Entre Chernóbil, Roswell, los nazis y Samalayuca

El domingo pasado en este mismo medio se publicó una opinión sobre la mina, la cual fue fuertemente criticada

Santiago González
Analista
sábado, 12 octubre 2019 | 06:00

El domingo pasado en este mismo medio se publicó una opinión sobre Samalayuca y la mina, la cual fue fuertemente criticada en redes sociales por tres razones; primero, porque se sustentó en Wikipedia; segundo, no podía ocultar el deseo ilegítimo de apoyar a la mina, y tercero, no contenía un solo dato de interés. Creo honestamente que lo que causó mayor malestar fue haber perdido el tiempo en leer ese amasijo de frases que se pudo resumir en la siguiente sentencia: “Samalayuca está a 52 km de Juárez y yo apoyo la mina”.

Samalayuca tiene historia y muchos eventos dignos de ser contados, muchos de ellos historias de abusos y negligencia, a manera de anecdotario les junté algunos de ellos.

Samalayuca nace a partir de la llegada del ferrocarril en 1882 y si no fuera por López de Santa Ana y los Apaches se hubiera fundado antes. Las concesiones que buscaban conectar el norte del país con la CDMX se habían otorgado desde 1837, pero las pérdidas de territorio con EU en 1850 y la hostilidad de la nación Apache pusieron nerviosos a los inversionistas y no fue sino hasta 1880 que la empresa extranjera “Atchison, Topeka y Kansas” a cambio de que se les regalaran los terrenos y exentara el pago de impuestos, además de la destrucción y exilio de los apaches a manos del Gobierno fue que realizaron la inversión para la construcción de la línea férrea. Y así fue como se tecnificó la extracción de materia prima de los países pobres del sur a los ricos del norte con la singular ayuda de los políticos de la fecha, que casualidad. Se colocó una estación en Samalayuca porque las locomotoras a vapor de aquel tiempo requerían de agua abundante.

Fue hasta 1921 que se le da el carácter de comisaría, por los años 30 se conforman los Ejidos en la zona y el 12 de octubre de 1947, es decir, hoy hace 72 años, cae en Samalayuca un misil V2 con tecnología de la Alemania Nazi. Como lo oye, y no es que el Führer tuviera algo en contra de Samalayuca, ocurre que científicos alemanes cooptados por EU que habían sido traídos a El Paso, Tx. para desarrollar el misil tuvieron varios errores en sus cálculos, lo que provocó tres accidentes documentados, uno en Juárez en el panteón Tepeyac, incluso existe una foto del cráter de varios metros; el otro documentado y confirmado con la desclasificación de los documentos de la época es el misil que cayó en Roswell, Nuevo México y el de Samalayuca, los tres con semanas de diferencia. De esto podemos sacar dos conclusiones, una: al parecer entre los científicos no venía el que se encargaba de hacer que cayeran en su destino, y dos, que Roswell supo aprovechar el evento y ha vivido de ese acontecimiento que hasta la fecha es su principal atractivo, hicieron una industria del turismo, pues los pobladores se encargaron de esparcir la falsa noticia de que lo que cayó fue un ovni, Samalayuca no supo aprovechar su suerte y siguió con la venta de productos agrícolas.

Samalayuca continuó creciendo conformado por los ejidos, existió en los 60 excavaciones de una mina y se desconoce cuáles fueron los motivos de su desaparición, luego Pemex afirmaba que en la zona había petróleo y gas natural por lo que se perforaron 13 pozos, cuyos hallazgos desconozco, pero que deben estar asentados en algún archivo de la época. También fue escenario de películas de Buñuel y Jodorowsky, ahí se filmó Conan con Schwarzenegger.

Para 1983 ocurre el mayor desastre nuclear de que se tenga registro en Latinoamérica, sucedido en Juárez, dos años antes del ocurrido en Chernóbil, se contaminaron 11 mil 500 toneladas de varrillas con material radioactivo cuando un empleado del Centro Médico de Especialidades vendió al Yonke Fenix una máquina para para el tratamiento de cáncer, el aparato junto con una capsula de cobalto 60, altamente radioactivo se fundió y se fabricó material de construcción. La cosa fue que la Comisión de Seguridad Nacional de Energía Nuclear cuando recuperó toda esa varilla, consideró que el lugar idóneo para confinar el material radioactivo era Samalayuca. Los ejidatarios que no le tienen miedo a nada dispusieron un predio conocido como “Los Muertos”, donde el material radioactivo duró años a ras de suelo y no fue enterrado sino años después.

No me lo crean a mí, pero los reportes indican que de las 11 mil 500 toneladas de metal que dispusieron en el predio, siete años después que se procedió a enterrar el material ya sólo encontraron mil 500 toneladas. Es decir, 10 mil toneladas regresaron a circulación por medio de la rapiña que se hizo del metal radioactivo y que muy seguramente regresó a las recicladoras. Entonces, si su casa se fabricó entre 1984 y 1990 lo más recomendable sería revisarla.

Hay otros tantos eventos, como cuando de Sonora acudían a llevarse miles de toneladas de arena o cuando se quemó “por accidente” el documento que le había puesto los candados ambientales a la termoeléctrica y no les sorprenda que el meteorito que nos extinga caiga en Samalayuca. Pero eso lo platicamos en otro momento.