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Opinión

En política, el peor pecado es perder

Había escuchado muchas veces esa frase, pero no identifiqué su significado hasta el 2016

Mayra Chávez
Abogada

sábado, 18 junio 2022 | 06:00

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Dicen que en política, el peor de los pecados es perder una elección. Había escuchado muchas veces esa frase, pero no identifiqué su significado hasta el 2016. Fue precisamente cuando comenzó todo un proceso que, de inicio, subestimé por mi formación como abogada que me hacía visualizar que las acusaciones que se me hacían no tenían sustento jurídico y por ende no merecían mayor atención que las de alguna otra tergiversación de información. Lamentablemente, cuando la tergiversación proviene de la autoridad, lejos de ser un chisme, se convierte en persecución.

Con una nota periodística difundida a nivel nacional en la que Carlos Loret de Mola presentó en su noticiero recibos de aportaciones que militantes del PRI realizaron al partido que en ese momento yo presidía, fue como se conoció que quien en ese momento era director jurídico de la JMAS iba a presentar una denuncia en contra de diferentes servidores públicos y en mi contra por lo que el consideraba una actividad irregular. Al esta persona ser servidora pública se presumiría que, ante la duda, desde luego que presentaría el caso ante el Órgano de Control Interno mas no ante los medios de comunicación, eso habló mucho del sentido que tomaría este caso. 

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Posterior a ese accidentado paso, se presentó denuncia ante la Secretaría de la Función Pública y la entonces secretaria, que tenía la consigna de canalizar todo lo que oliera al régimen anterior sin siquiera identificar si se tratará de una conducta ya no punible, sino meramente infractora de la ley, fue que decidió que el tema, aunque en la Cuenta Pública de los ejercicios de la JMAS de los años en que ocurrieron los hechos había sido aprobada por el Congreso del Estado –máxima representación popular de nuestra Entidad Federativa– sin observaciones, ameritaba ser investigado por la Fiscalía.

Durante los años 2016 y 2017 atravesé ese sendero que estuvo adornado de forma permanente con declaraciones públicas de funcionarios que de ningún modo abonaban a dar cumplimiento al principio de presunción de inocencia, lejos de eso, sí contribuía a un clímax de señalamiento público por parte de propios y extraños hablando de corrupción, de carpetas de investigación y de posibles detenciones sin que interesara si es que es un delito o no (como no lo es) recibir aportaciones de militantes.

A partir de ese año, propios actores del partido en el que militaba en esos momentos me explicaban lo complicado que sería continuar con la carrera política que inicié desde los 14 años, porque había una carpeta de investigación en mi contra. Nunca supe cómo fue que todas estas personas sabían que existía esa carpeta de investigación, que hasta el momento no me había sido notificada. Siempre preguntaba el motivo por el que parecía que todos tenían más información que yo, y debieron tenerla porque hablaban de órdenes de aprehensión, de presentación y hasta de audiencias que se realizarían y de las que no me había enterado. Por cierto, muchas de las recomendaciones iban en el sentido de que mejor pusiera tierra de por medio. ¿Cuántas veces a las personas juarenses no nos han dicho que nos vayamos de nuestra ciudad por miedo fundado e infundado, pero por miedo?

No me fui. A pesar de las visitas de la autoridad para “recabar información”, de los actos que buscaron amedrentarme a mi familia y a mí, de los acercamientos que buscaban “arreglar” la situación y desde luego que tampoco caí en las provocaciones que algunas personas, tratando de sacar ventaja del tema, ocasionaban.

Enfrentarse al revanchismo político cuando se utiliza al Estado y su fuerza como arma amenazante fue un escenario en el que me tocó vivir durante casi 6 años. Fue hasta septiembre del año pasado que un juez dictó auto de no vinculación porque la conducta que se me atribuía, no constituía ningún delito, tampoco peculado. Este pasado lunes, una magistrada confirmó esa resolución y así, como lo veía en un primer momento, todo quedó en una acusación falsa a mi persona.

¿Cuántas personas pasarán por esto en su vida? No tengo un acercamiento a un dato preciso y cuando se trata de temas políticos aún más alejada estoy porque la información alrededor está muy contaminada, pero lo que sí sé es que nadie, persona dedicada a la política o no, debería atravesar ese camino lleno de desigualdad. En mi caso la justicia triunfó, ¿cuántos casos, tal vez no mediáticos, no tendrán esta resolución que contar?

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