Opinión

El político perdido

¿Qué ha cambiado entre la clase política mexicana? Debemos remontarnos a un problema estructural que ha distorsionado la concepción de lo que significa ser político en México

Francisco Llera
Académico

jueves, 08 julio 2021 | 06:00

Al referirme al político perdido hago una analogía del magnífico libro The Vanishing American Adult (La desaparición del adulto estadounidense) escrito por el senador Ben Sasse. Aunque este texto discute la inacción como una tendencia propia de la juventud contemporánea estadounidense, pareciera que la mexicana sigue un patrón semejante.

Admiro al senador Sasse desde hace un tiempo, tanto por su independencia intelectual como por la objetividad en sus posicionamientos políticos. Profesor universitario y exrector de la Midland University en Fremont, Omaha, en el libro a que hago referencia discute el término que ha llamado “emerging adulthood” (madurez incipiente). Esta se traduce en una sociedad estancada, en una adolescencia sin fin, en largos períodos de educación, en prolongar la asunción de responsabilidades, en el predominio de la mentalidad de que todo es desechable, entre otros elementos.

Rescato la caracterización sobre la llamada Generación Z (nacida después de 1995) y Millenial (nacida entre 1980 y 1995). Se atribuye a ambos grupos generacionales el ser irreflexivamente materialista, capturados por el consumismo, por un concepto individualista de lo que es correcto e incorrecto, por ser pasivos con su entorno y por saber muy poco acerca de la sociedad en que viven. 

Lo anterior es un tema que mueve a reflexionar sobre lo que acontece en el contexto mexicano. Y aún más específicamente, al análisis del impacto de la forma en que esa mentalidad se pudo haber traducido en el ámbito político de México y de Chihuahua. ¿Qué ha cambiado entre la clase política mexicana?

Debemos remontarnos a un problema estructural que ha distorsionado la concepción de lo que significa ser político en México. Me refiero al reemplazo de la participación en la vida política basada en la creencia ideológica, por la incursión en la misma como una alternativa de ingreso económico. Esta concepción ha permeado en la mayoría de los liderazgos que se han incorporado a la incipiente democracia mexicana en las últimas cuatro décadas. También se ha traducido en la creación de múltiples partidos políticos concebidos con fines de lucro. 

Basados en el escenario anterior, los cuadros que se fueron incorporando a la política encontraron condiciones fértiles para trasladar a su accionar público las características que el viejo sistema político mexicano y el sistema global de producción les estaban heredando y que han incluido: abusar del materialismo y consumismo, lucrar con los programas públicos, convertir en desechables a los partidos políticos y ser pasivos para enfrentar los problemas sociales; en general, tener poca empatía o incluso ser apático ante los problemas de la población, al no entenderlos ni querer resolverlos, bajo la premisa de que otros lo harán.

Observo que de manera contradictoria —a medida que México ha crecido económicamente— también ha visto reducida la vocación de servicio entre su clase política. Thomas Jefferson lo advirtió en su momento al enunciar que “es difícil que una república rica permanezca virtuosa”. Es como si la riqueza de las naciones fuera la condición que acelerara la desvalorización entre los integrantes de las clases políticas de algunos países.

La crisis de liderazgos que advierto para los años venideros en México tiene relación con la pérdida de virtudes entre algunos miembros de la clase política y con la consolidación, entre la joven sociedad mexicana, del fenómeno al que Sasse llama "madurez incipiente". Me parece que en Chihuahua, a partir de los gobiernos que están por asumir, estamos a tiempo de recuperar entre la nueva clase gobernante al político con vocación, quien encuentra sentido en servir a la comunidad y satisfacción no en el dinero, sino en el deber cumplido. Como un político de esa altura, pervive en mi memoria la figura siempre honesta y entregada al servicio del Ing. Abelardo Escobar Prieto.

         

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