Opinión

El señor López va a Washington

De seguir las cosas así, el panorama para México en su relación con Estados Unidos no es el idóneo

Sixto Duarte
Analista

martes, 30 junio 2020 | 06:00

Una de las películas que pudiera contar dentro de mi “top 5” de favoritas de todos los tiempos, es “Mr. Smith goes to Washington”. Esta película, filmada en 1939, narra la historia de Jefferson Smith, un joven idealista -y un poco ingenuo- que por azares del destino termina siendo nombrado senador por su Estado (a raíz del fallecimiento del titular), y llega al Capitolio. La película viene a narrar el juego sucio de la política, describiendo los golpes bajos y marrullerías que se dan en un ambiente como ese, y cómo un joven con buenas intenciones como Smith, tiene que enfrentar ciertas resistencias para poder lograr lo mejor para su Estado. La frase “Mr. Smith goes to Washington” se ha utilizado recurrentemente en la prensa norteamericana para describir la gestión y cabildeo que diversos actores realizan ante el gobierno norteamericano.

En el caso concreto, la semana pasada nos encontramos con la noticia de que es el presidente Andrés Manuel López Obrador, el que va a Washington. López Obrador expresó desde campaña que viajaría poco al exterior, dando así un pésimo mensaje al mundo, de un presidente que no viaja al exterior, quizá para comer quesadillas y sopes en sus viajes por la República. Después de haber faltado a Davos, a la cumbre del G-20 en Osaka, Japón, y a la de la Alianza del Pacífico, el presidente por fin saldrá de México. Creo que esto sería buena noticia, de no ser porque la motivación real detrás de este viaje es la profunda sumisión del gobierno mexicano a los mandatos del presidente Trump.

Hacía apenas unos días, y ante la pregunta expresa de la prensa, el gobierno mexicano había declarado que no se tenía pensado viajar a Washington. Fue cuestión de que Donald Trump en un evento de campaña declarara que López Obrador viajaría a Estados Unidos para reunirse con él, para que inmediatamente el gobierno mexicano aceptara la “invitación”. La forma es fondo, decía Reyes Heroles, y en el presente caso, la forma dejó en claro que un chasquido de dedos de la Casa Blanca es todo lo que se necesitaba para que el presidente viajara por primera vez al exterior desde que inició su mandato.

Uno de los temas que más le critiqué al gobierno de Enrique Peña Nieto fue el hecho de que invitara a Los Pinos al entonces candidato republicano Donald Trump. El tratamiento que se le dispensó fue el de un jefe de Estado, y si bien el tiempo terminó por darle la razón al gobierno mexicano (en el sentido de que apostaron por quien ganó la elección), lo cierto es que no queda claro qué beneficio directo trajo para México dicha acción. Trump ha sido en el discurso, el presidente que más ha golpeado la imagen de los mexicanos en Estados Unidos. Además del discurso antiinmigrante que reiteradamente utiliza, la amenaza de la imposición de aranceles a las importaciones provenientes de México, si México no se convertía en el muro de los migrantes centroamericanos (en contra del discurso a favor de los centroamericanos que tradicionalmente había sostenido la “izquierda” en México) fue un agravio y una humillación pública.

Ahora, a pesar de que no ha habido una sola señal positiva del gobierno de Trump para México, el presidente deja todo lo que está haciendo (que de todos modos no parece mucho) y se lanza a la capital norteamericana. El motivo de la reunión no parece ser del todo claro, pues al parecer sería para celebrar la entrada en vigor del T-MEC. López Obrador, a su vez, invitó al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, sin que a la fecha se haya confirmado su asistencia. Nuevamente, falta de formas.

Como se ha comentado, parecería que con la visita de AMLO a DC, Trump esperaría rescatar algo del voto latino para las elecciones que se aproximan en noviembre. No me queda claro el impacto que tendría López Obrador en la comunidad Méxicoamericana, pero de cualquier forma se está prestando al juego electoral de Trump. En este sentido, como habría expresado el académico del ITESO, Juan Alberto Salinas, con la visita de López Obrador se generará una molestia en los demócratas. Si la visita, es en realidad una visita de Estado, López Obrador debería a su vez visitar a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ya que no puede visitar directamente al candidato demócrata Joe Biden. De esa forma, la visita de Estado no se prestaría a malas interpretaciones en el sentido de que la motivación fue electoral. De seguir las cosas así, el panorama para México en su relación con Estados Unidos no es el idóneo: de ganar Trump, seguirá el discurso golpeador contra México; y de ganar Biden, quizá haya algo de rencores por el desaire que están por hacerles.