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Opinión

El letargo de la democracia en México

No me sorprende que AMLO intente imponer su versión retorcida de democracia a través de la reforma electoral

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 01 mayo 2022 | 06:00

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No me sorprende que AMLO intente imponer su versión retorcida de democracia a través de la reforma electoral. Cada gobierno, de acuerdo a su época, usa los recursos del poder político para mantener la hegemonía de una sola ideología. 

En ese sentido, la 4T, como núcleo discursivo de la nueva moral pública, tiene su propia versión de un mundo feliz, bajo el evangelio del obradorismo; una fantasía que hace palidecer a Aldous Huxley. 

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Las ideas de la reforma electoral no son nuevas ni son del todo malas. El problema de la 4T es que son malos para ejecutar sus propios planes, casi siempre se quedan cortos.

El sistema electoral mexicano está en crisis, pero es necesario contextualizar el trabajo del Instituto Nacional Electoral que ahora está en el pabellón de los sentenciados a la horca.

Antes de iniciar, es importante diferenciar entre la burocracia de las elecciones que representa el INE y la democracia, porque son dos cosas diferentes que frecuentemente se confunden. 

Quizá este error se puede evitar al definir democracia.

Veamos. Si en realidad se quiere hacer un cambio profundo en la democracia es necesario fortalecer al endémico Estado de Derecho, recuperar la seguridad, garantizar el acceso a la salud pública y alcanzar la educación de calidad. Eso, entre un catálogo más amplio de derechos, es lo que permite a un país llamarse democrático.

Estamos muy lejos de lograrlo, cada vez nos distanciamos más.  

Pero la reforma electoral de AMLO no pretende mejorar la democracia, lo que quieren es reducir gastos innecesarios de la burocracia electoral, así como eliminar curules para evitar el alto costo que tiene mantener a representantes populares que se aferran a la nómina como la mosca a la carne asada.

Sobre el INE, en la rendición de cuentas y transparencia se pueden observar los excesos históricos, entre más arriba en la estructura, más excéntricos los gastos. Lamentablemente, la 4T no ha demostrado mucha pericia en controlar el presupuesto, cada vez que quieren hacer algo termina peor, para muestra las miles de compras sin licitación a gran escala, que son la impronta de la casa. Por ese lado no importa lo que digan, lo canijo es lo que hacen.

Que no se nos olvide, el INE es el instrumento que permitió la transición en el año 2000, año en que logró su más alto fin; así, clavó el aguijón y, como las abejas melíferas, comenzó a morir. Para la 4T, el INE colapsó ante el fraude del 2006; pero, en realidad, su alto desempeño para articular elecciones quedó superado por los gobiernos ineficaces que se elegían (incluyendo el de AMLO). El INE se convirtió en un armatoste del populismo electoral. Sin duda, es hora de cambiarlo sin cargo de conciencia y quitarle el antifaz de héroe que alguna vez tuvo, porque ahora es un ‘elefante blanco’ que vive de las glorias pasadas.

La -limitada- reforma electoral de AMLO, eventualmente transformará al INE y, por esa razón, es más sano que se discuta pasando el 2024, porque el presidente tiene un prejuicio contra el instituto que nubla su razón.

Por otro lado, sí, es muy plausible que reduzcan las curules de los diputados y senadores plurinominales, pero eso no sirve de nada cuando la violencia contra las mujeres aumenta en todo el país -por mencionar uno de los problemas más sensibles del momento-. Deberían de resolver primero un problema que a todos nos afecta, como la violencia, antes de distraerse con el debate sobre si reducir o no el número de legisladores. 

Y, si de verdad quisieran hacer historia, deberían aceptar su vocación como gobierno autoritario y dictatorial y cumplir su sueño con un golpe de Estado, para desaparecer el poder legislativo y judicial que la 4T tiene secuestrados y amenazados. Fuera máscaras, el país está polarizado, al grado que solamente hay dos alternativas, estás conmigo o estás contra mi, frase inmortalizada por el mesías.

No perderíamos mucho. Después de ver la absurda faramalla en la cámara de diputados por el ‘frankeinstein’ de la reforma energética -con las pandillas de legisladores peleando como simios-, está plenamente justificada la reducción de curules y hasta la desaparición del poder legislativo. Es una vergüenza. Bien podría haber un representante por partido y el resultado sería el mismo, porque las bancadas están reducidas a la decisión vertical de una persona que mangonea a su antojo, todos los demás, son ‘pecata minuta’, actores de reparto o piezas de decoración. El poder legislativo es pura pantomima excesivamente cara e ineficaz.

Como sea, mientras la reducción de plurinominales se va cocinando en el Congreso federal, los órganos legislativos locales deben poner “sus barbas a remojar”, porque tampoco hacen “mal los quesos", salvo contadas excepciones, los diputados locales tampoco sirven para mucho.

Y, finalmente, esto provoca la reflexión en el ámbito municipal, donde ha quedado pendiente la elección directa de regidores, que es una iniciativa necesaria, puesto que, actualmente, los regidores atienden a una lógica obsoleta donde el presidente municipal entra con su planilla de diez regidores, lo que le da la mayoría en automático en el Cabildo, algo completamente contrario a los principios democráticos, porque prácticamente le da la ventaja en la toma de decisiones, casi siempre, el presidente mantiene el control del cabildo con su bancada y los partidos de oposición terminan negociando su voto al mejor postor. Por eso, las discusiones en Cabildo son estériles e inocuas.

El resabio de la reforma electoral, debe reconfigurar también los procesos locales.

Regresando a AMLO, es hora de quitarnos la máscara y aceptar que la democracia estilo 4T es que un solo tlatoani gobierne peleando agresivamente con la oposición de forma  sistemáticamente y que la infraestructura electoral sirva solamente para los caprichos del mandamás.

¿Cuál es la nueva democracia? Según el evangelio de la 4T, ser un gobierno democrático es enfrentarse con los periodistas de oposición, exhibir a los empresarios que no se someten, usar las instituciones para perseguir a los infieles con rabia y usar a la burocracia electoral para simular actos democráticos. Imponer la autoridad moral incluye amenazar a los que piensen diferente y, al estilo de la Santa Inquisición, quemarlos en la plaza.

Vista así, la democracia es inalcanzable para los mexicanos, solo nos queda ver el teatro de la 4T que solamente entretiene para seguir en letargo político tres años más.

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