Ellos deben ser el foco de atención

No son las mujeres quienes tienen que modificar sus formas de estar en el mundo o buscar estrategias para protegerse

Clara Scherer
Analista
sábado, 12 octubre 2019 | 06:00

Ciudad de México.- Urge que en el tema de feminicidios cambiemos el foco. No son las mujeres quienes tienen que modificar sus formas de estar en el mundo o buscar estrategias para protegerse. Los que sin duda tienen que cambiar, y de raíz, son (¿algunos?) los hombres. Hay que iniciar con políticas que los pongan a ellos, los agresores, en el foco de la atención ciudadana.

Cuando queremos investigar sobre los asesinatos de mujeres, lo primero que brinca y perturba es que ya son muchas más las mujeres asesinadas en la vía pública que dentro de sus viviendas, en los últimos años.

Edna Jaime, de México Evalúa dice que “Las mujeres en este país mueren en su hogar y cada vez más en el espacio público. En la vivienda las matan por asfixia, estrangulamiento, golpes, arma blanca, fuerza física y cada vez más con armas de fuego. Una violencia perpetrada regularmente por la pareja. Ahora también, en el ámbito público”.

(https://www.mexicoevalua.org/2019/08/23/feminicidios-ahi-va-presidente/).

Hablemos de las mujeres asesinadas en sus domicilios. No denuncian la violencia vivida por miedo al agresor, a no ser creídas y al posible efecto sobre sus hijas (os). En España, más del 80 por ciento de las muertes por violencia de género se produce en el contexto de una eventual ruptura de la pareja a instancias de una mujer que quiere romper sus ataduras y reencontrar su identidad perdida. Por eso las matan. Aquí, no sabemos.

En México, desde el 2003 los registros de mortalidad incluyen la variable “existió o no violencia familiar”, pero en la mayoría de los casos no se registra. Cuando se hizo, en homicidios de mujeres representa 56.8 por ciento. En el 2012, se incluyó una sobre el parentesco entre la víctima y el presunto agresor, “consanguíneo, conyugal, de afinidad, legal o de costumbre”. No se anotó en el 95.1 por ciento de homicidios de mujeres. Cuando sí se hizo, el porcentaje en casos de mujeres fue de 73 por ciento: la pareja —esposos y concubinos— o la expareja, en el 48.95 por ciento. Ya no preguntemos sobre la pertenencia étnica o la orientación sexual. No hay nada.

Sabemos que 23.4 por ciento de las mujeres asesinadas terminó la secundaria, aunque el 28.6 por ciento de éstas tenían entre 20 y 27 años. El 17.1 por ciento completó sólo la primaria. La violencia homicida ha tenido mucho más impacto en quienes no han tenido acceso pleno a la educación: las mujeres pobres. Y son solteras las que, en mayor proporción, son asesinadas en el espacio público.

Lo cierto es que no logramos reducir los homicidios en casa, ni en los estados más pacíficos, Aguascalientes y Yucatán, donde han solicitado alerta de violencia de género; y en los más afectados por la violencia —como Chihuahua— han aumentado. Ni para las niñas, las jóvenes, las adultas, las adultas mayores. CEDAW hizo un señalamiento al Estado mexicano por los “limitados recursos humanos, técnicos y financieros”, el presupuesto “insuficiente”, la “falta de una coordinación sistémica e institucionalizada, en los planos federal, estatal y municipal”, así como por la “falta de mecanismos para el seguimiento y la evaluación generales de los efectos de la incorporación de la perspectiva de género”.

Ni duda que hace falta incrementar la conciencia social, objetivo fundamental en el que los medios de comunicación juegan un papel clave, haciendo responsables a los hombres de su violencia y a las mujeres de sus silencios, cuidando no depositar la responsabilidad sólo sobre ellas.

Debemos mejorar y fortalecer las instituciones. Tenemos que contar con más y mejor información, considerando la austeridad a la que ha convocado el presidente. Una idea es el Pacto de Estado en contra de la violencia de género, firmado en España en 2017. La violencia de género es un reto de toda la sociedad, una tarea conjunta que requiere una actuación unitaria y la máxima coordinación, colaboración y cooperación.

Además de exigir políticas públicas para atender, castigar y prevenir la violencia en la pareja, en la familia y para erradicar la discriminación por género, hay que exigir políticas que hagan frente a la terrible crisis de seguridad que estamos viviendo todas (os) en México. (Información de Data Cívica).