Opinión

El ser fronterizo (II)

'La frontera es el choque, es el encuentro de dos naciones distintas, con religión distinta, con raza distinta, con principios distintos, es el choque de dos civilizaciones', aseveraba Antonio J. Bermúdez

Iván González Ibarra
Historiador / Académico

jueves, 01 abril 2021 | 06:00

“La frontera es el choque, es el encuentro de dos naciones distintas, con religión distinta, con raza distinta, con principios distintos, es el choque de dos civilizaciones”, aseveraba Antonio J. Bermúdez, en una entrevista realizada por Óscar J. Martínez, en 1974 en la Ciudad de México.

Nacido en 1892 en la ciudad de Chihuahua, Antonio Jáquez Bermúdez debió emigrar a Ciudad Juárez a principios del siglo XX. Su educación transitó entre esta ciudad, El Paso, Texas y Los Ángeles, California.

Para 1927, Bermúdez ya participaba como socio en salones, bares y en una destilería de whisky, que envasaba Bourbon de Kentucky, bajo el nombre de “Waterfill & Frazier”, bebida producida en esta frontera.

Todo lo anterior ocurría durante la vigencia de la llamada “Ley Volstead”, una enmienda que entre 1920 y 1933 prohibió la elaboración, venta y consumo de alcohol en los Estados Unidos.

La leyenda urbana cuenta que Mary Dowling, dueña de la destilería en Kentucky, desarmó las piezas de su fábrica y las trasladó hasta Ciudad Juárez, en donde con ayuda de Bermúdez, comenzó a producir el muy apreciado producto desde México. Hasta ahora, no se sabe con exactitud si este producto terminaba en el mercado negro norteamericano.

Para la década de 1940, un Bermúdez más maduro y ahora alcalde de Ciudad Juárez, realizaba un cambio de discurso, distanciándose de la industria del entretenimiento nocturno y elevando un discurso moral y condenatorio de los vicios, y en particular, de la prostitución.

Hacia principios de 1960, don Antonio J. Bermúdez, había sido ya director de Pemex por más de una década, durante su gestión, fue fundada Ciudad Pemex en el estado de Tabasco. También había fungido por tres años como embajador de México en Medio Oriente, y participado como precandidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional.

Con esa basta experiencia, Don Antonio forjaría en 1961 el Programa Nacional Fronterizo (Pronaf), de la mano de su sobrino, el célebre empresario Jaime Bermúdez Cuarón.

En 1998, ante un grupo de estudiantes y docentes de la UACJ, Jaime Bermúdez, declaraba que la meta del Pronaf “consistía en cambiar el aspecto físico de las ciudades fronterizas”. Sin embargo, el objetivo iba más allá, pues no solamente se consideraba un remozamiento de la infraestructura urbana.

“En esa época habíamos un grupo de jóvenes, muchos de nosotros queríamos ver en Ciudad Juárez un cambio de su modus vivendi…vivíamos de cantinas, de restaurantes, de prostitución y de divorcios…”, aseveraba Bermúdez Cuarón ante un cautivado público universitario.

Aunque “conscientes” de la desventaja de nuestra frontera en relación con la industria  nacional, establecida principalmente en las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey. Estos empresarios juarenses, lograron que dentro del proyecto del Pronaf se incluyera un análisis de la consultora Arthur D. Little Inc., para realizar el estudio denominado “Posibilidades Industriales para Ciudad Juárez”.

En dicho análisis se documentó el “interés” que tenían algunas empresas maquiladoras de textiles en los Estados Unidos, de instalar “plantas gemelas” que funcionasen de manera paralela con sus similares al otro lado de la frontera.

La condición que solicitaban era la posibilidad de internar en territorio nacional sus insumos y estructuras para producir bienes que regresarían a los Estados Unidos a través de exenciones fiscales.

Así, surgió el Programa de Industrialización Fronteriza, un proyecto que impulsaría la instalación de la Industria Maquiladora de Exportación. ¿Cuáles fueron las repercusiones y beneficios de estos programas en nuestra ciudad?

ivanhistoriador5@gmail.com