Opinión

El semáforo loco, placebo de la pandemia

El gobernador Javier Corral nos sigue dorando la píldora con medidas paliativas que en nada resuelven el problema de salud pública más trágico de los últimos 100 años

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 25 abril 2021 | 06:00

No hemos aprendido nada en el último año. El gobernador Javier Corral nos sigue dorando la píldora con medidas paliativas que en nada resuelven el problema de salud pública más trágico de los últimos 100 años: el Covid-19 (y las nuevas cepas). 

En pocas palabras, no saben qué hacer, pero algo tienen que inventar, lo que sea, con tal de ocultar su ineptitud. En lugar de buscar soluciones, les gusta provocar el caos. “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Lo que hace el Gobierno estatal con el “supercierre” es como meter la basura debajo de la alfombra.

Las estrategias (falsas) sanitarias sirven más en el ajedrez político para distraer de lo importante; hay dos “casualidades” aquí que no se pueden pasar por alto; la primera es que el miércoles pasado se dio a conocer que Juárez regresó al ranking de las ciudades más violentas del mundo y, la segunda, son las elecciones en curso y el proceso electoral local que comienza el 28 de abril. ¿Es coincidencia que el “supercierre” se lleve a cabo estas dos semanas? No lo creo.

Evidentemente, se trata de una estrategia política. Corral se aferra al poder como un dictador, quiere mantenerse en la mesa de la sucesión a como dé lugar. Sin embargo, todos lo quieren fuera, inclusive los mismos panistas lo aborrecen y, a nivel nacional, ya piensan en expulsarlo. Es el síntoma de la fiebre que les da a los autoritarios cuando están a punto de perder el poder.

En ese escenario, casualmente activan una medida drástica de cierre -justificada por la pandemia- que causará pérdidas millonarias en los comercios locales. Pero eso no importa, bien vale la pena otra puñalada a la economía, con tal de alcanzar los fines político-electorales que persigue Corral desesperadamente, bajo la premisa de “aquí sigo mandando yo, no lo olviden”. 

Pueden decir misa, la realidad es que la pandemia es una ruleta rusa. Una persona puede estar encerrada en su casa a “piedra y lodo” pero, necesariamente, en algún momento tendrá que recibir una lata de comida y, con muy mala suerte, esa lata puede ser el vehículo para contagiarse de Covid-19 y morir. No se sabe. Otra persona podría estar expuesta en un foco de infección -como un hospital- y no contagiarse por buena suerte. Así es la vida, “unos corretean la libre y otros la alcanzan”.

Regresando a Chihuahua, no existe una prueba científica que demuestre la efectividad del “supercierre” impuesto por el gobernador Javier Corral. Peor aún, ni siquiera sabemos si la amenaza que nos han relatado es real, ¿quién le discute al gobierno los datos que presenta? Nadie.

Esto es ridículo, pasamos del uso político de la pandemia a un abuso de la emergencia para fines electorales. Y nadie dice nada. Pero debemos preguntarnos ¿quién está ganando y quién pierde restando días de campaña por las autoritarias medidas sanitarias?

Lo más absurdo. Como si fuera una gran indulgencia, ahora nos dicen que el “supercierre” servirá para no llegar a otras medidas más extremas. Es el dilema del golpeador que reprime para corregir la conducta. Significa hacer un mal para lograr un bien en la cultura cristiana. Pero la ecuación es falsa, encerrarnos dos días no servirá de nada, no hay forma científica de probar la efectividad de esta medida.

Y, cada vez que el gobierno prohíbe algo provoca un mercado emergente en la clandestinidad. Así, si se cierran los restaurantes, la gente se va a reunir en sus casas. Y no hay decreto, ni policía, ni “célula-Covid” que pueda evitarlo.

Otra cuestión. Que quede claro, no nos están haciendo un favor con el “supercierre”. Es demagogia pura y una medida autoritaria que no pretende resolver el problema. Javier Corral está haciendo lo mismo de siempre: aprovechar las circunstancias para distraer a la opinión pública y patear el bote para enfrente.

El gobierno nos está engañando de nuevo diciendo que estos cuatro días de restricciones de movilidad son necesarios, pero ocultan la verdadera tragedia de salud. 

¿Por qué no hablan de que en el último año no se han preocupado por aumentar la capacidad instalada de los hospitales (lo que llaman “camas-covid”)? ¿Por qué no dicen nada sobre la absurdamente baja tasa de vacunación, que además es la más lenta del país? ¿Por qué no implementan las pruebas de Covid y que, al contrario, cada vez son menos en Chihuahua? De eso no dicen ni pio. Este es el verdadero diagnóstico.

Además, no existe seguimiento, ni siquiera un padrón de quiénes sobrevivieron al Covid. Solo se están contabilizando los infectados y los muertos. Eso no sirve de mucho.

En la pandemia más brutal de los últimos 100 años, no hay ni un gramo de inteligencia, solo hay falsas corazonadas. No debemos conformarnos con eso. Durante 14 meses han cometido error tras error y hoy no es la excepción. Están sacrificando la economía sin sentido. El costo millonario de cerrar los negocios se suma a una larga anemia económica, han golpeado sin compasión a los comercios, es especial al gremio de los restaurantes.

Los cierres son placebos irracionales, porque la única premisa que cumplen es que la gente se quede en su casa. Evitan los puntos de reuniones como restaurantes o bares, pero generan otros puntos de reunión en las casas. Por lo menos en los establecimientos hay las medidas mínimas (revisar la temperatura, uso del cubrebocas, gel antibacterial y un aforo permitido). Al contrario, en la mayoría de las fiestas en casa todo eso se omite. Eso es lo más irracional.

Por todas estas razones, el semáforo está loco, ni siquiera cuentan ya los colores como lenguaje universal, este semáforo epidemiológico está manipulado para simular un placebo contra la pandemia.