Opinión
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El reto de convencer que no fue engaño

De ese encuentro dominical de Morena en tierra por excelencia chilanga surgió nada más y nada menos el nombre de quien podría convertirse en sucesor de Corral, Juan Carlos Loera de la Rosa

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 27 diciembre 2020 | 06:00

Así como en Palacio de Gobierno Javier Corral se cree dueño del futuro de Chihuahua y pretende decidir la gubernatura por los próximos seis años, así en una mesa de Morena en la Ciudad de México se reunieron el domingo pasado una veintena de personajes encabezados por el dirigente nacional de ese partido, Mario Delgado, que tomaron también decisiones sobre el gobierno de Chihuahua para el 2021-2027.

Como en la llegada del hombre a la luna todo el mundo estuvo pegado al televisor en blanco y negro, esta vez la clase política estatal, los opinadores y los medios informativos chihuahuenses, sin excepción, combinaron el desayuno dominical con los periódicos digitales, las redes sociales y los números telefónicos de sus “contactos” en México para conocer en tiempo real el infartante desenlace de ese microencuentro con repercusiones en los más de tres millones y medio de habitantes del estado más grande de la República.

Esa reunión fue fundamental para el porvenir de Chihuahua. Entre finales del 2015 y principios del 20216, desde encuentros aún más pequeños y más secretos registrados también en la Ciudad de México fue producido como candidato el atroz virus llamado Javier Corral Jurado y después colocado como gobernador; a la larga de cuatro años y un poco más, a solo ocho meses y fracción de concluir su régimen, convertido tristemente en uno de los peores gobernadores que tenga registrados la historia política de la entidad.

Todas las materias de gobierno presentan reprobación miserable bajo su rienda, empezando por las finanzas quebradas, la inseguridad con casi 10 mil asesinatos en los cuatro años; la salud en estado grave desde antes de la pandemia SarsCov2, la economía sostenida solo por la inversión extranjera y algo de agricultura en las grandes extensiones de riego, la educación en crisis...

Es importante tener en mente la realidad actual y algo del contexto cronológico que le dio origen para observar con todo el rigor que amerita el desarrollo interno en los partidos políticos de cara precisamente a su nueva etapa de designación de candidatos.

Un error como el cometido con Corral implicaría ya no una regresión de 11 años, juntando su período con los seis de César Duarte, sino de 17.

17 años de mal gobierno serían insoportables.

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De ese encuentro dominical de Morena en tierra por excelencia chilanga surgió nada más y nada menos el nombre de quien podría convertirse en sucesor de Corral, Juan Carlos Loera de la Rosa, conocido bastante en Chihuahua, primero por su relación amistosa desde el 2006 con Andrés Manuel López Obrador y prácticamente desde diciembre del 2018 como subdelegado de programas federales en el estado.

Superdelegado, se le llamó por ser colocado al frente del Gobierno federal en la entidad. Ahora es diputado federal solo en espera de formalizar legalmente su postulación para gobernador en los órganos electorales respectivos.

Sus virtudes y sus capacidades administrativas pueden ser ya evaluadas por los chihuahuenses justo tras los dos años al frente de la oficina que le encargó el presidente de la República. Ha logrado delimitar ya con claridad su distancia de la catástrofe dejada por Corral.

La revisión toca este domingo entonces al desafío que implicará tanto para él, para su partido y para el equipo que obtuvo su nominación, convencer a la sociedad que la postulación nació del resultado genuino de la encuesta y no de un dedazo perfectamente mal disimulado. El reto es legal y es político.

Es legal porque, de inicio, uno de los participantes en la encuesta, el senador Cruz Pérez Cuéllar, ha decidido inconformarse por la designación ante los órganos electorales.

Esto significa que Loera no quedará en firme como abanderado hasta que dichos organismos jurisdiccionales definan que la aplicación del método, efectivamente, favoreció o no al exsuperdelegado.

Es mayormente político el desafío porque de manera generalizada ha quedado la sensación que intervino agradecida la mano presidencial en favor del candidato designado por al menos dos décadas de lealtad e indudable patrocinio campañero.

