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Opinión

El sueño que se convirtió en pesadilla; está de pensarse

Desde varios canales se escucha con júbilo la llegada de grandes inversiones por parte de la industria maquiladora presagiando un gran auge para esta ciudad

Elvira Maycotte
Escritora

miércoles, 03 agosto 2022 | 06:00

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Desde varios canales se escucha con júbilo la llegada de grandes inversiones por parte de la industria maquiladora presagiando un gran auge para esta ciudad. Y tienen razón, porque ofrecer condiciones aptas para que capitales extranjeros se establezcan no es fácil. Los nuevos desarrollos de industrias procedentes de Estados Unidos, Europa y Asia se darán tanto en la zona de Anapra como hacia el sur dando lugar a más de 50,000 empleos directos además de los indirectos. 

¡Una maravilla! Así parece, pero no acabo de convencerme.

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Después de la publicación de los resultados del censo del año 2000, un funcionario del IMIP hizo una declaración respecto a la situación laboral de la ciudad: aquí no trabaja quien no quiere. La tasa de desempleo apenas rebasaba el cero por ciento. Hace unos días esas mismas palabras fueron utilizadas por el Director del propio IMIP, cuando mostraba una situación muy similar en cuanto a la economía de la ciudad subrayando la necesidad de diversificar la economía puesto que los empleos que ofrece la maquila tienen salarios por demás bajos toda vez que el 78% de la población ocupada percibe entre uno y tres salarios mínimos.

Después de aquel año 2000 fuimos ejemplo de bonanza: los reflectores apuntaban hacia Ciudad Juárez por el empuje que gracias a nosotros tuvieron los indicadores a nivel nacional, pero el gusto nos duró muy poco; ya para el censo económico del 2004 no fuimos tomados en cuenta porque nos convertimos en un lastre. Entonces jalábamos los números, pero hacia abajo, y fue hasta 2009 cuando se logró recuperar el nivel de empleo que se tenía a principios del siglo XXI. Así de volátiles son estas cosas de la economía y más cuando se depende de una sola veta.

En aquellos años de bonanza se tuvo que “importar” mano de obra desde otros estados del país. Llegaban camiones principalmente desde Veracruz; si bien allá los contrataban para llegar, sí, con trabajo, eran alojados, como se documentó en aquel entonces, en una suerte de barracas mientras encontraban un lugar para vivir. Y lo encontraron en lo que conocemos como el suroriente, en las casas producidas en el marco de una política de vivienda fallida y voraz que ha todos ha acarreado dolores de cabeza y sumido a la ciudad entera en un rezago que no ha podido abatirse en veinte años. Cualquier tema social y urbano que se le ocurra, ahí tiene lugar en su versión negativa: ¿falta de equipamiento? ¿exclusión? ¿carencia de infraestructura? ¿inseguridad? ¿falta de servicios? Especulación del suelo, inequidad, crecimiento disperso, corrupción, venta de drogas… ¿qué más se le ocurre? Aquel sueño se convirtió en pesadilla que ha condenado a más de la cuarta parte de la población juarense a vivirla día tras día.

Luego vino el éxodo. Ante la falta de empleo para unos y el desencanto de otros ante el sueño que les vendieron, lo que vinieron de fuera y los que vivían en otros rumbos de aquí mismo en la ciudad regresaron a sus lugares de origen. El mismo gobierno de Veracruz enviaba aviones para “rescatar” a sus correligionarios de esta ciudad casi infernal. El paisaje fue -y es- desolador. La suma del éxodo y de la sobreoferta que surgió de la voracidad de los “desarrolladores” de vivienda, una cuarta parte de estas - más de cien mil- estaban abandonadas en 2010. Para 2020 unas cincuenta mil estaban en esta condición no tanto porque los programas de recuperación implementados hayan tenido éxito, sino porque han sido invadidas. 

Y ¿A qué viene esta historia? Precisamente para ello, para no olvidarla. Para preguntarnos, y respondernos ¿qué traerán consigo las inversiones que llegarán a nuestra ciudad? ¿las necesitamos? ¿Cuál es la otra cara de la misma moneda que hoy se nos presenta como un futuro prometedor?

Estamos viviendo lo mismo que hace veinte años y a punto de caer en la misma trampa. Ciertamente de acuerdo con la información disponible no necesitamos esos empleos que nos prometen, es más, se requerirá traer trabajadores de otros ámbitos del país que necesitarán lo que también hoy hace falta a muchos juarenses. Tampoco tenemos infraestructura para recibir a las empresas extranjeras: cualquiera que diga que tenemos agua y que la capacidad de la CFE es suficiente, miente. Se requeriría de fuertes inversiones adicionales a las que hoy se deben destinar para resolver la caótica ciudad que tenemos. No hemos sabido resolver los problemas que cargamos: ni siquiera contamos con transporte público decente, ¿escuelas? ¿hospitales? Daremos todo, otra vez, por apoyar al país y al Estado, y ¿con qué nos quedaremos? ¿A quiénes y a cuántos beneficia?

No digo que no, pero está de pensarse.

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