OPINIÓN

El tuit del 5 por ciento que evitó mayor calamidad

Bastaron un par de tuits presidenciales de Donald Trump para colocar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la antesala de una auténtica crisis

LA COLUMNA
de El Diario
domingo, 09 junio 2019 | 06:00

Bastaron un par de tuits presidenciales de Donald Trump para colocar al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la antesala de una auténtica crisis. Debió recurrir su régimen a diversas medidas que develaron la desesperación, improvisación y falta de estrategia alguna para enfrentar al estadounidense.

Todo empezó como una tomadura de pelo –que de inocente no tiene nada– abriendo de par en par las puertas de México al sur. 

Provocó un colapso en garitas aduanales y de migración, y ocasionó una condición humanitaria de alto riesgo en la frontera norte. Fue la causa de todo. Entre los mayores afectados: habitantes y empresas de Chihuahua, Ciudad Juárez, El Paso...

En tropel, medio gabinete federal se apersonó sin cita previa en el Departamento de Estado norteamericano apenas soltó Trump la amenaza del arancel al cinco por ciento. Antes dejaron los funcionarios mexicanos la papa caliente de los migrantes básicamente a organizaciones humanitarias; autoridades municipales y estatales no tuvieron ni capacidad de albergue.

Apenas hubo sillas en los pasillos para la delegación mexicana en Washington. Debieron tomar turno hasta que el miércoles comenzaron negociaciones que no fueron otra cosa que cesiones mexicanas. Trump ya tenía contabilizados más de 130 mil migrantes ilegales en su territorio.

Marcelo Ebrard, el jefe de la delegación mexicana, debió esconder en el bolsillo su Face para que no se vieran los mensajes antitrump que hace tres años fueron ásperos y ácidos, en apoyo a Hillary Clinton, y que sin duda mermaron y seguirán mermando su capacidad de interlocución.

Ahora busca presentar junto con la Cuarta Transformación los resultados como un gran triunfo. Incluso, celebrado ayer en calles de Tijuana, exacerbando un patrioterismo arcaico, pírrico y ocioso. Es demoledora la opinión de los empresarios al respecto.

En los hechos, México está asumiéndose como tercer país seguro, con lo cual se obliga a recibir a decenas de miles de migrantes en tanto se resuelve su solicitud de asilo en los Estados Unidos. Es un obligado mea culpa que nadie puede negar.

Con ello Tijuana, Juárez y decenas de ciudades fronterizas deberán absorber a dichos migrantes, resolviendo problemas de salud, vivienda, empleo y educación, para lo cual no se encuentran preparados.

No existe un plan mexicano para hacer frente a tal estado de cosas, más cuando dichas ciudades han tenido que lidiar con el problema sin apoyo federal alguno. López Obrador incluso ha retirado fondos a municipios y estados, ahorcando la capacidad de maniobra financiera.

Los Estados Unidos dieron 90 días para revisar si el control migratorio y la recepción de migrantes del lado mexicano funciona, antes de pensar de nuevo en reactivar la caprichosa amenaza de aranceles, que les funcionó de maravilla y que en un tris hizo recular al Gobierno mexicano.

Trump, así como encendió la mecha, en un tuit perdonó la vida, cuando regresaba en el cómodo Air Force One a su país tras su anhelada gira por la madre patria, Gran Bretaña, Irlanda y Francia. 


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De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), específicamente la oficina del alto comisionado para refugiados en México, del 2014 a la fecha se ha incrementado en un 600 por ciento la migración a nuestro país proveniente de Centroamérica.

La violencia, mezclada con la pobreza, hace a México no sólo un país de tránsito hacia los Estados Unidos, sino también un país de destino. Sin embargo, México acepta sólo un 25 por ciento de las solicitudes de asilo o refugio.

Todos los demás migrantes cruzan desde Tapachula, una línea fronteriza al sur, y caminan miles de kilómetros hasta llegar a Tamaulipas, Chihuahua o Tijuana, en espera de cruzar la línea. Falta de alimento y riesgo por el acoso del crimen organizado.

En Tapachula, como en otros cruces donde hay controles mexicanos de migración, la autoridad ha sido rebasada. Se ha dejado rebasar en muchas ocasiones.

