Opinión

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El plantón del jefe huele a complicidad

Ávila tuvo la oportunidad de limpiar al menos su nombre pero prefirió dejar vacía su silla en la sala de cabildo, a las doce día día

LA COLUMNA
de El Diario

sábado, 10 julio 2021 | 06:00

• El plantón del jefe huele a complicidad

• Exhibe Corral paranoia en el Cabanna

• Cámaras y micrófonos espías en el Pueblito

• Ahora sí está en agenda la dirigencia del PAN

Si el que nada debe nada teme, no es comprensible entonces porqué el policía federal en funciones de secretario de Seguridad Pública Municipal, Raúl Ávila Ibarra, literalmente se escondió ayer de la máxima autoridad en el municipio: los regidores.

Fueron plantados los señores ediles por el subordinado del Ayuntamiento, Ávila, quien estaba obligado a comparecer para que aclare la calidad de prófugo que tiene su jefe de “Inteligencia”, Aldo Iván Sáenz Tocoli, quien sin ser ministerial (detective, se diría de El Paso hacia el norte) llevaba a cabo funciones de investigación e inteligencia en patrullas con los números económicos ocultos. (Fotos en versión digital de La Columna).

La autoridad municipal ha rechazado admitir e informar sobre la situación del mejor conocido como Tocoli aun cuando la Fiscalía de Justicia en la Zona Norte ya lo declaró prófugo por robo agravado, tortura, abuso de autoridad y encubrimiento.

Ávila tuvo la oportunidad de limpiar al menos su nombre pero prefirió dejar vacía su silla en la sala de Cabildo, a las doce del día. La cita era con los integrantes de la Comisión de Seguridad Pública encabezados por el regidor Alfredo Seáñez, pero es tanta la preocupación del resto de los regidores sobre el tema que estuvieron presentes más de una decena. El plantón fue para todos.

Ese caso por el que Tocoli está siendo procesado penalmente es sólo uno de los muchos de los que ha sido acusado en distintas ocasiones. Reventones de domicilios sin órdenes de cateo, levantones, interrogatorios ilegales, y varios etcéteras le anteceden.

Precisamente Ávila estaba a su mando, era su padrino y a él respondía por el grueso de sus acciones. A capa y espada su defensa, lo que hablaría no sólo de mayor jerarquía sino de evidente complicidad, y por ende, el temor a ser interrogado por el órgano colegiado a cargo de la administración de la ciudad.

Seguro el jefe policiaco midió los tiempos, para qué arriesgarse a una exhibida, con todo y grabaciones de por medio si en mes y medio dejará el cargo.

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La vieja frase habla de que el miedo no anda en burro. Eso exhibe Javier Corral Jurado conforme se aproxima a sus últimos días como gobernador. Ha cargado tanto su espalda de enemistades que, dicho en otra frase también de viejo cuño, le tiene miedo hasta a su sombra. Se ha vuelto paranoico, en términos llanos.

La noche del jueves fue detectado el gobernador cenando en el nice Cabanna ubicado a unos pasos de la fondita Garufa.

Fue descubierto Corral ahí porque identificaron a su jefe de escoltas, Juan Manuel Escamilla, recorriendo de manera constante las mesas y vigilando los movimientos de todos los asistentes. No se fuera a levantar alguno e intentar por lo menos un zape.

Corral fue colocado en una mesa de espaldas al grueso de la concurrencia. Así que era complicada su identificación si no hubiera aparecido Escamilla y observarse de perfil la vicegobernadora, Leticia Corral. Hubo otras gentes en la misma mesa que no fueron reconocidas.

Si ahora no la pasa cómodo el mandatario en lugares públicos como un restaurant, es imaginable el pánico que sentirá cuando deje el poder y le sean retirados los más de 10 escoltas que carga, con refuerzo de policías municipales que deben seguirlo por los distintos lugares donde anda.

