Opinión

En Juárez, dirigentes empresariales de vergüenza

En todas las sociedades, en todo el mundo, el sector empresarial tiene un peso importante dentro del desarrollo económico, social y político de las mismas

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 28 marzo 2021 | 06:00

En todas las sociedades, en todo el mundo, el sector empresarial tiene un peso importante dentro del desarrollo económico, social y político de las mismas, porque independientemente de su papel en la generación de riqueza, de actividad económica y de empleos, con todo lo que eso significa, suelen ser un fuerte contrapeso de los gobiernos en temas importantes para la comunidad, porque al constituir de facto un poder social (su liderazgo empresarial se los otorga), sus posturas adquieren un peso específico que ningún político o gobernante puede darse el lujo de ignorar.

Por eso, en los temas relevantes que afectan directamente a los habitantes de una ciudad, comunidad, estado o país, siempre se toma en cuenta la visión, opinión y postura del sector empresarial porque, además, a través de las estructuras propias de sus negocios o empresas, contribuyen a la socialización adecuada de dichos temas.

Sobran los ejemplos, en todo el país, de cómo los liderazgos empresariales han logrado cambios importantes en el ejercicio del poder político, incluso al punto de revertir medidas adoptadas por gobernantes insensibles o autoritarios, como es el caso de la reciente contrarreforma eléctrica, obsequiada graciosamente al presidente López Obrador por un congreso eminentemente morenista, pero que fue revertida en tribunales gracias a la acción concertada, organizada y firme de empresarios que buscaron el amparo de la Ley. Ese es solo uno de cientos de ejemplos que hay.

Pero también hay ejemplos en positivo, como la capital del estado, en donde su sector empresarial, amén de sus preferencias o simpatías partidistas o ideológicas, históricamente han logrado ponerse de acuerdo para sacar adelante proyectos de gran envergadura con independencia de quien gobierne la entidad, sólo así se logra la tan ansiada continuidad en las políticas públicas o en los proyectos de verdadera trascendencia económica y social.

Por eso, Chihuahua la capital, luce como una ciudad moderna, cosmopolita, con infraestructura urbana suficiente, con desarrollos comerciales de primer mundo, con importante actividad turística, que facilitan enormemente el pleno desarrollo integral de sus habitantes. No importa quién haya gobernado el estado, ni si viene del PAN o del PRI, o de un grupo político u otro, al final se tienen que plegar a la presión de un sector empresarial consolidado y organizado en función de los intereses de su comunidad, de sus habitantes y no de los del poder político.

Pero también por eso, tristemente, en Ciudad Juárez existen los impresionantes rezagos que padecemos desde hace décadas en todos los rubros, porque los mismos gobernantes que deben plegarse a las propuestas de la sociedad en la capital, aquí a la frontera vienen a hacer chilar y huerto con la ciudad y con el poco presupuesto que se destina desde el centralismo estatal. Esa es la triste realidad.

Y lo pueden hacer porque en Juárez no existen liderazgos sociales que realmente defiendan y representen el interés de la gente, de la sociedad, del ciudadano, y eso incluye por supuesto a los líderes del sector empresarial cuya fuerza y representatividad contribuiría de mayor medida en ese objetivo. 

Todos los gobernadores que ha tenido Chihuahua encontraron respaldo incondicional e indigno en diferentes grupos empresariales de Juárez, mismos que se han encargado de dividir a su gremio en la ciudad, como efectiva forma de dispersar la inconformidad, de aminorar la fuerza y representatividad que pudieran tener todos juntos, claro, para favorecer sus proyectos personales o de grupo.

En ese esquema hemos visto como nuestra querida ciudad ha crecido desproporcionadamente y sin orden, hacia un punto cardinal o hacia otro, según los intereses del gobernante estatal en turno y los del grupo empresarial juarense con el que ha tenido acuerdos, pero nunca en favor de la sociedad entera.

