Opinión

El Rey desnudo

No hay nada peor para quienes detentan el poder que dejarse encerrar en la burbuja que construyen a su alrededor sus más cercanos colaboradores

Francisco Ortiz Bello
Analista

domingo, 14 noviembre 2021 | 06:00

No hay nada peor para quienes detentan el poder, ya sea público o privado, que dejarse encerrar en la burbuja que construyen a su alrededor sus más cercanos colaboradores, con dolo o sin él. Esta cubierta invisible –pero poderosa– suele convertirse en la más grande maldición que, invariablemente, termina por causar la pérdida del poder y reduce el liderazgo a cruel burla.

Hay una fábula, o cuento, muy conocida atribuida al escritor danés Hans Christian Andersen; aunque dicho cuento bien podría tener origen en la historia del infante Don Juan Manuel, en su libro “El Conde Lucanor” (capítulo XXXII) allá por el siglo XIV. El caso es que la historia se acomoda muy bien a los hechos que quiero plantear para su análisis.

Relata el cuento que dos sujetos urdieron la forma de sorprender y estafar al rey de una comarca haciéndole creer que ellos le podían confeccionar un traje con las telas más suaves y brillantes, con hilos y botonadura de oro, para lucir mejor que nunca, pero a cambio de que el rey les proporcionara todo el dinero necesario para adquirir los materiales requeridos. Dejaron bien entendido que tales prendas sólo era posible verlas por aquellas personas que realmente fueran hijos de quienes todos creían que era su padre, y solamente aquellas personas cuyos padres no eran tales no serían capaces de ver la prenda.

El rey, vanidoso y ambicioso de poder, accedió a las peticiones de los supuestos sastres pero, desconfiado, los mandó espiar. Dos de sus más cercanos colaboradores se dieron a la tarea de vigilar el trabajo de los modistos, mas no podían ver el traje ni las telas, aunque observaban que aquellos se afanaban en su elaboración. Creyendo no ver el traje por aquello de que no eran hijos legítimos y, para evitar la vergüenza, llegaron con el rey a decir que el traje era magnífico y se deshicieron en elogios a la calidad del mismo.

Llegado el momento de colocarse las prendas, los sastres se encargaron de “vestirlo” y ponerlo frente a un espejo, ante los integrantes de la corte de mayor confianza. Al ver, sin embargo, su imagen reflejada en el espejo, él se miró desnudo; no obstante, sabedor de la característica mencionada por los sastres y recordando las palabras de sus espías, para evitar una vergüenza mayúscula al descubrir que no era hijo de su padre, el rey actuó como si realmente modelara el mejor de los trajes y alabó hasta el cansancio su belleza.

Los cortesanos que acompañaban al rey, víctimas de la misma alucinación, también se deshicieron en alabanzas para el vestido a pesar de que ninguno de ellos era capaz de verlo. Y es que, conocedores todos de la cualidad del mismo –de que sólo aquellos que fueran hijos verdaderos de quienes creían sus padres–, solamente ellos serían capaces de contemplar el atuendo, y no queriendo nadie reconocer tal afrenta todos callaron y todos afirmaron, desde el rey hasta el último de los criados.

Así, llegó el día en que el rey, “vistiendo” su hermoso y caro traje, salió a las calles de la comarca a presumir su adquisición. Orgulloso y vanidoso se contoneaba caminando entre el pueblo, quienes también lo veían desnudo; nadie se atrevía a decirle la verdad, so pena de exhibirse como hijo ilegítimo.

Así paseaba el rey presumiendo la rara prenda, hasta que un pequeño al verlo gritó: “el rey va desnudo”, lo que era verdad y el niño, en su inocencia e ignorancia naturales de su edad, sólo dijo lo que percibía. Ese grito despertó las conciencias de todos y abrió los ojos del rey quien, enfurecido, mandó a buscar a los mentirosos sastrecillos, pero éstos ya habían huido con el dinero y las joyas que recibieron a cambio de su “trabajo”. Hasta aquí el relato.

Bueno, el cuento viene a cuento –valga la redundancia por el juego de palabras– porque hoy ocurren cosas en la presidencia municipal que hacen ver que existen “sastrecillos mentirosos” y “cortesanos” dispuestos a crear una burbuja alrededor del presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar, y no lo digo por su inexplicable afán de vestir de mezclilla aun en eventos formales y de importancia, finalmente es su estilo y eso lo marca, sino por situaciones y aspectos de mucho más fondo y relevancia. Lo del cuento de Andersen es sólo metáfora análoga a la realidad.