El resultado no fue aceptado por la mayoría de los reunidos el domingo pasado. Ellos llegaron ingenuamente convencidos que la encuesta era real. Imposible creer en la autenticidad de las promesas política pero Martín Chaparro, Armando Cabada, Pérez Cuéllar, Víctor Quintana, Carmen Almeida, Bertha Caraveo y el propio Rafael Espino, llegaron a “la sala de juntas” de la dirigencia nacional de Morena, convencidos que sería adelantado Santaclós con un resultado genuino.

Así se los hicieron saber a lo largo de todo el proceso líderes del partido guinda como el senador Ricardo Monreal, Yeidckol Polevnsky, el doctor Ramón Enríquez Herrera y muchísimos otros.

Sabemos que la precandidata Carmen Almeida fue la primera en saltar de su silla, incrédula por el anuncio sobre el ganador. Leyó algunos párrafos de un libro sobre los liberales intentando que su reflexión provocara algún cambio. La decisión estaba tomada.

Martín Chaparro tampoco reconoció el dictamen, pero sobrepuso su responsabilidad institucional como líder de Morena que ha sido en Chihuahua. Solo pidió a Juan Carlos desaparecer lo que llamó “exceso de soberbia”.

Víctor Quintana se dolió profundamente por haber sido excluido de la encuesta sin avisarle. Para conseguir el vuelo a la Ciudad de México debió ir primero a Tijuana. Ninguno de sus ruegos fueron escuchados.

El único en felicitar inmediatamente a Juan Carlos fue Rafael Espino. Lo calificó como hijo del movimiento Lópezobradorista. “A darle. Felicidades güey”.

Creen varios morenistas que el consejero de Pemex era el único que conocía la decisión desde la noche del sábado. Igual que Loera viene con AMLO desde iniciadas las primeras aventuras electorales por la Presidencia, entre 2005 y 2006. No está como para siquiera poner en duda lo que se ha convertido en amistad. Disciplina al estilo PRI o al estilo monarquía. Sí, y a darle...

El independiente alcalde de Juárez, Armando Cabada, tampoco estuvo de acuerdo en el resultado, pero externó su agradecimiento porque le hubieran permitido participar. Después de la designación hizo circular un “posicionamiento” declarándose libre para sus movimientos políticos siguientes, de cara al 2021.

La historia de Pérez Cuéllar durante ese encuentro es conocida parcialmente. Las versiones públicas no contemplan las palabrotas intercambiadas con los asesores de la dirigencia nacional de Morena que presentaron los resultados.

“No insultes mi inteligencia; esto es una m...”, dijo el senador a uno de ellos que le habló de “rigor técnico” en el sondeo.

Cruz les dijo durante la reunión lo mismo que “diré afuera”. Extendió sus gracias por los dos años que ha trabajado en el partido guinda, pero advirtió que no apoyará a Loera de la Rosa porque “quedó muy lejos de los resultados reales”. No aceptó el resultado. Ahora la historia es conocida, impugnó.

Tras el portazo, el senador abandonó sin terminar la reunión y dejó literalmente enmudecido de coraje al presidente nacional de su partido, Mario Delgado. Recuperó este el habla solo para decir a los restantes que le dolía mucho el malagradecimiento de Pérez Cuéllar precisamente por las “oportunidades que le ha brindado Morena” en su organización.

Morena y Loera deberán ahora remar contra corriente en el poco tiempo restante para iniciar la campaña constitucional.

Al interior del partido sin duda se impondrá la disciplina, más aún cuando el grueso de las fuerzas vivas guindas vienen como coequiperos al lado del nominado desde su fundación, incluido el primer morenista del país, el presidente.

Falta ver cómo toman al exterior los electores la decisión en esa candidatura y si queda tiempo para modificar el estado de cosas adverso en la capital Chihuahua, otras zonas del centro y sur del estado, donde el conflicto por el agua mermó considerablemente al Gobierno federal. Todavía hay agricultores presos catalogados como terroristas.

El desafío, insistimos, es monumental; tan grande, que si Loera se descuida un centímetro no llega a la campaña constitucional ni con todo el poder de Palacio Nacional.

Así se observa la radiografía.