Opinión

El que las mujeres ocupen puestos políticos no es garantía de nada

Este artículo está escrito desde una perspectiva balanceada, tomando a ambos sexos, a la par, y ubicándolos donde deben de estar, ambos con virtudes y defectos, como cualquier persona

Erasto L. López
Analista Ciudadano

jueves, 18 noviembre 2021 | 06:00

El que las mujeres lleguen a ocupar puestos de poder no es garantía de nada; tampoco lo es el que los hombres los ocupen. Desde hace mucho tiempo, las personas que han llevado al extremo la supuesta “lucha de sexos” han expuesto ideas contrarias: por un lado, que las mujeres son mejores para gobernar y administrar; y por el otro que los hombres son mejores, por los siglos de experiencia que los anteceden. Sin embargo, ambas ideas son erróneas y no tienen ningún sustento. 

Ha sido un arduo trabajo el que han realizado las mujeres con el discurso de equidad de género, y en muchos casos ha generado cambios benéficos para el genero femenino. Uno de ellos es que cada vez más mujeres ocupan cargos importantes en la política mexicana y chihuahuense. Como ejemplo, están los recientes casos de la gobernadora constitucional de Chihuahua, María Eugenia Campos; Myriam Hernández, presidente del Tribunal Superior de justicia del Estado; y la diputada Georgina Bujanda, presidente del Poder Legislativo Estatal.  Noticia que se hizo importante, pues por primera vez en la historia política de nuestro Estado, son mujeres las que encabezan los tres poderes. 

Pese al logro de que las mujeres tengan mayor presencia en la política, la realidad nos ha demostrado que, en México y en el resto del mundo, las mujeres no son mejores o peores gobernantes, tampoco son más o menos corruptas, ni capaces ni incapaces o eficaces o ineficaces. Lo anterior es porque las tanto hombres como mujeres están expuestos a las mismas condiciones dentro del mundo de la política. Y en este sentido no importa el género la corrupción, manipulación, ambiciones desmedidas entre otras, están presente para tentar a quien tenga una moralidad y voluntad frágil. 

Solo por mencionar unos ejemplos: tenemos a Delfina Gómez, quien fuera alcalde de Texcoco, durante su gobierno desvió 10 por ciento de la nómina de los empleados del ayuntamiento. También esta el caso de Eva Cadena, quien se muestra en videos recibiendo dinero para financiar su campaña política a una alcaldía en el estado de Veracruz. Al igual que el tan sonado caso de Elba Esther Gordillo, quien fuera presidente del SNTE y fundadora del Partido Nueva Alianza, de quien se cree desvió más de 200 mil millones de pesos. Podríamos continuar haciendo una lista de otros casos, como el de Marine Le Pen, en Francia; Michelle Bachelet, en Chile; Christina Fernández de Kirchner, en Argentina; Dila Rousseff, en Brasil, Cristina de Borbón, en España, Park Geun-Hye en Corea del Sur, entre otros. 

Posiblemente algunos lectores dirán “este artículo es misógino”, y la realidad es que no, no lo es. Este artículo está escrito desde una perspectiva balanceada, tomando a ambos sexos, a la par, y ubicándolos donde deben de estar, ambos con virtudes y defectos, como cualquier persona.

Todos los seres humanos tendemos a esperanzarnos cuando hay algún cambio, creyendo que estos siempre serán positivos, aunque no siempre lo son. Es por lo que este cambio trascendental, donde los tres poderes del Estado se encabezan por mujeres, pudiera darnos la esperanza de que todo mejorará. La verdad es que es muy temprano para comenzar a aplaudir. Al contrario, debemos estar cada vez más pendientes de los que hacen nuestras autoridades sin importar sus características y condiciones. 

Recuerden, en la política no debe interesar si es hombre o mujer, lo que debe importar es la capacidad, la eficacia, la preparación, la voluntad, la virtud y la moral de aquellas personas que llegan a ocupar los puestos de gobierno. 

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