Empecemos por la Dirección de Promoción Económica donde su titular, Iván Pérez, decidió invertir recursos públicos –escasos, por cierto– para contratar una serie de conferencias, pláticas o cursos que imparten técnicas de ventas y marketing a empresarios o microempresarios, lo que claramente es una invasión innecesaria de esferas y atribuciones: los comerciantes y los empresarios sí requieren apoyos de la autoridad municipal, pero no en esa área, regularmente cubierta de forma más adecuada por las cámaras y universidades, sino más bien en verdaderos y efectivos apoyos para abrir más rápido un negocio, para agilizar trámites como la licencia de funcionamiento o construcción, dictámenes de protección civil, autorizar más zonas de desarrollo comercial e industrial, quitar cargos o rezagos en predial y otros derechos; en fin, en cosas mucho más tangibles que están más relacionadas con la responsabilidad de la autoridad y que impactan mejor en el sector. Cursos de ventas impartidos por el Municipio es como pretender enseñarle a hacer mesas al carpintero.

Y qué decir de la actitud tibia, indiferente, “pasalona” (parafraseando al alcalde), de su Director de Servicios Públicos, Ernesto Guevara, ante el flagrante incumplimiento de PASA con la recolección de basura, que si no es por los regidores del PAN hubiera pasado como si nada. ¿Le habrá dicho Guevara al presidente municipal que todo estaba bien? ¿Será el funcionario un “sastrecillo” que pretende engañar al alcalde?

En otros casos que encienden luces rojas de alerta, recientemente en La Columna se abordó el cese de César Ávalos Zamora en la Dirección de Atención Suroriente por malos tratos y abusos contra el personal, haciendo valer una supuesta influencia de Víctor Valencia Jr. Ahí mismo, en esa dependencia, se desempeña como coordinadora administrativa Amairany Mijares Villa, quien el pasado siete de octubre del presente año, alrededor de las 3:30 de la tarde, conduciendo un vehículo Malibu (en completo estado de ebriedad de acuerdo con los reportes de vialidad), arrolló a Luis Alberto Méndez Rentería, un hombre de 46 años de edad quien, por las lesiones recibidas perdió la pierna derecha, sin que hasta el momento se haya hecho responsable por el accidente. Se cobija en la impunidad de las influencias de su cargo. ¿Nadie le informó de esa situación al alcalde? Alguien debería hacerlo.

Pero quizá lo más grave sea lo que está ocurriendo con altos funcionarios del gabinete municipal, que tienen fuertes conflictos de interés entre sí. De acuerdo a la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, el Código Municipal del Estado de Chihuahua y el Reglamento interior del Municipio de Juárez, no puede haber consanguinidad entre un funcionario de elección popular (como un regidor, un alcalde o un síndico) y un funcionario público cuando hayan ingresado a laborar al mismo tiempo en una administración pública. Recordemos el caso de la entonces regidora Mireya Porras Terrazas, en 2013, cuando tuvo que pedir licencia a su cargo ya que su prima, Adriana Terrazas Porras, se desempeñaba en la Dirección de Desarrollo Social. Las dos no podían estar en la misma administración porque la Ley lo impide.

Bueno, pues en la actual administración morenista hay, al menos, dos casos iguales. El regidor Antonio Domínguez Alderete, quien por cierto presume a voz en cuello ser el regidor más joven del Ayuntamiento, es hermano de Andrés Domínguez Alderete, que se desempeña como director de Atención Ciudadana Suroriente del Gobierno Municipal, y también el parentesco que existe entre la Síndica Municipal, Esther Mejía y el Director de Protección Civil, Roberto Briones, quien es sobrino de la primera, ambos casos violentando abierta y flagrantemente las disposiciones legales mencionadas sobre la imposibilidad de pertenecer a la misma administración municipal.

Varios temas y asuntos que, si no se atienden adecuadamente en el momento, se convertirán en bola de nieve que después será imposible detener y, en su caída por la pendiente arrastrará todo lo que a su paso encuentre. Resulta por demás extraño que ningún otro medio de comunicación haya reparado en estas situaciones e irregularidades.

Aquí está la información, aquí están los datos, para que después no vaya a andar el alcalde por ahí, desnudo, caminando plácidamente por la calle, creyendo que lleva puesto un caro, lujoso y exclusivo traje.

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