Opinión

El Rector no tiene quién le escriba

Comprometido con mi Alma Máter, no podía callarme lo que hoy ocurre en nuestra máxima casa de estudios

Rafael Soto Baylón
Analista

jueves, 11 noviembre 2021 | 06:00

Chihuahua— Comprometido con mi Alma Máter, no podía callarme lo que hoy ocurre en nuestra máxima casa de estudios. Conocí a Luis Fierro cuando él era estudiante de Letras Españolas y yo maestro de Filosofía. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua llegamos a coincidir en cursos para profesores y alumnos. Ya mostraba signos de ser extremadamente férreo en la defensa de sus ideas. Después trabajó en la Secretaría General de la Universidad, posteriormente fue nombrado secretario administrativo de la FFyL y de ahí brincó a la dirección. Nadie votamos ni a favor ni en contra porque el Reglamento de Elección de Directores ordena que si sólo hay tres candidatos las urnas salen sobrando. Así fue que el señor Fierro llega sin compromisos porque no le debió el puesto sino al rector en turno.

No es el primer director de FFyL que haya aspirado a la Rectoría. En sus tiempos lo fueron Gaspar Gumaro Orozco (+), Luis Nava Moreno y Luis Javier Ramírez Santoyo. Alcanzó la Rectoría gracias al cambio de fecha para la elección, el vacío de poder que se respiraba porque César Duarte seguía siendo el gobernador pero con su candidato derrotado ya no tenía la influencia sobre la sucesión rectoral y Javier Corral, gobernador electo, tampoco podía intervenir porque aún no asumía el cargo. Cabe mencionar que Luis Fierro realizó acciones para quedar bien con el gobernante en turno: a Duarte lo nombró padrino de la generación de licenciaturas de las carreras de FFyL y a Berta Gómez -su esposa- madrina de la maestría en periodismo. Cuando Corral tenía las riendas de Palacio, con el objetivo de adular a la consentida del mandamás hizo que la Universidad entregara la Medalla al Mérito Universitario a Lucha Castro.

Desde el inicio de su gestión, se aferró a un modelo educativo que francamente nadie entendía. Se crearon grupos de las distintas carreras universitarias para que lo aprobaran sí o sí. Cuando conocí el proyecto le indiqué tanto a Luis como a Armando Villanueva, director de Filosofía y Letras, a uno de los más allegados a Fierro, Ramón Olvera y al propio responsable del proyecto Moisés Basurto, que no estaba claro a dónde querían llegar. “Es que tú estás en contra de los cambios, eres un dinosaurio” me decían. Mentira, era secretario académico cuando modificamos el programa de las carreras de FFyL durante la gestión de Enrique Macín (+) pero bajamos el proyecto a las academias, a los egresados, a los estudiantes y todos quedamos satisfechos. A Ramón le decía que no era posible aumentar dos años de preparatoria “Es que los estudiantes ingresan a la UACH sin saber leer, sin entender los principios básicos de la investigación y sin conocer la esencia fundamental de lo que es una institución de educación superior”. “Es falso, le respondí, es verdad que algunos estudiantes ingresan a la Universidad con deficiencias pero son los menos. Es sencillo, no los aceptes con base al examen de admisión y listo”.

La cerrazón. Los responsables de la crisis que enfrenta la Universidad son el rector, que no escucha, no entiende razones y desestima lo que no entiende. Los siguientes son sus directores de área que no fueron capaces de detener un cambio tan radical, absurdo e incompleto. Directores de las Facultades que vieron en peligro su puesto si se atrevían a contradecir a la máxima autoridad. No son pocos los profesores que se opusieron pero se vieron superados por el poder del rector. Ha de ser muy triste que Luis vea que el “trabajo” de cinco años se derrumbó; que su modelo no sólo no sirve sino que afectará a miles de estudiantes. El prestigio de la UACH está por los suelos. 

Por qué Luis tomo este tipo de decisiones. Porque no tiene experiencia académica. No ha sido, como decía Pancho Flores, “Compañero del pizarrón y del gis universitario”. Sólo tiene práctica administrativa y cayó en el octavo pecado capital: la necedad. Y serán alumnos que ya están inscritos en la UACH quienes paguen los platos rotos. Debería renunciar y someterse a un juicio universitario.

Mi álter ego recuerda las palabras del filósofo Immanuel Kant “El sabio puede cambiar de opinión; el terco, nunca”.  

close
search