Opinión

En problemas

La ley electoral establece que, a partir de los comicios del año próximo, la mitad, en realidad en 2021 deberán ser 8 de las 15 candidaturas para mujeres en todos y cada uno de los partidos y coaliciones

Jorge Fernández Menéndez
Analista

sábado, 07 noviembre 2020 | 06:00

Ciudad de México.- Dice el gran Joaquín Sabina que “hay mujeres veneno, mujeres imán, hay mujeres consuelo, mujeres puñal, hay mujeres de fuego, mujeres de hielo, mujeres fatal”. Como casi siempre, tiene razón, pero ahora también tendremos, si no se bloquea una norma a la que en su momento nadie le prestó demasiada atención, un gran número de mujeres gobernadoras o, por lo menos, candidatas.

La ley electoral establece que, a partir de los comicios del año próximo, la mitad, en realidad en 2021 deberán ser 8 de las 15 candidaturas para mujeres en todos y cada uno de los partidos y coaliciones. Es más, para evitar manipulaciones, de acuerdo con el coeficiente electoral de cada partido, cuatro de esas candidaturas tendrán que ser en entidades donde ese partido sea competitivo. Solo los partidos de nuevo registro, al no tener esos antecedentes, podrán designar a esas ocho mujeres candidatas en donde lo consideren conveniente.

La norma electoral, como se comprenderá fácilmente, alterará todo el escenario electoral del país. Prácticamente todos los principales aspirantes en las 15 candidaturas en juego para el 2021 son hombres, salvo casos muy específicos como Clara Luz Flores en Nuevo León. Es más, si bien gracias a la ley de equidad de género, la misma que se pretende aplicar ahora para los comicios estatales, hay ya una gran paridad en el Congreso, en los puestos ejecutivos la distancia es enorme: las mujeres que han sido gobernadoras no pasan de un puñado, solo siete (y casi todas ellas han sido buenas gobernadoras) y hoy solamente hay dos, Claudia Sheinbaum y su tocaya, Claudia Pavlovich, en CDMX y Sonora, respectivamente.

Aplicar la equidad de género en las elecciones para las 15 candidaturas a gobiernos estatales pondrá de cabeza a los partidos y coaliciones, porque determinará en mucho su competitividad, y porque, como dijimos, en casi todos los casos están contemplando como candidatos solo a hombres, pero ése es un problema de los partidos y reciben suficientes recursos y prerrogativas como para poder asumirlo.

Desde el punto de vista social y de equidad, esa disposición puede y debe servir enormemente en la hora que vive el país, para avanzar en un territorio en el que seguimos estancados en forma cotidiana: la discriminación a la mujer. Y ello cuando la sociedad está asolada por los feminicidios y la violencia contra la mujer. En los primeros siete meses de este 2020 fueron asesinadas dos mil 240 mujeres, cerca de un 50 por ciento de ellas por el crimen organizado, que suele utilizarlas como presa y para tomar venganza contra sus familias o parejas. Pero el resto suelen ser víctimas de violencia intrafamiliar, donde sus parejas son los victimarios.

Quizá llegando más mujeres a posiciones ejecutivas se podrá tener una mucha mayor sensibilidad para atacar esa violencia con algo que no sean simples reacciones. Es lamentable que existiendo un número tan alto de legisladoras, un buen porcentaje de estas se mimeticen y no impongan desde el Legislativo, ya que el Ejecutivo federal parece estar inmune a ello, una verdadera estrategia para atender este fenómeno creciente y degradante. Un mayor número de gobernadoras no lo solucionará, pero puede ayudar a visualizar y concientizar sobre el desafío machista.

La equidad de género, como dijimos, para los partidos es un problema, como lo fue en su momento para ellos cuando se tuvo que comenzar a aplicar en candidaturas para el Congreso. Primero hicieron trampa y se recurrió a las adelitas, mujeres que eran candidatas y que, al llegar a su puesto, renunciaban para dejar las curules a disposición de hombres, en muchos casos sus parejas. Eso ya se logró neutralizar y esta legislatura está integrada por un 48% de mujeres. Es verdad que algunas han sido pésimas legisladoras, pero no más que un altísimo porcentaje de hombres que han llegado a San Lázaro y, en menor medida, al Senado.

Pero como ocurrió originalmente con las legisladoras, la equidad de género quieren que sea aplazada sine die. La norma que debe entrar en vigor el año próximo para las candidaturas ha sido impugnada por el Partido Verde, que me imagino que con sus aliados en el Congreso quiere que no entre en vigor hasta las elecciones de 2024. Pueden lograrlo, pero deberán asumir que sería un fuerte retroceso. El INE está decidido a apoyar la nueva norma.

Las cuotas de género están lejos de ser un ideal, pero son un instrumento útil que sirve para promover mujeres, en este caso, a posiciones ejecutivas, pero también para concientizar, romper esquemas y tabúes. Postergarlo no sirve para nada, salvo para perpetuar el actual estado de cosas. Claro que le causará problemas a los partidos, pero ese es, precisamente, su problema. El de la sociedad es promover en todos los niveles una mucho mayor cultura y equidad de género y no lo lograremos atendiendo intereses partidarios de corto plazo.