Más de 15 años con un proyecto del Centro Internacional de Convenciones, más de 250 millones de pesos (al menos) tirados a la basura en primeras piedras, varios proyectos ejecutivos, tres sedes distintas para su construcción, y nada. Después de 15 años sigue siendo un proyecto que no tiene ni pies ni cabeza a pesar de la indiscutible necesidad de su existencia, y todo porque los diversos grupos empresariales de la ciudad no se ponen de acuerdo, ni en las formas, ni en el lugar, ni en la inversión. Los gobiernos menos.

Hoy, con las obras que se realizan en nuestra ciudad, por parte del gobierno estatal, vivimos (o sufrimos) el más patente ejemplo de ese pernicioso y despreciable contubernio entre grupos empresariales y el Gobierno del Estado, dejando de lado por completo el beneficio de la ciudad y de sus habitantes.

Desde finales del 2019, y durante todo el año pasado, más todo lo que va del presente, el Gobierno del Estado ha realizado diversas obras en esta ciudad. Puentes o distribuidores viales, pasos deprimidos, gazas y la construcción del troncal 2 del BRT o sistema de transporte urbano, así como la ampliación del troncal 1, han mantenido la ciudad permanentemente afectada en la circulación vial ordinaria.

Es verdad, se trata de una obra pública importante (aunque muy cuestionada por su efectividad o utilidad reales para la población) tanto en monto de la inversión como en la cantidad misma de obras lo que, por supuesto no deja de ser una buena noticia para los juarenses, pese a lo cuestionadas que han sido.

Pero ni el más caro y fino obsequio resulta beneficioso, y menos se agradece, cuando se hace ignorando las necesidades de quien lo recibe. Si una persona se toma 10 litros de The Macallan 1926 (uno de los whiskys más caros) en una sola noche, además de la tremenda papalina que se pondrá, va a sufrir de fuertes problemas con la resaca o incluso con una severa congestión alcohólica. Y en eso nada tiene que ver lo fino y caro del licor.

En cambio, si esas mismas 10 botellas de whisky -aunque no fueran del más caro y fino- las degusta plácidamente en un lapso de varias semanas, a un ritmo adecuado, no solo las disfrutará enormemente, sino que no le causarán daño alguno a su estado general de bienestar. Ese regalo sí se agradecerá, aunque no sea un Macallan.

Ocurre exactamente lo mismo con las obras del gobierno estatal en Juárez. Ni más ni menos. Nadie discute su urgente necesidad ni lo importante de la inversión destinada a Juárez, bien por eso. 

El problema es que, realizadas todas juntas, al mismo tiempo en el mismo espacio y sin la mínima planeación adecuada, hoy tienen la ciudad totalmente colapsada. Y todavía pretenden colapsarla más sin la menor garantía de que se concluirán antes de que concluya el mandato de Javier Corral, lo que resulta aún peor.

Pero lo que de plano resulta indignante y hasta grosero para los juarenses, es que su sector empresarial, o sus principales liderazgos, o hacen como que voltean para otro lado y no ven lo que ocurre, o de plano aplauden como focas la insensatez de un gobernante atrapado en su incapacidad, su estulticia, su insensibilidad y su soberbia, que exige reconocimiento su “generosidad” por las obras realizadas antes que reconocer sus errores básicos de gobernante.

Liderazgos inicialmente prometedores y frescos como el de Thor Salayandía en Canacintra que hoy prefiere el boato de la farándula y la fiesta sin comprometerse a fijar postura, o el de Eduardo Ramos de Coparmex antes crítico feroz de gobiernos priistas y hoy entregado defensor corralista, o el de Rogelio González en Canaco el mejor gerente que tuvo Corral en su mandato. Es triste ver cómo los líderes empresariales abandonan a su suerte a los juarenses.

Vaya, ni siquiera cumplir la elemental obligación que tienen de defender a sus agremiados, caray. ¿Cuántos de los afiliados a Coparmex, a Canaco o Canacintra, van a verse severamente afectados con el cierre de la Gómez Morín por el inicio de la construcción del pretroncal del BRT2? ¿Y acaso alguno de estos dirigentes han expresado algo al respecto? ¿Han defendido los intereses de sus agremiados?

Muy triste y pesimista escenario, con dirigentes empresariales así, para qué queremos partidos políticos o gobernantes que nos destrocen la ciudad y el futuro. Con esos empresarios tenemos.