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Opinión

El gran dilema entre vivir o trabajar

Ciudad Juárez cuenta con una de las industrias maquiladoras más grandes del país, su fuerza laboral la ha posicionado como una de las principales fuentes de ingresos para el estado de Chihuahua

René Javier Soto López
Académico

martes, 20 septiembre 2022 | 06:00

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Todos tenemos a un amigo o familiar que ha comentado entre charlas no estar contento con su trabajo, pero debido a las circunstancias actuales no tiene más opción que seguir allí; ya sea porque no están en el trabajo de sus sueños o simplemente porque durante la pandemia se dieron cuenta de que su trabajo los estaba consumiendo sin recibir a cambio una remuneración adicional, optando así, por hacer una renuncia silenciosa, esto no es dejar sus actividades laborales, sino que se enfoca en hacer el mínimo indispensable para no ser despedido, rechazando un estilo de vida dedicado al trabajo y privilegiando un estilo de vida equilibrado y satisfactorio para su salud mental y física. 

Ciudad Juárez cuenta con una de las industrias maquiladoras más grandes del país, su fuerza laboral la ha posicionado como una de las principales fuentes de ingresos para el estado de Chihuahua y su campo laboral es amplio y surtido en comparación con otras ciudades del territorio mexicano. Sin embargo, desde la llegada de la pandemia se ha transformado la manera en que el trabajo y los trabajadores interactúan diariamente. 

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El modelo de trabajo conocido como home office, que tomó fuerza durante los inicios de la pandemia, permitió a miles de empresas y sus trabajadores, continuar con sus actividades sin la necesidad de trasladar a todo su personal directamente a sus espacios laborales. Lo anterior, abrió la puerta a una nueva visión para un gran porcentaje de oficinistas que redescubrieron un estilo de vida que parecía haber sido sacado de entre los mitos y leyendas de las cuevas Godínez.

Despertar por la mañana, preparar tu café favorito y llegar a tu trabajo en menos de cinco minutos sin lidiar con el tráfico, los baches, la falta de estacionamiento, etcétera, se convirtió en un sueño hecho realidad para muchas personas. Pero, como todo cuento de hasta siempre tiene un fin; conforme se libraba la batalla contra el Covid y más personas eran vacunadas, el inminente regreso al ambiente presencial se volvió en una realidad. 

Este cambio, aunque paulatino, generó resistencia en aquellas que durante casi dos años y medio aprendieron a vivir y trabajar a distancia sin que ello, en la gran mayoría de los casos, disminuyera su eficiencia laboral, a la par trajo consigo un nuevo tipo de trabajadores. Este nuevo grupo se rige bajo la filosofía de: “si no te gusta tu trabajo o no es bien remunerado, pero dejarlo no es la opción, renuncia silenciosamente.” 

Esta tendencia, aunque parecería simple holgazanería o no tener “la camiseta puesta” visibiliza un problema que es fácil de ver en nuestra frontera dentro del sector laboral, la falta real de oportunidades que permitan a las trabajadoras, superarse y competir un ambiente laboral que cada día exige más de ellas, pero sin retribuir el esfuerzo realizado. Lo dicho con anterioridad, genera inestabilidad en las fuentes de trabajo y convierte a los trabajadores en cazadores de bonos y compensaciones, que, aunque raquíticos, no dejan de ser un ingreso más para el gasto familiar. 

Ahora bien, la renuncia silenciosa no debe de ser mal vista, supone un paso importante para que las empresas y centros de trabajo, reflexionen y cambien sus modelos de administración con el fin de favorecer ambientes de trabajo sanos e idóneos, en los cuales se apueste por un sistema de participación mutua que promocione y de al trabajador la oportunidad de ser parte, y no solo un medio para la obtención de recursos. 

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