómo asistía a estos eventos en su infancia, me han llevado a considerar darles una oportunidad. Esto se ha vuelto especialmente pertinente con la reciente decisión de la SCJN, que ha reavivado el debate sobre la tauromaquia en México.

Sin duda, las corridas de toros son parte del rico tapiz cultural de México, con una historia que se extiende por siglos. Sus defensores argumentan que, además de ser una tradición, la industria taurina es un motor económico significativo, generando empleo y actividad económica. No obstante, los opositores a las corridas señalan con vehemencia el sufrimiento de los animales involucrados, argumentando que estas prácticas no tienen cabida en una sociedad moderna y consciente de los derechos de los animales.

La decisión de la Suprema Corte destaca un punto crítico en este debate: el papel del sistema judicial en la protección de tradiciones culturales frente a los derechos de los animales. ¿Debería ser una decisión legislativa o judicial regular estas prácticas? La respuesta no es sencilla y refleja la complejidad de equilibrar el respeto por las tradiciones con los valores éticos contemporáneos.

La tauromaquia en México, por tanto, se encuentra en una encrucijada. La decisión de la Corte no solo es un retorno a una tradición, sino también un punto de inflexión para un debate más amplio sobre cómo México, y el mundo en general, debe equilibrar el respeto por las tradiciones culturales con el creciente enfoque en la ética y el bienestar animal.

En este contexto, es crucial reconocer la complejidad de la identidad cultural en la modernidad. Las corridas de toros, más allá de ser un mero espectáculo, representan un mosaico de historia, arte y tradición que ha sido transmitido a lo largo de generaciones. Esta rica herencia cultural se entreteje con la identidad nacional y regional, siendo un elemento distintivo de la cultura mexicana.  

Sin embargo, en un mundo que se inclina cada vez más hacia la protección y el respeto por los derechos de los animales, estas tradiciones enfrentan un escrutinio creciente. La pregunta que emerge es cómo pueden coexistir estas dos realidades aparentemente opuestas, y si es posible una reinvención de las tradiciones que respete tanto la herencia cultural como los derechos de los animales.

Otro aspecto importante a considerar es la evolución de las tradiciones en la sociedad contemporánea. Tradiciones como las corridas de toros, que en el pasado eran vistas como expresiones normales de la cultura, ahora están siendo revisadas a la luz de los valores éticos actuales.  

Este proceso de revisión y adaptación no es exclusivo de México, sino un fenómeno global, donde las prácticas culturales se están reevaluando en términos de sostenibilidad, ética y derechos. El desafío radica en encontrar un equilibrio que permita a las sociedades honrar y preservar su herencia cultural, al mismo tiempo que se adaptan a los valores cambiantes y a las demandas de una sociedad más consciente y empática.

 En este sentido, la educación y la conciencia social juegan un papel crucial en este debate. La forma en que educamos a las nuevas generaciones sobre nuestra cultura y tradiciones, así como sobre el respeto y cuidado de los seres vivos, tendrá un impacto significativo en cómo se configura este dilema en el futuro. 

Por ello, la educación no solo debe centrarse en la preservación de las tradiciones, sino también en inculcar un sentido de responsabilidad hacia todos los seres vivos y el medio ambiente. El diálogo abierto, la educación y una comprensión más profunda de nuestras prácticas culturales pueden proporcionar caminos hacia una solución que respete tanto nuestro patrimonio como los derechos de los animales. 

Es así que, el debate sobre las corridas de toros en México es un reflejo de un problema más amplio que enfrentan muchas sociedades: cómo reconciliar las tradiciones y costumbres arraigadas con los valores éticos emergentes. La decisión de la Suprema Corte no es el final del debate, sino más bien un punto de partida para una reflexión más profunda sobre nuestra cultura, ética y el respeto por todas las formas de vida. A medida que México, al igual que otras naciones, avanza hacia un futuro más inclusivo y consciente, será fundamental que este diálogo siga siendo abierto, reflexivo y progresivo. 

Por último, no cabe duda que a medida que avanzamos hacia un futuro donde las nuevas generaciones cuestionan cada vez más prácticas como las corridas de toros, es imperativo que este diálogo continúe, buscando un balance entre la preservación de nuestras tradiciones y la evolución hacia una sociedad más ética y consciente.

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