Opinión

‘El violador eres tú’

En alguna ocasión que en este espacio escribí sobre la tortura (a través de la prisión preventiva) implementada por el Gobierno de Javier Corral en contra ...

Sixto Duarte
Analista

martes, 10 diciembre 2019 | 06:00

En alguna ocasión que en este espacio escribí sobre la tortura (a través de la prisión preventiva) implementada por el Gobierno de Javier Corral en contra de los acusados de su Operación Justicia para Chihuahua, se me acusó de defender la corrupción por no compartir los métodos utilizados.

En el mismo sentido, cuando en febrero pasado publiqué un artículo respecto a la detención del presbítero Aristeo Baca, acusado de violación, en donde vertí algunas reflexiones sobre la importancia del debido proceso y la presunción de inocencia, se me acusó de defender un pederasta (a pesar que hasta el momento no ha sido condenado por este delito) por razón de mi fe (a pesar de tradicionalmente haber defendido posiciones que serían consideradas como anticlericales). Semanas después escribí una crítica al Congreso de Nuevo León por penalizar el aborto, a raíz de la cual se me llamó abortista, y pecador. Hace un par de semanas escribí en este mismo espacio sobre el asilo de Evo Morales en México, y evidentemente fui tachado de “chairo”.

¿A qué voy con esto? Que tal como lo dijo el magnífico escritor español Javier Marías, “... el pensamiento individual está hoy mal visto, se exigen ortodoxia y unanimidad” (“También uno se harta”, El País, 11 de marzo de 2018). De la última década para acá, especialmente con la aparición de las redes sociales, la colectividad exige uniformidad en el pensamiento colectivo, so pena de ser linchado en dichas redes sociales. Algo así parecido a lo que pasaba en las épocas de la Inquisición con aquél que se atrevía a cuestionar las verdades infalibles dictadas por la Iglesia.

Las redes sociales, esos instrumentos que en teoría debían de servir como herramientas de comunicación, se han convertido en el cadalso en el que muchos cibernautas intentan eliminar al que piense distinto. Le pasó a Nicolás Alvarado (director de TV UNAM) con su opinión de Juan Gabriel; le pasó a Pedro Salmerón (director del INEHRM) respecto a su opinión de algunos miembros de la Liga 23-S. Resulta bastante decepcionante que todo mundo (empresas por las ventas, gobierno por la popularidad, ciudadanos por el “qué dirán”) esté siendo presa de la corrección política, en detrimento de una libertad sagrada, que es la de disentir.

En relación con la violencia contra las mujeres, absolutamente nadie (salvo los criminales) puede estar a favor de la misma. Es una de las situaciones más graves que tenemos como sociedad, y tenemos que encontrar una solución pronto, educando a las futuras generaciones, y dotando de solidez a las instituciones públicas que la castigan. Sin embargo, el condenar esta terrible situación no tiene porque ser equivalente a estar a favor de los destrozos en la infraestructura urbana. No sé quién fue el enajenado mental que estimó que una cosa y la otra eran mutuamente excluyentes; se puede condenar la violencia contra las mujeres, y condenar los actos de vandalismo.

Recientemente se viralizó la canción “Un violador en tu camino” del colectivo chileno “Las Tesis”. Dicha canción de protesta generó reacciones, a favor y en contra. Ambas expresiones, se deben estimar legítimas, en un Estado en donde todavía hay libertades.

Creo que se deben evitar las generalizaciones. El coro de dicha canción reza “El violador eres tú”. Estimo que dicha aseveración, lejos de concientizar hombres respecto al problema, termina por aislar a quienes promueven este movimiento. Intentar convencer a alguien llamándolo violador o asesino (partiendo de que a quien tratan de convencer no es el criminal), lejos de sumar, me parece que polariza más un ambiente ya de por sí polarizado. El hombre no es el enemigo, el violador sí, y no son lo mismo.

Diversas reacciones se han desatado en redes sociales que sostienen que si alguien no es violador, no debería de sentirse ofendido por la canción. Esta respuesta es una burda falacia, pues cuántas mujeres se han sentido válidamente ofendidas con canciones del grupo Molotov (“Rastamandita”, “Perra arrabalera”, entre otras). ¿Qué dirían si alguien les dijera que, como no se trata de ellas, no tendrían por qué ofenderse?

No puedo incurrir en el exceso que he descrito al principio de este artículo, pues no considero que la censura de la canción deba ser siquiera una opción. Simplemente opino que polarizar no abona a la lucha en defensa de las mujeres, misma que no es un asunto exclusivo del género femenino.

La corrección política va creando dogmas que no admiten refutación, ni mucho menos la mínima crítica. Urge que la gente empiece a razonar y deje de añorar la época del oscurantismo y de la infalibilidad de lo políticamente correcto.