Opinión

El pretexto de la boda

La salida de Santiago Nieto de la Unidad de Inteligencia Financiera se ha quedado en la óptica de la boda

Raymundo Riva Palacio
Periodista

jueves, 11 noviembre 2021 | 06:00

Ciudad de México.– La salida de Santiago Nieto de la Unidad de Inteligencia Financiera se ha quedado en la óptica de la boda. Se explica porque al presidente Andrés Manuel López Obrador definitivamente no le gustan las bodas, y menos aún si entre los invitados principales se encuentran personas a las que denuesta semanalmente como parte de quienes quieren descarrilar su proyecto. Lo menos que se puede decir de Nieto, cuyo evento privado no podía dejar de ser público -sobre todo después de meses de que fuera manjar en las mesas de las elites-, es que fue imprudente. Pero su debilidad personal fue mero pretexto, pues llevaba un semestre a la baja con el presidente y con un número creciente de enemigos. Su remoción era cuestión de tiempo.

Pablo Gómez, quien relevó a Nieto en la UIF, le regaló a Milenio TV este lunes dos perlas para entender el contexto. La primera es que en diversas reuniones con López Obrador el tema de la UIF había salido -no abundó en las conversaciones-, y que la decisión de la remoción la había tomado el presidente el lunes por la tarde, mientras viajaba a Nueva York. Por tanto, nombrarlo en el cargo, sin que se lo hubiera dicho, no le cayó de sorpresa. Es decir, el presidente se tardó unas 48 horas en evaluar si el ciclo se había acabado para Nieto, pero quizás, en vísperas de su intervención en la ONU, no tendría congruencia su dicho si lo seguía cargando en la espalda.

La salida pareció sorpresa donde no debería de haber. Desde agosto se planteó en este espacio que Nieto era una bomba de tiempo, porque estaba jugando las contras al presidente y asumiendo posiciones ajenos a los deseos de su jefe, o intrigando para alcanzar objetivos políticos personales. Nieto lo negaba, pero dentro de Palacio Nacional arreciaban las críticas. El conflicto con el fiscal Alejandro Gertz Manero, que hace más de año y medio es público, se agravó. Por una parte aceptó la denuncia de la familia de su hermano por presuntos delitos financieros del fiscal, y por la otra, fue a contracorriente de Gertz Manero en las acusaciones contra el ex secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna. Mientras el fiscal lo acusa de delitos vinculados al narcotráfico, Nieto lo acusó de delitos de cuello blanco, mostrando inconsistencias del gobierno ante los fiscales estadounidenses.

Nieto agregó como enemigo a Julio Scherer, quien era el consejero jurídico de la Presidencia, a quien le abrió una investigación en la UIF. En su momento, Nieto no negó la existencia de esa carpeta de investigación. 

En su coqueteo con la política, Nieto jugó en tándem con el ex gobernador de Chihuahua, Javier Corral, quienes intentaron manipular a la fiscal especializada en Combate a la Corrupción, María de la Luz Mijangos, para atraer la investigación contra del exgobernador César Duarte por un supuesto desvío de recursos, alegando que su sucesora Maru Campos no la continuaría. Mijangos se negó a hacerlo y reportó a Palacio Nacional lo que sucedió.  Cuando asumió la gubernatura, Campos habló con el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, para decirle que Corral, apoyado por Nieto, decía que el presidente lo iba a nombrar en lugar de Mijangos, pero le respondió que no se preocupara porque eso no iba a suceder. Corral acercó a Nieto a Movimiento Ciudadano, aunque este lo ha negado. La apuesta no caminó porque trascendió que Corral fue a Palacio Nacional a hablar mal del líder del partido, Dante Delgado, a quien tildó de “oportunista” y profesar su lealtad a Morena.

Todas estas pinceladas de la gestión atropellada y poco limpia de Nieto sucedieron meses antes de la boda. No fue el evento en sí, sino el escándalo causado por 35 mil dólares en efectivo no declarados en Guatemala, lo que adelantó la caída de su estrella.

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