Opinión
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El militar encañonó y cortó cartucho en el Seguro

Según un reporte de la Policía municipal, los directivos del hospital solicitaron ayuda de la corporación cuando no encontraron a los 'vigilantes' de la Guardia Nacional que se supone deben estar siempre apostados desde la entrada

LA COLUMNA
de El Diario

lunes, 26 octubre 2020 | 06:00

• El militar encañonó y cortó cartucho en el Seguro

• Ya se rebasó en el IMSS el peor escenario

• Seguirá en campaña contra el presidente

• Repentino cambio no les genera confianza

Para los creyentes de los milagros, fue eso lo que impidió una tragedia el viernes a las diez de la mañana en la Unidad de Medicina Familiar 61 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ubicada en los patios interiores del Hospital 6.

Un militar de la Guardia Nacional encañonó y cortó cartucho contra Víctor Manuel D., un paciente joven de 33 años presumiblemente esquizofrénico que logró introducirse por varios sectores del centro hospitalario exigiendo atención médica. Tiró inclusive la puerta de un comedor.

El muchacho no quiso o no pudo esperar atención en el consultorio; se desesperó e inició la agresión contra el inmueble y contra el personal de salud en general, intendencia, enfermeras... médicos.

Según un reporte de la Policía Municipal, los directivos del hospital solicitaron ayuda de la corporación cuando no encontraron a los “vigilantes” de la Guardia Nacional que se supone deben estar siempre apostados desde la entrada.

Hallaron a uno de ellos en los jardines exteriores. El soldado ingresó hasta donde sucedían las agresiones, encañonó al sujeto y en esos instantes llegaron los municipales a “controlar la situación”. El terror estaba traducido en gritos y lágrimas.

El joven fue inmovilizado, sacado de ahí y llevado a una estación policiaca para la correspondiente valoración médica y fuera turnado a donde correspondiera: consignación o medicina psiquiátrica.

Ese ha sido uno de los múltiples incidentes registrados durante las últimas semanas en los centros médicos. A la saturación en los hospitales por Covid, se suma la angustia, el estrés y el miedo de acudir a los mismos por sospecha de ese o cualquier otro padecimiento.

La Guardia Nacional no está preparada para esos menesteres. Sus elementos ya dispararon en Delicias contra una joven pareja de productores, asesinando a uno de ellos. También atacaron a otra muchacha en la región de Nuevo Casas Grandes; por cierto, ambos hechos impunes.

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La visita a Juárez del director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Zoé Robledo, obedeció precisamente a que ya rebasó el peor escenario que se había previsto de la pandemia.

Por eso fue enviado de emergencia a la frontera, tal como lo anunció el president Andrés Manuel López Obrador.

Fuera de las obviedades, vale la pena profundizar en los números que evaluaron los directivos del organismo nacional, que ilustran con mucha claridad la crisis sanitaria.

Los hospitales del IMSS llegaron al 478 por ciento de lo esperado en la fase crítica de contagios. Igual se rebasó en casi 500 por ciento las camas preparadas con ventilador para terapia intensiva.

Con ocho hospitales, el IMSS atiende en estos momentos al 30 por ciento de los pacientes Covid que han necesitado ser internados, incluidos los que lamentablemente están intubados.

Alrededor de 120 camas, una quinta parte con respirador, eran las que estaban previstas en el escenario más crítico. Pero la realidad rebasó cualquier cálculo.

En la evaluación que hizo el funcionario junto con el representante en Chihuahua, Arturo Bonilla y Calderón, se destacaron esos números que son evidencia de la catástrofe con epicentro en la frontera.

Por eso la visita urgente del funcionario federal que ayer mismo anunció la extensión de camas en todos los nosocomios, más de 230 que están en proceso de habilitarse, así como la posibilidad de usar otros espacios, como la Casa de la Asegurada, instalaciones que existen en Chihuahua y la frontera.

Igual se analizará la reactivación de los hospitales móviles, uno de los cuales se instaló en Juárez como una extensión de sus servicios, y otro quedó pendiente en la capital.

Si el IMSS respira lo hará el resto del sistema de salud, de ahí la importancia en apretar tuercas a la estrategia de contención, tarea a la que vino Robledo.

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Tras poner el estado en rojo intenso por el semáforo epidemiológico, el gobernador Javier Corral comenzará la semana con nueva campaña en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Aprovechó el fin de semana para llamar a líderes empresariales a un levantamiento público a fin de atizar el pleito que sostiene con la administración federal.

También para armar un equipo de guerra con sus propios funcionarios, que van a bombardear todos los días con exigencias al Gobierno federal, echándole culpas que igual puede tener que no tener.

Según lo que se acordó en Palacio de Gobierno tras la semaforización, será una estrategia de varios días que también habrá de incluir a los representantes de los poderes Judicial y Legislativo, Pablo Héctor González Villalobos y Blanca Gámez Gutiérrez. Ellos, para efectos prácticos, son como una extensión de las dependencias del Ejecutivo.

El objetivo es hacer ruido con mensajes y pronunciamientos que lleguen al centro del país. Las banderas serán el agua, la extinción de los fideicomisos, la reducción de participaciones federales que vendrá con el presupuesto del año próximo y hasta un adeudo de casi mil millones que ahora le reclama a la Secretaría de Salud. Son los pretextos para mantener la campaña contra López Obrador.

Así pinta la semana, de acuerdo a lo que se planeó en el círculo del mandatario estatal. Lo que sea por no trabajar y seguir sacándole la vuelta a los problemas de seguridad, financieros y de salud que ahogan al estado.

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La sorpresa en el Consejo Estatal de Salud que sesionó el jueves en la tarde, semipresencial en el Palacio de Gobierno y vía remota gran cantidad de sus integrantes, fue que apareciera como invitada (con voz pero sin voto), la presidenta municipal de la capital, María Eugenia Campos.

Fue el secretario general de Gobierno, Luis Fernando Mesta, quien directamente con la alcaldesa buscó el acercamiento que fue tomado con reservas en el equipo de Maru.

Que la tomara en cuenta el gobernador Javier Corral ahora que le convenía echarle a los municipios la responsabilidad de aplicar medidas restrictivas era esperado. Ahora sí al mandatario le urgía repartir tareas que por sí mismo el Gobierno del Estado no tiene capacidad de ejecutar.

Invitar a la alcaldesa como participante, igual que al independiente de Juárez, Armando Cabada, tenía el fin de comprometerlos públicamente a las acciones que deben seguirse en el rojo intenso al que nos ha llevado la pandemia.

Ni uno ni otra le han sacado a la responsabilidad cuando han debido aplicar medidas restrictivas en sus respectivas esferas. Al contrario, han ido ambos más allá de las simples disposiciones oficiales, que han transitado de tumbo en tumbo desde el comienzo de la emergencia sanitaria.

Por eso era esperado que buscara el respaldo el mandatario estatal, no tanto porque de repente hubiera madurado y superado el trato misógino y violento que le ha dispensado a Campos Galván, por más que ahora la llamara amablemente cada vez que la citaba.

Esa conveniencia de repartir el costo político fue lo que observó la gente de la alcaldesa. Su equipo no se confía a la repentina amabilidad. No cree que las patadas que acostumbraba dar Corral todos los días vayan a cambiar por un trato respetuoso e institucional, como el que ahora demanda, por cierto, del Gobierno federal hacia él. 

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