Opinión

El ser fronterizo

Sin lugar a dudas todas y todos los que habitamos en Ciudad Juárez hemos recibido en algún momento, con infortunio, señalamientos de una ciudad fea, sucia, desorganizada y poco agradable a la vista

Iván González Ibarra
Historiador/Académico

jueves, 25 marzo 2021 | 06:00

Sin lugar a dudas todas y todos los que habitamos en Ciudad Juárez hemos recibido en algún momento, con infortunio, señalamientos de una ciudad fea, sucia, desorganizada y poco agradable a la vista.

Por un lado, están aquellos que señalan un severo atraso en el transporte público, así como un mal estado de las vialidades o, la inexistencia de éstas, también la escasez de áreas verdes y recreativas y como cereza del pastel, una grave situación de inseguridad pública.

Ante este desolador panorama, las autoridades de todos los niveles de gobierno, han hecho esfuerzos aislados para combatir el grave rezago urbano, cultural, económico y social de la región.

Entre esas acciones se cuentan: la construcción de plazas públicas, el establecimiento de grandes y pequeños monumentos (que intentan otorgar una identidad fronteriza), y un fomento económico a la Industria Maquiladora de Exportación, dejando de lado la ampliación de servicios de salud, educativos y la mejora en las condiciones de vida.

Por eso es que se hace necesario preguntarnos, ¿cómo se explica nuestra frontera?, desde nuestra perspectiva como habitantes y desde la dimensión que se muestra a sus visitantes. Para contestar dicha pregunta, valga revisar ciertas precisiones actuales y de nuestro pasado inmediato.

La frontera entre México y Estados Unidos es por sí misma un espacio de violencia simbólica. Pues aquí, en la antigua Paso del Norte, confluyen y chocan diferentes culturas, estructuras políticas asimétricas y sistemas económicos divergentes.

La frontera juarense es hoy, un lugar en el que conviven la anarquía y el desorden social, con el desarrollo y el crecimiento económico.

Aunque pudiésemos remontarnos hasta la formación de la frontera en 1848, el breve espacio y el formato aquí provisto no lo permite. Por eso es que considero necesario situar solamente algunos hechos trascendentales, desde la segunda mitad del siglo XX, hasta nuestros días.

Para 1940, y bajo el auge del Tratado binacional de trabajadores huéspedes, mejor conocido como “Programa Bracero", en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Ciudad Juárez sufrió un auge demográfico sin precedentes.

Aunque el conflicto bélico culminó para 1945, la urgencia de trabajadores agrícolas y de mano de obra barata en el suroeste norteamericano, promovió y sostuvo una migración constante desde los estados de Zacatecas, Coahuila, Durango y Michoacán.

Las redes que formaron estos migrantes, les permitieron establecer a sus familias en esta región, mientras ellos trabajaban en el campo norteamericano. Otros más, que habían sido deportados, prefirieron establecerse aquí, y acogerse como juarenses y fronterizos.

En ese contexto surgió un sincretismo cultural, reflejado en la figura de Germán Valdés, "Tin Tan”. Personaje adoptivo de esta ciudad, “Tin Tan” saltó a la fama nacional, como el pachuco de oro, un personaje cómico, con un alto grado de influencia cultural norteamericana.

De esta forma, la cultura chicana se concretó en el lenguaje, la vestimenta y las formas de vivir, asimilar y resistir el espacio fronterizo.

Para 1960, Ciudad Juárez se perfiló como un espacio de entretenimiento nocturno que integró bares y salones de baile como el famoso Noa Noa, en el que habría de debutar otro juarense adoptivo: Juan Gabriel. Así, se conoció a la frontera norte como un lugar de diversión y de tolerancia.

En esta etapa, la ciudad también se convirtió en la “meca” de los trámites de divorcio express, recibiendo a estrellas de cine y a otras figuras de la sociedad norteamericana que buscaban anular sus uniones civiles, aprovechando las facilidades legales.

Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuela, pues al finalizar el “Programa Bracero”, miles de trabajadores fueron deportados y otros más quedaron desempleados.

Sumado a esto, nuestra ciudad sufrió un grave descenso en la actividad agrícola, así como la disminución del turismo nocturno, que se sostenía con los soldados apostados del otro lado de la frontera.

Ante la grave situación, un reconocido empresario local buscó una nueva vocación económica, social y cultural para Ciudad Juárez, otorgando inclusive una primera oportunidad de empleo a quienes hasta ese momento, habían estado relegadas a las labores del hogar.

Continuará…