Opinión
OPINIÓN

El mayor promotor de Maru es perredista

Zambrano ha condicionado al dirigente nacional panista, Marko Cortés, la alianza con el PRD, a que sea ella la abanderada

LA COLUMNA
de El Diario

martes, 12 enero 2021 | 06:00

• El mayor promotor de Maru es perredista

• Atoran a Gabriel porque quieren a ‘Benjamón’

• Ni la “vicegobernadora” doblega a Espinoza

• Las calificadoras no contemplan más deuda

Ha llovido mucho desde aquella foto de 2011 (puede verse en la versión digital) en la que anunciaban Gustavo Madero, Jesús Zambrano y Javier Corral, una alianza del PAN y el PRD en el Estado de México, que a la postre sería derrotada por el todavía imbatible priismo de esa empobrecida entidad.

En la imagen los líderes de los partidos coaligados y el entonces diputado, delegado panista en Edomex para la elección, festejaban la extraña suma de la izquierda y la derecha en un solo proyecto.

Viene a cuento la fotografía de ese recuerdo no por la alianza que comienza a formarse en Chihuahua como parte de la unificada visión contra Morena, sino por el papel que ahora Zambrano ha jugado en la contienda interna del PAN por la gubernatura.

Ahora no hay, según los mismos panistas, mejor promotor de María Eugenia Campos que el otra vez dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática. Bueno, claro que hay todo un equipo panista que respalda a la alcaldesa con licencia, pero ninguno que haya presionado tanto en ese nivel.

En público Zambrano ha dicho que Maru sería una excelente gobernadora de Chihuahua, la primera mujer que alcanzaría ese cargo, pero en privado ha sido más duro. Ha condicionado al dirigente nacional panista, Marko Cortés, la alianza con el PRD, a que sea ella la abanderada.

Lo mismo ha hecho con el gobernador Corral, con las dirigencias locales del PAN y del PRD y con otros actores de peso dentro de Acción Nacional. O es Maru o no hay alianza, es lo que ha planteado de forma directa.

Por eso, más que lo que representa el PRD de votos en la entidad, es con esa presión que se ha convertido en el mayor promotor de la candidatura a favor de la alcaldesa con licencia.

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Tras el largo desayuno en el Barrigas Campestre entre el ahora aspirante por Morena Gabriel Flores y el secretario técnico municipal, Gerardo Sáenz, ahora se sabe que el proyecto para hacer al primero candidato a la alcaldía está todavía atorado por el morenismo.

Con el argumento de que Flores Viramontes no es moreno de cepa ni garantía de que se ceñirá a los preceptos del partido, tiene el exdiputado y expresidente de la Canacintra muchas resistencias por vencer.

Los principales opositores son los del equipo del candidato a la gubernatura, Juan Carlos Loera de Rosa, si no es que del mismo abanderado.

Quieren esos morenistas que el candidato a la Presidencia municipal de Juárez sea el diputado Benjamín “Benjamón” Carrera, quien tiene toda la legislatura picando piedra y ya daba por hecho, siendo Loera el “coordinador de la Cuarta Transformación en Chihuahua”, que tendría libre el camino.

El legislador no había dado tregua con el discurso de cambiar el rumbo de Juárez, en alusión al gobierno de Armando Cabada, como para que se baje tan fácil mediante el pretendido acuerdo con la administración independiente.

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Por cierto, los otros comensales en la mesa de Gabriel Flores y Gerardo Sáenz ya fueron identificados, y no estaban nada más de adorno en la mesa del aspirante y el representante municipal.

Una de las personas es Andrea Chávez, cara nueva que va por el Distrito 3 –federal–, a quien el delegado de Morena en el estado, el senador José Ramón Enríquez, le acercó a Sáenz con el encargo de apoyarla en todo lo que se pueda.

El otro que estaba en la misma mesa es Abraham Mendieta, español, influencer de YouTube y Twitter y además asesor de comunicación de Andrea.

Por la trayectoria de la joven activista, que se define como una gotita en la marea verde, algunos morenistas tienen la instrucción, desde arriba, de hacerla candidata ganadora en Juárez.

