Opinión

El lenguaje inclusivo no siempre es incluyente

La situación del lenguaje inclusivo ha generado opiniones encontradas entre los usuarios de las redes sociales

Erasto L. López
Académico

viernes, 10 septiembre 2021 | 06:00

La situación del lenguaje inclusivo ha generado opiniones encontradas entre los usuarios de las redes sociales. Este tema ha llegado al grado de ser comentado en las aulas de clases, noticieros y demás medios de discusión, donde se preguntan si es buena idea o no modificar el lenguaje para incluir a todas las personas. 

Mientras que algunos lo consideran como una acción progresista hacia la inclusión de personas pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ; otros lo consideran como una aberración a los orígenes de la lengua española. 

Es de considerarse que el conflicto de fondo no versa en si es correcta o incorrecta la modificación de la lengua, al final de cuentas los idiomas están en constante modificación empatado por los cambios sociales y culturales. La verdadera problemática que se avecina es la falta de tolerancia. En algunos artículos anteriores he mencionado que actualmente vivimos en una “época de extremos”, donde estás completamente a favor o estás completamente en contra; sin embargo, son pocos los que buscan ubicarse en el centro de los problemas, de tal modo que podamos encontrar un equilibrio en dichos extremos. 

Aún recuerdo cuando al inicio de los años 2000, la palabra “güey” o “wey”, no estaba permitido en televisión abierta, era una palabra de moda, de uso de los “chavos”. Poco a poco la palabra fue incluyéndose al vocabulario, de tal manera que ya no es de sorprenderse que se utilice en algunos programas de televisión o de radio. Pese a que hubo personas en contra de ello, el uso del “güey” se incluyó hasta en el Diccionario de la Lengua Española.  

Con respecto al lenguaje inclusivo, como por ejemplo utilizar “los y las”, todas, todos y tod@s, o sustituir algunas vocales por la “e”, ha generado más repudio que aceptación. Como comenté al inicio de este escrito, el verdadero problema está en la intolerancia de la gente. He conocido a personas que dicen ser inclusivos por utilizar esta modificación de la lengua, pero que en sus acciones son muy distantes a ser inclusivos, no solo con las razones de género, sino con las personas con algún tipo de discapacidad, las cuales resultan ser el grupo más discriminado en nuestro país. Aquellas personas que, por una razón más personal que lógicamente válida, deciden utilizar el lenguaje inclusivo, suelen ser menos tolerantes con aquellos que han decidido no hacerlo. Entre mensajes de rabia, berrinches y actitudes caprichosas, no solo piden respeto, (lo cual es correcto pues todos merecemos respeto), sino que exigen que las demás personas hablen de la misma manera que ellos. Al final de cuentas cada persona tiene la libertad de utilizar el lenguaje que más le plazca, pero eso no le da derecho alguno de exigir que los demás modifiquen su forma de comunicación. 

El respeto entre las personas es el engrane principal para que las sociedades funcionen. El exigir, el obligar y el imponer no podrán nunca sustituir la cordura que debe reinar entre las personas. Si la lengua ha de modificarse, dejemos que pase de manera gradual y natural, sin forzar, ni imponer a nadie. Después de todo, la lengua tiene como fin lograr una comunicación efectiva entre quienes transmiten y reciben la información proporcionada, si la manera no es la adecuada, entonces no sirve de nada. Sin más, solo queda decir que es mejor ser incluyente con nuestras acciones que únicamente con las palabras, lo demás viene por añadidura. 

close
search