Opinión
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El naranja es castigo por ‘ánimo relajado’...

Debe entenderse que el Gobierno estatal define por 'ánimo relajado' la fiesta, la pachanga, el desenfreno

Tomada de Internet

LA COLUMNA
de El Diario

martes, 13 octubre 2020 | 06:00

-El naranja es castigo por ‘ánimo relajado’...

-Hacienda acota la división de poderes

-Suplica neomoreno por una candidatura

-Una denuncia para el anecdotario

Debe entenderse que el Gobierno estatal define por “ánimo relajado” la fiesta, la pachanga, el desenfreno.

Esa fue parte de la extremosa argumentación dada el domingo por el secretario de Salud, Eduardo Fernández Herrera, para regresar al color naranja el semáforo epidemiológico de Juárez y mantener en amarillo a Chihuahua; con amenaza “porque todos los indicadores registran un descontrol en los últimos días” pero amarillo al fin para la capital del estado.

Hablamos de Juárez y toda la región fronteriza contemplada por 10 municipios. Igualmente Chihuahua como centro junto a otros 57 municipios que fueron dejados en amarillo.

Pone convenientemente a un lado el alto funcionario estatal la necesidad fundamental de la población por trabajar y poder alimentarse; también de las empresas, motores de la actividad económica en la ciudad.

Afirmar que existe un “ánimo relajado” es insultar a los cientos de miles de trabajadores que deben cubrir los tres turnos en la industria manufacturera; también a los comerciantes de toda naturaleza, a los restauranteros...

El argumento oficial tiene que ver con el descargo de culpas propias hacia la sociedad sobre todo en materia de atención médica para los contagiados como en la implementación de serias medidas preventivas generales.

Ayer supimos que varios integrantes del círculo más cercano del gobernador, Javier Corral, han dado positivo al coronavirus. Sus ausencias fueron notorias en Aguascalientes, donde participan en el mentado encuentro de “gobernadores federalistas”.

Sería un completo despropósito aseverar que las infecciones ahí fueron originadas por “ánimos relajados”. En realidad ni el propio gobierno sabe cómo se están desarrollando las infecciones ni los brotes.

No existen datos objetivos serios para conocer el despliegue geográfico real del virus entre la población porque no hay instancia alguna de gobierno que lleve a cabo estudios de esa naturaleza. Andan ocupados unos en la grilla y otros en el año de Hidalgo.

No pueden con las medidas preventivas, menos con el seguimiento de los brotes y la creación de los diques respectivos.

Los indicadores estatales son aventados “al tanteo” entre el número de contagiados, las camas ocupadas en los hospitales y la cantidad de personas fallecidas.

No han guardado relación alguna los cambios de semáforo ni entre los señalados por la Federación (hoy todo el estado en naranja...o rojo) y el Gobierno del Estado, que ha decidido dividir a la entidad en solo dos zonas, las mencionadas párrafos arriba.

Así pues, de la misma forma que el gobierno corralista explicó y convenció a los juarenses sobre la construcción de la ruta troncal, así ha restringido hoy nuevamente la actividad de económica de la ciudad. Nadie conoce las bases reales para la toma de semejantes decisiones. Ni de una, ni de la otra.

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Tendrán hoy los diputados locales la oportunidad perfecta para reclamarle al secretario de Hacienda, Arturo Fuentes Vélez, su determinación para acotar y pasarse por el arco del triunfo la tan mentada división de poderes.

Su comparecencia ante el Congreso es ocasión ideal para que lo cuestionen por una conducta que rebasa sus atribuciones como encargado de las finanzas estatales.

Tanto los legisladores como algunos magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado tienen la preocupación sobre la falsa independencia de los poderes Legislativo y Judicial.

Sólo es de nombre y papel esa separación porque en los hechos es el secretario quien decide cuánto y cuándo les ministra sus recursos aprobados en el Presupuesto de Egresos.

