Opinión

El Méjico de Abascal

Sorprende la atención que políticos, medios y redes prestaron a la visita de Santiago Abascal, presidente del partido español Vox. Su reunión con un grupo de senadores panistas (y dos priistas) resultó un fuerte golpe contra el PAN

Sergio Sarmiento
Periodista

viernes, 10 septiembre 2021 | 06:00

"La gramática es más perfecta que la vida. La ortografía es más importante que la política. La suerte de un pueblo depende de su gramática".

Fernando Pessoa

Ciudad de México.- Sorprende la atención que políticos, medios y redes prestaron a la visita de Santiago Abascal, presidente del partido español Vox. Su reunión con un grupo de senadores panistas (y dos priistas) resultó un fuerte golpe contra el PAN. Lo que más llamó mi atención, sin embargo, fue la airada reacción ante su uso de la grafía "Méjico". Algunos lo consideraron prueba de ignorancia o ineptitud, otros de desprecio. Nuestros progres no se dieron cuenta de que estaban asumiendo una posición conservadora en una discusión que lleva ya más de dos siglos.

"Ninguna declaración de quienes se abrazan a tiranos y protegen a narcos va a impedir nuestra causa a favor de la libertad, los derechos y la prosperidad de las naciones", escribió Abascal en Twitter. "Mi agradecimiento a todos los mejicanos que nos han hecho sentir como en nuestra casa. ¡Viva Méjico!".

Mario Delgado, presidente de Morena, respondió: "El gobierno de AMLO recoge la tradición gaditana que sigue por Juárez y llega hasta él. México se escribe con X, inepto". Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión, añadió: "'Viva Mejico'! Redacta el señor @Santi_ABASCAL. Que alguien le recuerde a este pequeño generalísimo que México se escribe con 'X' desde que esta nación tiene 'Voz' propia y no requiere ninguna Vox". (La falta de acento en "Mejico" y el uso inglés del signo de admiración están en el original de Villamil).

La grafía "Méjico" (con acento, claro) no es, sin embargo, signo de ineptitud ni de ignorancia. Durante casi dos siglos fue la única forma reconocida por la Real Academia. Sigue siendo aceptada, aunque la institución recomienda hoy la versión con "x".

Alfonso X de Castilla, el Sabio, estableció en el siglo XIII la norma alfonsí que representaba el sonido fricativo prepalatal sordo /sh/ con la letra "x". Ese sonido, que se preserva en nuestro país en el nombre Xola, desapareció gradualmente de la lengua española para dar lugar al fricativo velar sordo que hoy escribimos con "j". Los españoles del siglo XVI reflejaron la voz náhuatl /meshica/, de fricativo prepalatal, con la grafía "México". En el siglo XVI Miguel de Cervantes usó "Quixote" para un sonido ya fricativo velar y que hoy escribimos "Quijote".

Bajo la influencia liberal expresada en la constitución gaditana de 1812, la Real Academia emitió en 1815 reglas para simplificar la ortografía. Las palabras que se pronunciaban /j/ y se representaban con "x" se escribirían en adelante con "j". La ortografía, empero, suele generar reacciones emocionales. Así, los conservadores se aferraron a la tradicional "x", los liberales se inclinaron por la moderna "j".

En los Tratados de Córdoba, firmados el 24 de agosto de 1821 entre Juan O'Donojú y Agustín de Iturbide, este se ostentó como "Gefe del Ejército Imperial Mejicano de las tres Garantías". Era la forma liberal. Un mes después, el 28 de septiembre, en el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, usó la "x conservadora, quizá porque ya tenía el poder. Esta forma anacrónica se mantuvo en nombres como "México", "Oaxaca" y "Xalapa", pero solamente en nuestro país. La Real Academia no reconoció la grafía con "x" hasta 1992. En 2001 la convirtió en preferida, pero sin descartar "Méjico".

Los supuestos progresistas mexicanos se aferran, curiosamente, a una grafía arcaica y califican de inepto o inculto a quien usa la forma apegada a la pronunciación. Así son nuestros tiempos. Los conservadores se dicen progresistas, pero se muestran intolerantes ante quienes escriben de manera más moderna.

El dictador

El gobierno de Nicaragua lanza ahora una orden de aprehensión contra Sergio Ramírez, el reconocido ganador del Premio Cervantes. El dictador Daniel Ortega no tolera ninguna crítica.

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