PUBLICIDAD

Opinión

Entiendan, con el Ejército ¡NO!

Aquí en Chihuahua existen múltiples experiencias amargas de la presencia del Ejército; o como olvidar las calles tomadas casi en estado de sitio en Ciudad Juárez durante los años 2009 y 2010

Nicolas Juárez Caraveo
Analista

domingo, 18 septiembre 2022 | 06:00

PUBLICIDAD

Esta semana, se dió un paso decisivo en la intención del gobierno de la 4T de militarizar el país; con la aprobación de transferir la Guardia Nacional a la Sedena, así como la propuesta del PRI de que el ejército continúe en las calles haciendo trabajos de seguridad pública.

Aquí en Chihuahua existen múltiples experiencias amargas de la presencia del Ejército; o como olvidar las calles tomadas casi en estado de sitio en Ciudad Juárez durante los años 2009 y 2010; los abusos en detenciones ilegales en aquellos trágicos años donde la orden de aprehensión era “un marro”; eso sin contar con el lamentable asesinato de “Jessica” quien murió por las balas de soldados luego de las manifestaciones por el agua en La Boquilla.

PUBLICIDAD

No se puede ocultar ni denostando a los que pensamos diferente, que ha quedado claro que las Fuerzas Armadas no están preparadas, ni calificadas para hacer el trabajo de la seguridad pública que corresponde a los gobiernos federal, estatal y municipal.

Aún está fresco en el recuerdo la aprobación en el Congreso de la Unión de la Guardia Nacional, que en su momento se aseguró se mantendría con mando civil, pero que desde el inicio se observó al Ejército con toda su estructura, y que no deja de verse como un paso más hacia mantener el control político ahora por la fuerza, como ya se hizo en varias naciones que cayeron en un régimen de izquierda.

Con esta iniciativa sacada a la fuerza, Andrés Manuel López Obrador avanza en su firme apuesta por el Ejército.

La Cuarta Transformación, o mejor dicho el Gobierno federal, avanza en una clara y progresiva militarización del país, y por lo pronto ya tuvo su fuerte descalabro político al enfrentar al PRI y PAN con la desarticulación de la alianza opositora.

Es cierto, fue en la administración federal de Felipe Calderón quien dio salida al Ejército a las calles, y el despliegue de las Fuerzas Armadas continuó con Enrique Peña Nieto, pero todos concuerda que resultados de esta estrategia de militarización de la seguridad pública nunca dio buenos resultados, al contrario, fuertes polémicas y abusos.

El mantener al Ejército en las calles ha generado una gran cantidad de preguntas, desde el control de las decisiones que toma el Ejército, la incorporación de protocolos que respeten los derechos humanos, el que estén preparados para que sus actuaciones estén apegados a derecho, el castigar a los elementos del Ejército que incurran en errores a los juzgados civiles y, hasta quien fiscalizará las actuaciones de las Fuerzas Armadas.

Sin duda el traslado de la Guardia Nacional (GN) a la Secretaría de la Defensa (Sedena), a pesar de violar el artículo 21 constitucional, junto con el aplazamiento de la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública en el artículo 5 transitorio de la Ley de la Guardia Nacional, ahoga aún más a nuestro malherido sistema político democrático. 

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que en tiempos de paz las Fuerzas Armadas tiene por objetivo realizar actividades destinadas a la disciplina militar y que la seguridad pública es una tarea que solo podrán desempeñar autoridades civiles, por eso la necesidad de modificar la constitución ahora con la ayuda del PRI. 

Es necesario repetirlo, organismos internacionales de derechos humanos, concretamente la ONU y la OEA han constatado que la militarización en México ha traído como consecuencia el aumento de la violencia, las violaciones a derechos humanos y el incremento de los niveles de impunidad.

Desde luego que la excusa es que sólo el Ejército mexicano puede con la delincuencia organizada pudiera ser suficiente para que actúe, ya que todos estamos hartos del clima de inseguridad en que vivimos, pero el uso del Ejército de manera indiscriminada y sin control ha traído graves problemas.

Aunque pueda representar para algunos tedioso el comparar al Gobierno federal con otros gobiernos de izquierda es indispensable realizarlo para entender porque el interés en el ejército.

El ejemplo más claro es en Venezuela, donde en su momento el “teniente coronel” Hugo Chávez entró a la vida política de su país y toda Sudamérica con un alzamiento militar en 1992, lo que le permitió en 6 años llegar a la presidencia de su país y desde entonces no han dejado el poder.

Desde la llegada de Hugo Chávez, la transformación encabezada por el gobierno izquierdista incluyó al Ejército incorporó a militares al gobierno, promovió a oficiales leales y buscó la construcción de una serie de valores compartidos, basados en los ideales socialistas y el antiimperialismo, además de asignarles nuevos roles internos.

Con su política militar del gobierno y sus políticas de seguridad y defensa Hugo Chávez ganó autoridad sobre las Fuerzas Armadas, y bueno la historia moderna de ese país sigue en las mismas con el cambio de Chávez a Maduro, el presidente recién reelecto y con fuertes detractores internos y externos de ese país.

Para el presidente venezolano Nicolás Maduro no ha sido fácil controlar a los militares, el año pasado fueron encarcelados por insubordinación 55 guardias nacionales que encabezaron un reclamo por carestía de alimentos, y sigue la presión contra los que se quieren sublevarse.

Hasta aquí un pequeño ejemplo de cómo los gobiernos de izquierda ha utilizado al Ejército con hechos actuales, ese es el temor, la duda sobre la tentación sobre lo que representan las Fuerzas Armadas.

PUBLICIDAD

ENLACES PATROCINADOS

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

close
search