Después del Cabanna seguramente Corral se fue de largo a su casa de la Costa Rica e Ignacio de la Peña. Ayer llegó casi media hora tarde y evidentemente perjudicado a “cortar el listón” de la controvertida remodelación del Parque de la Chaveña, donde fue objeto de reclamos por parte de los vecinos. “No siempre se les puede dar gusto a todos”, contestó el gobernador.

Llamó la atención que de nuevo brillara por su ausencia el alcalde Armando Cabada. No estuvo en el evento. En su lugar mandó al buen doc Carlos Ponce Torres, quien formalmente y de pie, bajo el sol, sufrió la informalidad del patrón. Así las cosas.

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El delirio de persecución está a todo lo que da en el fin de quinquenio, tanto que por órdenes del director general de Gobierno, Joel Gallegos, fueron instaladas cámaras y micrófonos para espiar al personal estatal en oficinas internas de Pueblito Mexicano.

Las instalaciones estatales ya tenían algunas cámaras en las áreas del Registro Civil y el Registro Público de la Propiedad. Eran de las comunes para las labores normales de vigilancia que requieren todas las áreas orientadas a dar servicio de seguridad a los inmuebles públicos.

Pero del interior de la unidad administrativa estatal reportan que se reforzaron los sistemas ya no sólo para tener video de lo que ocurre, sino hasta audio.

Así, con sofisticados equipos pueden ver hasta lo que escriben los empleados en su WhatsApp y escuchar lo que hablan entre ellos.

Lo que no se sabe es por qué la sospecha en esas áreas específicamente o qué motivó la necesidad de tener “información de inteligencia”, como le llaman en Palacio de Gobierno al chisme que puede suscitarse entre empleados públicos que rezan porque ya termine la peor administración de la historia estatal.

Tampoco se tiene certeza sobre quién tomó la decisión de espiar de forma tan vulgar a los colaboradores estatales. Es decir, que si fue Gallegos Legarreta por su cuenta, el secretario general de Gobierno, Luis Fernando Mesta, o el propio Javier Corral.

Cualquiera que haya sido es lo de menos. El hecho denota el nerviosismo casi al nivel de locura al que llegan quienes, enfermos de poder, ven que pierden aceleradamente la batalla contra el tiempo.

Lo más lamentable es que a estas alturas del gobierno, en vez de usar la inteligencia contra el crimen, se dedican al chismorreo costoso con cargo al erario.

O en vez de usar los recursos para tapar las goteras de las oficinas y arreglar las rejillas del drenaje pluvial frente a Pueblito, tiran el dinero en aparatos tecnológicos inútiles. Todo por ocurrencias o sospechas de que alguien habla mal de la administración, como si no supieran que abunda el descontento en la burocracia estatal.

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El equipo de transición de la gobernadora electa Maru Campos tiene también su agenda política, algo independiente, pero no tanto, de la formal que implica la entrega-recepción del Gobierno del Estado.

En esos puntos fuera de lo oficial se encuentra la dirigencia del PAN estatal, a la que se ha aferrado con relativo éxito la cuauhtemense Rocío Reza Gallegos, todavía corralista afanosa que busca quedar bien con Dios y con el diablo al mismo tiempo.

Para la semana que viene es muy probable que comience la negociación hacia el relevo de Reza quien, pintada y todo lo que se quiera al frente del CDE, pudo conseguir para ella una diputación federal plurinominal en la legislatura que inicia el primero de septiembre.

Obviamente la gente de Maru va por todas las canicas, paquete en el que se incluye no sólo el Ejecutivo y el control del Congreso del Estado, sino el partido mismo, desde donde se habrá de nombrar coordinador legislativo.

Aunque andan varios nombres en la lista, dicen que el próximo presidente será uno ni siquiera considerado en las menciones, pero de mucha confianza y cercanía con la electa, quien se encargará personalmente de cabildear la elección.

Será un proceso de acuerdo entre los grupos internos del PAN que confluyeron en el proyecto de Maru, cada uno con su peso concreto, y se evitará a toda costa cualquier conflicto de los que ha tenido el albiazul los últimos años. Así, en paz y en calma, se marcará la salida de Reza de la dirigencia.

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