Toda la gestión de Fuentes Vélez se ha ido en pretextos para no entregar en tiempo y forma los recursos públicos cuya administración corresponde al Congreso del Estado o al Poder Judicial. Lo de hoy es la contingencia de salud y la reestructuración del gasto, por eso no ha pagado o paga retrasado, incompleto o con múltiples huecos, lo que les corresponde a los otros dos poderes legítimos.

Mes a mes se quedan en la tesorería estatal, que maneja el Ejecutivo, un faltante para la Judicatura o algún otro para las secretarías legislativas, lo que les ha ocasionado rezagos en los pagos de servicios a sus proveedores. El descontón es sistemático y recurrente como para tomarse como simples casualidades.

Lo único que se garantiza en ambos casos son las abultadas y generosas nóminas que se cargan, a fin de que no haya protestas del personal. Pero los demás gastos se dejan que se acumulen, lo que agrava las deudas de las instancias judiciales y legislativas.

Así que mientras no haya independencia financiera de cada uno de los tres poderes, difícilmente habrá división y autonomía reales de cada uno.

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La “División del Norte” que tanto presumieron algunos chihuahuenses que se volvieron morenistas, apadrinados por la exdirigente nacional Yeidckol Polevsnky, se ha hecho trizas en medio de la contienda por la dirigencia de tan fragmentado partido.

De ahí que algunos de sus más destacados integrantes, como el exfuncionario municipal de Juárez y Chihuahua, Fernando Villarreal Estrada, buscan a toda costa mantener vivos sus proyectos de conseguir candidaturas. Le tiran a diputaciones o hasta regidurías, después de haber soñado con rebanadas más grandes del pastel.

Resulta que Villarreal, expriísta y mano derecha de Yeidckol, se veía ya en una candidatura a diputación local e incluso, en sus sueños más guajiros, se visualizaba como aspirante a la alcaldía de Chihuahua o la frontera por Morena. Pero con la derrota de su jefa el exfuncionario y su séquito se quedaron sin posibilidades reales de algún premio.

Por ello, el advenedizo expriísta anduvo buscando con ahínco a cuanto candidato a la gubernatura se le pusiera enfrente. Dos de ellos, Rafael Espino y Víctor Quintana, le sacaron la vuelta las últimas semanas porque al parecer el proyecto por el que apostaba no hace menos de unos meses era el de Cruz Pérez Cuéllar, del que también se distanció después.

Perdió mucho valor la gloriosa “División del Norte” tras la caída de Polevnsky, eso fue lo que se reflejó con el lastimoso papel que ha estado haciendo el neomoreno.

Ahora ofrece a los aspirantes a la gubernatura una supuesta capacidad enorme de operación dentro del partido, a cambio de mil candidaturas para su grupo que ni en sueños habrá de obtener. La intención de su oferta es llegar a una negociación en la que le den hasta la más humilde posición posible, así se interpreta su súplica de alianzas entre los grupos morenistas.

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Le hicieron al senador, Cruz Pérez Cuellar, lo que hacen los agentes del Ministerio Público de la Fiscalía General del Estado con cualquier ciudadano que presenta denuncias por escrito.

En lugar de recibir el documento e iniciar el procedimiento, en dado caso, previniendo por deficiencias o solicitar ampliación, incluso aclaración, lo dejaron esperando el acuse de recibido, quesque para revisarlo.

Con más razón tratándose de una denuncia contra el gobernador del Estado, jefe del fiscal general y de los agentes del MP.

La denuncia simplemente servirá para el anecdotario. Ya debe estar en el fondo de un cajón. Las advertencias del senador insertas en el documento de estar atento e iniciar procedimientos de responsabilidad por obstaculizar la investigación serán obligadas.

No se moverá un solo dedo si no lo hace. Es más, será desechada en la primer ocasión por cualquier formulismo de carácter legal, pero será hasta que avance aún más la administración, incluso después de las elecciones. Jugarán con el timing.

Tendrá que llevar su litigio al ámbito federal vía amparo, para que se sancione el peculado electoral que las pruebas, por lo pronto, acreditan, amén las responsabilidades de Ismael Rodríguez e “Igor” del Castillo, entre otros involucrados.