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A las fuentes que dieron cuenta del desayuno en el Barrigas Campestre el domingo pasado les faltó reportar que en otra mesa se encontraban el regidor panista Enrique Torres, la “vicegobernadora” Lety Corral y el consejero jurídico estatal Jorge Espinoza.

La cita originalmente era entre el edil y el funcionario estatal, pero llegó “casualmente” la principal operadora del régimen corralista en Juárez. El tema a tratar no pudo ser otro que la disputa interna por la candidatura del PAN a la Presidencia municipal.

El consejero jurídico apostaba a que en una elección interna en Acción Nacional podría obtener la candidatura, pero su principal apoyo, el dirigente municipal panista, Joob Quintín, se doblegó ante el mandato del corralismo.

A pesar de que Quintín llegó a la dirigencia haciéndole frente a una cargada en contra alentada desde el Palacio de Gobierno, en esta ocasión extrañamente no levantó la voz para pedir un proceso abierto a la militancia en la frontera.

Ahora se quedó callado el dirigente cuando desde el PAN estatal Juárez fue considerado para una designación directa, un ‘dedazo’ pues, y no un proceso abierto como habrá en otros municipios, principalmente en Chihuahua.

Esa jugada le restó casi todas las posibilidades de la candidatura a Espinoza. A la vez fortaleció al pastor “Poncho” Murguía y al fiscal general del Estado, César Augusto Peniche.

Pero ni con eso ni con el desayuno del domingo parece que se baja el consejero jurídico. A pesar de todo va a continuar en la lista de aspirantes en lo que llega el “dedazo”.

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El mismo restaurante también fue escenario, pero ayer, de otro curioso episodio en la pugna por la candidatura panista por la Presidencia municipal de Juárez.

Después del mediodía arribó al lugar el director del Fideicomiso de Puentes Internacionales, Sergio Madero Villanueva, quien también está en la lista de aspirantes azules a lo que sea. Llegó, duró unos 15 minutos tomándose un café como a la espera de alguien y luego se fue.

Más al rato llegó el fiscal César Peniche apresurado. Dio un vistazo a las mesas del restaurante como buscando a alguna persona y al no encontrarla dio media vuelta y se retiró.

Algo, seguramente, traen entre manos ambos funcionarios, fue la suposición de las fuentes que reportaron el curioso momento.

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La calificadora HR Ratings degradó una posición la calidad crediticia de Chihuahua en diciembre pasado. La misma baja había ratificado Fitch Ratings previamente, en octubre, mientras que Moody’s había retirado su calificación por razones comerciales.

En los reportes de las tres calificadoras había sendas advertencias sobre las implicaciones de la deuda estatal, que ha transitado de más a menos durante los últimos años.

Las tres consideraron que la expansión de créditos de corto plazo, que siguieran sumando a los pasivos consolidados de la entidad, podría derivar en nuevas bajas de calificaciones en el perfil crediticio del estado, independientemente de la estructuración general de la deuda.

Los créditos de corto plazo ya tuvieron su consecuencia en las calificaciones que, se debe insistir, no son un mero adorno, sino que le afectan al Estado en la contratación de deuda con más altos intereses y comisiones.

El análisis general de las calificadores y sus reportes le suben las tasas de interés al Gobierno del Estado ante un mayor riesgo financiero que se observa, tanto por el desastre que ha sido el manejo de la hacienda pública como por los factores externos, crisis económica generalizada, pandemia, etcétera.

Pero además hay un factor que ninguna calificadora había contemplado y podría acelerar la degradación de su evaluación cualitativa: más deuda de largo plazo, como el crédito por más de mil 600 millones de pesos que ha solicitado el gobernador Javier Corral al Congreso del Estado.

Hoy que se reúne la Diputación Permanente y que podría convocar a un período extraordinario para el jueves con el fin de aprobar el nuevo crédito –cuyo dictamen sigue frenado en la Comisión de Presupuesto– no se puede pasar por alto esa valoración que se hace en el mundillo financiero.

Las consecuencias directas del nuevo crédito irían más allá del compromiso nominal de los recursos que tiene la entidad, ahora y en el futuro. Eso deberá tenerse en cuenta a la hora de dictaminar.