No hay controles, y cuando pretenden imponerse, simplemente son derribados por los cientos de migrantes que pasan por encima de los oficiales sin problema alguno. 

Por la fuerza nada, ha insistido el presidente López Obrador. Como consecuencia, México empezó a otorgar visas humanitarias, que sirvieron como autorización de tránsito por el territorio nacional hasta llegar a la frontera norte, donde colapsaron los servicios de atención a migrantes y hoy constituyen una población de decenas de miles de personas, muchos niños y mujeres, en condiciones infrahumanas.

Por miles en un solo día, los migrantes, entre quienes se encuentran chinos, haitianos incluso africanos, cruzan la frontera para ser detenidos e iniciar el trámite de solicitud de asilo humanitario en los Estados Unidos.

Obviamente el Gobierno norteamericano ha exigido mayores controles durante los últimos meses. Lo hizo con Peña Nieto y lo reiteró con Andrés Manuel.

Hace un par de meses la Aduana colapsó y se perdieron miles de millones de dólares en mercancía y procesos industriales, en una crisis que los gobiernos ignoraron olímpicamente durante semanas. Indolencia irresponsable. 

Todos esos saldos continúan sin ser recuperados. No hay quien asuma las consecuencias.

Todo porque los oficiales de aduana fueron asignados para atender a la oleada interminable de migrantes.

En este contexto, Trump cogió su smartphone y publicó los famosos dos tuits, unas decenas de palabras en inglés, que por fin hicieron reaccionar la comodidad, sonrisa y sarcasmo mañanero del presidente López Obrador, que minimizaba el asunto hasta que llegó la lumbre a los aparejos.


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El mitin donde la Cuarta Transformación cerraría filas con el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador tuvo ese objetivo de minimizar la cesión al presidente Trump.

Estuvieron anotados para asistir gobernadores de todas latitudes y signos partidistas, donde no hay repercusión migratoria alguna. 

Estaban planeados mensajes de optimismo por haber ahuyentado al lobo, que ni la cabeza había asomado.

Días antes el sector empresarial hizo sentir su opinión al respecto. Lo consideraron inútil y ocioso. Frente a ello propusieron un mayor activismo internacional. 

Para empezar, presentarse ante el G20, reunión que López Obrador ha evadido y ha dicho que sólo enviará una carta, que de poco o nada servirá.

Las siguientes semanas y meses serán prueba de fuego, porque los trámites de asilo en los Estados Unidos serán lentos y al final, sólo aceptarán a un reducido porcentaje.

Serán miles de personas las que deberán ser asimiladas del lado mexicano, donde los servicios de salud apenas atienden a los derechohabientes nacionales. Se necesitará vivienda y no refugios temporales en gimnasios o chozas de cartón y madera. 

Si no se emplean esas personas, serán víctimas del crimen organizado o ellos mismos delinquirán, como ya ha ocurrido en múltiples casos. Los veremos vendiendo droga y prostituyéndose, o asalariados como sicarios.

Hay un problema social y de seguridad latente detrás de la victoria pírrica de la transcurrida semana, que ni por asomo se alcanza a observar. Es pura y llana simulación.

Los gobernadores fronterizos agacharon la cabeza y no han advertido estas consecuencias, cuidando el timing político de ir en contra de una posición populista que se ha presentado como una salvación.

Es López Obrador el responsable de lo que ha ocurrido con la errática política en materia de migración.

Ni modo de echarlo en cara de Peña Nieto, que se convirtió en un objeto de decoración en Palacio Nacional y en Los Pinos.

López Obrador se montó sobre la Presidencia desde el día 2 de julio del año pasado. No sólo dirigió las negociaciones finales del Tratado Comercial con Estados Unidos, asumió de facto la política interna y exterior.

Impulsó una política de dejar hacer, dejar pasar, con la migración multitudinaria, que en su administración llegó a niveles sumamente preocupantes.

No hay otro responsable de esta crisis que él mismo, y su gabinete, que negocia sobre las rodillas un acuerdo; con envío de miles de efectivos al sur y la promesa de recibir migrantes como si se tratara de un tercer país seguro, que en los hechos lo será.

Habrá hoy y por algunos días más hacia dentro del partido en el poder, Morena, aplausos y fanfarrias que esconden el verdadero rostro de lo que viene.