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Opinión

El futuro de la alianza en Chihuahua

A partir de la elección presidencial de 2018, López Obrador y Morena conquistaron el poder que llevaban más de dieciocho años buscando

Sixto Duarte
Analista

domingo, 25 septiembre 2022 | 06:00

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A partir de la elección presidencial de 2018, López Obrador y Morena conquistaron el poder que llevaban más de dieciocho años buscando. López Obrador ganó en todos los estados, excepto uno. Con ello, ganó el control de la Cámara de Diputados y una mayoría sólida en el Senado de la República.

Este fenómeno activó alarmas en los partidos políticos de oposición, pues se conoce el ánimo expansionista y controlador de Morena. Y es que después de gritar por años que les habían robado la Presidencia de la República en 2006, es más que evidente que el interés que tienen es perpetuarse en el poder. No esperarían tantos años para quedarse en el poder solamente un sexenio.

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Después de la elección de Alejandro Moreno Cárdenas como presidente del PRI, y de Marko Cortés como presidente del PAN, estos partidos antagónicos decidieron que era mejor dejar de lado sus diferencias, y coaligarse para obtener un fin superior, que es evitar el acrecentamiento de Morena en México.

Llegaron las elecciones intermedias de Coahuila e Hidalgo en 2020. En ambos casos, el PRI resultó vencedor en estos comicios. Posteriormente, en un contexto aliancista, llegó la elección de 2021 y si bien Morena ganó todas las gubernaturas (excepto Chihuahua y Querétaro), lo cierto es que perdieron cerca de dieciséis millones de votos, perdiendo con ello la hegemonía que mantenían en la Cámara de Diputados. Ello a su vez prendió las alarmas en Morena, pues en menos de tres años perdieron la mitad de los votos que habían obtenido en 2018.

A pesar de haber perdido tantos millones de votos, la inercia de Morena sigue siendo sólida en el país, pues la gente tardó tanto en convencerse que López Obrador era una opción viable, y ahora le cuesta reconocer que se equivocó con su voto. No es una afirmación gratuita la que hago; todos los indicadores de métricas de gobierno apuntan a que este gobierno es un fracaso en prácticamente todas las aristas.

Por su parte, el caso de Chihuahua es especial, pues la candidata del PRI declinó a favor de la candidata del PAN (y hoy gobernadora, Maru Campos) para el efecto de no entregar a Morena el gobierno de Chihuahua.

En ese contexto, Morena decidió armar una mayoría artificial en la Cámara de Diputados, misma que le alcanza para modificar leyes secundarias, pero no para pasar las reformas constitucionales que intenten. La coalición electoral PRI-PAN-PRD se convirtió a su vez en una alianza legislativa precisamente para frenar los abusos de Morena.

Esta alianza legislativa ha logrado frenar temas tan complejos como la nacionalización de la reforma eléctrica propuesta por el Gobierno (misma que fue rechazada en abril pasado) así como rechazar la integración de la Guardia Nacional al mando militar.

A pesar de ello, es importante expresar que la oposición no debe ser una oposición como lo fue Morena que rechazaba todo lo que el gobierno de Peña presentara, a pesar de que fuera importante para el desarrollo del país. Por ello, el PRI decidió votar en la Cámara de Diputados a favor de extender el período en que las Fuerzas Armadas se encargarían de apoyar las labores de seguridad pública hasta 2028 (pues un transitorio constitucional establece que las Fuerzas Armadas dejarían de apoyar tareas de seguridad pública en 2024).

Esto fue un motivo para que el PAN y el PRD ponderaran reventar la alianza que sostienen con el PRI, pues lo vieron como una “traición”. Sin embargo, dicha actuación lejos de ser una traición como estos partidos lo llaman, en realidad es una alianza con la ciudadanía, no con Morena. La semana pasada, la fracción del PRI en el Senado propuso modificaciones a la ampliación de dicho término, por lo que no ha sido aprobada aun la propuesta.

Es importante referir que el arquitecto de la alianza opositora es Alejandro Moreno Cárdenas, presidente Nacional del PRI. Por eso, resulta incongruente que PAN y PRD señalen a Moreno por la ampliación del plazo de presencia de Fuerzas Armadas en tareas de seguridad cuando ese tema nada tiene que ver con la alianza electoral que ha demostrado que da frutos.

