Opinión

El envenenamiento del Río Bravo

Pese a lo grave de la situación las autoridades en México poco han hecho por encontrar una solución al problema, es más, ni siquiera se han tomado las molestias de hacer los reclamos necesarios al vecino país

Erasto L. López
Analista Ciudadano

miércoles, 05 enero 2022 | 06:00

En los últimos días del año pasado tuve a bien reunirme con un buen compañero y amigo. Dentro de la plática, donde abordamos temas variados, salió a relucir uno en particular que ha pasado desapercibido para muchos, incluyendo autoridades gubernamentales, agrupaciones civiles y población en general: el envenenamiento del Río Bravo por parte de Estados Unidos. 

Desde agosto de 2021, la empresa “El Paso Water”, ubicada en la ciudad vecina, anunció la filtración de aguas residuales hacia el Río Bravo. De acuerdo con los malos pretextos de la compañía estadounidense las fuertes lluvias y el mal estado de las tuberías provocaron que estas se reventaran, trayendo como consecuencia el derramamiento aproximado de 10 millones de galones de aguas negras diariamente.

Pese a lo grave de la situación las autoridades en México poco han hecho por encontrar una solución al problema, es más, ni siquiera se han tomado las molestias de hacer los reclamos necesarios al vecino país. Por su parte, la Comisión Internacional de Límites y Aguas de Estados Unidos, únicamente lanzó una advertencia a sus homólogos mexicanos, mencionando la problemática y haciendo la recomendación de alejarse del Río Bravo por considerarse como un foco de infección.

Pese al acto inútil de la Comisión estadounidense, México decidió quedarse de brazos cruzados y hacer lo que mejor saber hacer “pasarse la bombita para ver a quien le revienta”, ya que la Comisión Nacional de Agua de Chihuahua manifestó que desconoce (y que no lo importa) el daño ambiental que el desvío de aguas negras está generando en el Río Bravo. Por otro lado, la Dirección de Protección Civil municipal, igualmente inútil, solo exhortó a la población a no bañarse en el Río, debido a la alerta lanzada por Estados Unidos, y dentro de su argumento solo agradecido a Dios que esto haya pasado en invierno pues en esta época del año las familias juarenses no acostumbran a ir a las compuertas.  

Ahora, surge otra pregunta ¿dónde están las organizaciones civiles protectoras del medio ambiente? Bueno, por parte de ellos tampoco ha habido mucho movimiento. Algunos ambientalistas solo han dedicado algunas palabras en sus redes sociales o manifestado su inconformidad en estaciones de radio locales. 

Cuando temas como la pandemia, crisis económica, migración, seguridad y política acaparan todos los encabezados de medios de comunicación poco espacio queda para los temas ambientales. Sin duda alguna, la contaminación del Río Bravo es un tema internacional delicado que, de así quererlo, México podría proceder contra Estados Unidos. Sin embargo, las cosas no pintan para esas acciones, ya que los temas ambientales simplemente no son tan redituables.  

Como analogía se puede mencionar el caso del Río Atrato en Colombia, donde la Corte Constitucional de aquel país resolvió reconocer a este Río como sujeto de derechos y así garantizar su conservación y protección. Para llegar a esta conclusión, la Corte tomó como punto de partida los derechos bioculturales, derechos fundamentales del agua, el principio de prevención y precaución, así como los derechos fundamentales a la vida, la salud y el medio ambiente. No hace falta ser un experto en derecho ambiental para comprender que, de acuerdo con lo antes dicho, el Río Bravo cumple con todos los requisitos para ser sujeto de derechos, pero para ello se requiere que las acciones de los tres órdenes de gobierno se pongan en movimiento con el respaldo de las organizaciones civiles regionales que se encargan de proteger el medio ambiente. Esperemos que este problema ambiental no se incremente y la solución llegue pronto a lo que alguna vez fue la fuente de vida de nuestra región fronteriza, el Río Bravo. 

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