PUBLICIDAD

Opinión

El PRI no sabe ganar

Durante su hegemonía, el PRI no tenía contendiente que le hiciera sombra y aparentaba ser un partido fuerte, avasallador, como en 1976, cuando López Portillo “compitió” solo en la elección presidencial

Baldemar Méndez Antonio
Analista

sábado, 11 junio 2022 | 06:00

PUBLICIDAD

Ciudad de México.- Durante su hegemonía, el PRI no tenía contendiente que le hiciera sombra y aparentaba ser un partido fuerte, avasallador, como en 1976, cuando López Portillo “compitió” solo en la elección presidencial. Detrás de esto solo había un PRI que conseguía votos por medio de coacción, por fraudes. Así nació y así está muriendo, es su esencia.               

Parte de su fuerza era el control que ejercía sobre los sindicatos nacionales, como la CTM, la CROC, PEMEX, CFE, etc., así aseguraba el voto corporativo. Otra medida era inyectar cantidades exorbitantes de dinero, principalmente de dinero público, a las campañas de sus candidatos. Un ejemplo de cómo operaban es la documentada Operación Zafiro, pasando la charola a gobernadores priistas para apoyar a sus candidatos en estados con elecciones. Otro ejemplo fue la elección presidencial del 2000, cuando Francisco Labastida Ochoa recibió del sindicato petrolero más de mil millones de pesos, aun así, perdió ante Vicente Fox y los “Amigos de Fox”. Ante este duelo de delincuentes electorales, el TRIFE no invalidó las elecciones, solo multó a ambos partidos. 

PUBLICIDAD

Teniendo el control del árbitro, del IFE primero y del INE ahora, éstos no veían delitos electorales e ignoraban fraudes. Los medios de comunicación aportaban legalizando fraudes y callando la corrupción imperante en gobernantes “democráticamente electos”. 

Con recursos, el PRI tiene un abanico de delitos electorales para asegurar el triunfo de sus candidatos: compra de votos, mapaches electorales, acarreo, carrusel, ratón loco, urnas embarazadas, etc. 

Otro caso fueron las elecciones de 1988, cuando los priistas contaban los votos y robaron la presidencia con Carlos Salinas de Gortari. Es decir, si con los fraudes no ganaban la elección, la robaban. Así ocurrió también en 2006, apoyando a Felipe Calderón en el robo de la elección presidencial. En este caso, toda la estructura priista trabajó para Calderón, en contra de su propio candidato, Roberto Madrazo Pintado; recibiendo apoyo del IFE, quien contrató a la empresa del cuñado de Felipe Calderón, Diego Hildebrando Zavala del Campo, para contabilizar los votos. Es decir, quien contó los votos en la elección presidencial del 2006 fue ¡Felipe Calderón! 

En 2012, en complicidad con el PAN, el INE y los medios de comunicación, Enrique Peña Nieto compró la elección presidencial, gastando 13 veces más del tope permitido, alrededor de cuatro mil seiscientos millones de pesos, provenientes de Odebrecht, por lo que hoy está preso Emilio Lozoya, monederos Monex, tarjetas Soriana, las maletas de dinero confiscadas en el aeropuerto de Toluca, con 25 millones de pesos, provenientes del gobierno de Veracruz, del Grupo HIGA, OHL… por nombrar los más sonados. Ante estos desorbitantes gastos de campaña, el IFE y el TRIFE consideraron que no se rebasó el tope de gastos. Pero consideraron que el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, sí rebasó este tope. Vaya cinismo de “arbitro”.  

Su historial de fraudes en elecciones da cuenta de un PRI que no sabe competir ni ganar sin cometer fraude, sin comprar votos. Ahora, la estructura del PRI, conforme va perdiendo gubernaturas y dirigencias sindicales, va desapareciendo. No podrán contar ahora con recursos provenientes del pase de charolas a estados, Por su porcentaje de votación en las últimas elecciones recibirán menos recursos del INE, no habrá cochupos con empresas para apoyar a sus candidatos quienes recibían beneficios con creces una vez ganada las elecciones, como el terreno que el gobierno de Chihuahua regaló recientemente a un empresario, en pago a su apoyo en la elección a la gobernatura. No habrá recursos para delitos electorales ni para medios de comunicación, que no pesan ya más que las benditas redes sociales. El último reducto donde aún tiene presencia son las presidencias municipales, pero este recorte de recursos también les afectará y poco a poco perderán estos espacios si no cambian.

Este PRI, que no sabe ganar sin fraudes, que su concepto de alianza con otros partidos no es la suma de ideas, sino de recursos para fraudes, tendrá que reinventarse, si sobrevive, para ganar votos sin comprarlos, sin extorsionar por plazas sindicalizadas, sin cochupo con empresas, sin saqueo, sin delitos electorales.  

En Chihuahua, en la pasada elección a la gobernatura, el PRI obtuvo 7.5 por ciento de votos. Votación a nivel del PRD, quien parece estar condenado a desaparecer. Las cifras de este último en las últimas elecciones son catastróficas: perdió su registro en 15 estados en 2021 y en este año se perfila a perderlo en cuatro estados más. El PRI puede perder su registro en Quintana Roo siguiendo sus pasos. 

Al integrarse a la coalición se mimetizó con el PAN, adoptando a sus candidatos, su discurso y su odio. No es legislando a favor de empresas extranjeras; en contra de la nación, como resurgirán. No será fácil que esto lo entienda un PRI neoliberal, el que quedó del escindido en 1988, los nacionalistas se fueron con Cuauhtémoc Cárdenas. Difícil reinventarse si están cegados por el odio, la desesperación, sin ideas y sin proyecto.  

PUBLICIDAD

ENLACES PATROCINADOS

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

close
search