La Guardia Nacional no se encuentra debidamente articulada, a estas fechas. Resultaría catastrófico retirar a las Fuerzas Armadas cuando no existe quién supla al Ejército y a la Marina en las tareas que actualmente se desarrollan. Eso equivaldría a sacar bomberos de un incendio, esperando bomberos mejor capacitados para apagar fuegos.

Debe quedar claro que la resolución adoptada por el PRI en la Cámara de Diputados fue en favor de la gente. Resulta bastante irrisorio que el PAN, cuyo gobierno militarizó el país en 2006, ahora se asuste de que el Ejército siga actuando hasta en tanto no haya un cuerpo policiaco capaz de enfrentar a las bandas del crimen organizado.

Por ello, es importante distinguir que el PRI votó en contra de militarizar la Guardia Nacional, pero a favor de extender temporalmente la presencia de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública, por un plazo perentorio y cierto.

Tanto el PAN como el PRD chantajean con romper la alianza, pero eso sí sería en detrimento de la democracia en México, pues con una alianza fracturada, Morena seguramente ganará la elección presidencial en 2024. A nadie le conviene que dicha alianza se fracture, pues es el único contrapeso real que existe para poder frenar a Morena en todos los demás atropellos que actualmente lleva a cabo.

Dicha división que es azuzada por personajes como Damián Zepeda (el mismo que votó en la consulta de revocación de mandato) es grave para la subsistencia de la república. Por ello, los partidos políticos de la coalición Va por México deben dejar de lado las pasiones, y analizar de manera fría cuál es el mejor camino para transitar con el gobierno, siendo una oposición propositiva, sin dejar de lado una eventual coalición electoral para 2024. Es decir, no se debe confundir la coalición electoral con la coalición legislativa, ni mucho menos, una posible coalición de gobierno en un escenario electoral dividido, como el que tenemos actualmente.

Las diferencias cupulares de los partidos políticos se desdoblan hasta el escenario local. En Chihuahua, el Congreso se integra con treinta y tres diputados, de los cuales el PAN tiene quince, Morena tiene once, el PRI tiene cinco, el PT y el MC uno cada uno. En caso de que se rompiera por completo con el PAN, dicho partido tendría un problema porque los cinco diputados del PRI no estarían suscribiendo todos los acuerdos que requiere el PAN para lograr una mayoría absoluta en la actualidad.

De ahí que se necesiten los buenos oficios de los operadores de gobierno y de partido para el efecto de no entregarle a Morena en bandeja de plata la mayoría que requieren en el Congreso local, poniendo en riesgo la gobernabilidad que actualmente tiene el PAN en la localidad. Esto se logrará en la medida que el PAN entienda la diferencia entre una coalición legislativa y electoral, pues de otra forma, todo se puede derrumbar.

Es innegable que Morena tiene fuerza en el Estado. Por eso, la importancia de continuar con esta coalición para la elección local intermedia de 2024, pues de otra forma, Morena se puede llevar todo.

Si bien siempre he dicho que Morena, más que un partido es una religión (pues los defensores del obradorismo son fanáticos de los dogmas), lo cierto es que es un partido-religión de un solo hombre. No veo a Morena construyendo un partido político a largo plazo. Sin embargo, la inercia de López Obrador sigue siendo muy fuerte, por ello es que se encuentran posicionados para ganar posiciones en la medida que López Obrador siga siendo presidente. Es decir, el declive de Morena empezará a darse poco a poco, y con mayor razón una vez que López Obrador sea expresidente.

En un escenario electoral complejo, la candidata del PRI a la gubernatura en 2021 declinó a favor de la candidata del PAN. Con ello se demostró que la alianza opositora tiene futuro en Chihuahua, pues ya está probada.

Es más que claro que la gobernadora del estado, María Eugenia Campos tiene buenas intenciones para su administración. Sin embargo, para efecto de poder cristalizarlas, debe aliarse con otros partidos que propongan; Morena, en cambio, no solo no propone sino que golpea y entorpece.

La única forma de vencer a Morena en el juego electoral es atender el tema desde lo local. Por eso López Obrador ha demostrado tenerle miedo a la alianza opositora. Los partidos políticos deben dejar de lado fobias y ponderar que una votación a favor de México no tiene por qué traducirse en romper una expectativa de alianza exitosa.

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