Opinión
OPINIÓN

El ejemplo de los burritos en la reapertura

Han ocasionado desolación, luto y dolor las tenazas del coronavirus en Chihuahua

LA COLUMNA
de El Diario

domingo, 31 mayo 2020 | 06:00

Han ocasionado desolación, luto y dolor las tenazas del coronavirus en Chihuahua. No es todo, también han provocado impotencia y mucho enojo por la imprevisión y manejo errático mostrado por el Gobierno del Estado con las restricciones generales causante de otro mal igual de grave que la afectación a la salud, el económico.

Tenemos para este domingo en versión impresa y digital de La Columna un par de tímidas imágenes que muestran lo que pudo haber sido y no fue pero que puede concretarse en los siguientes días como muestra de que la tremenda lección ya fue aprendida y que la sociedad está lista para regresar paulatinamente a la “nueva normalidad”.

Son las mesas y las sillas de un negocio de burritos con una sola mesa ocupada, otras más dispuestas a distancia suficiente entre unas y otras, y clientes en sus vehículos. Suficiente gel antibacterial y los trabajadores con sus respectivos cubrebocas.

Esperemos no se le ocurra al Estado tratar de imponer sanciones a ese y otros lugares que discretamente han reiniciado labores.

Un mes sin ingresos es muchísimo tiempo para familias que viven en ese tipo de economías. Dos meses es el acabose y tres el desastre. Para allá pinta el gobernador, Javier Corral, y su tiránico semáforo cuya única claridad es que todo sigue igual en la suspensión de actividades, incluso con limitación injustificada en las denominadas nuevas esenciales.

Es un plan que en lugar de asumir una responsabilidad plena en la reactivación, aprieta más el cuello de los chihuahuenses. Poco sustento tiene cuando siguen los muertos y los contagiados, porque la sana distancia se ha convertido en una simulación general que amenaza con estallar con un humor social de enojo.

Se asombra Corral de El Paso, con 100 contagiados y ocho muertos en un día, con fuente en un tuit de un medio de comunicación para tratar de exhibir a las autoridades vecinas por la reapertura, cuando aquí -con cierre total y colapso económico brutal- es una cotidianeidad.

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La semana pasada los Consejos Coordinadores Empresariales (CCE) de Chihuahua, Juárez, el estado, le imploraron claridad y auxilio. De nada sirvió, porque en lugar de atenderlos sorprendió en su trabalenguas con acciones radicales, innecesarias, como obligar a las empresas que reinician a aplicar, a su costo, pruebas de Covid, cuando es su responsabilidad como autoridad sanitaria.

Como resultado, todo mundo lo está rebasando. En la clandestinidad, cientos de negocios, spas, boutiques, dentistas, salas de belleza, se las han ingeniado para funcionar. La cerveza llegó antes que diera él su visto bueno.

Los clientes hacen cita previa, llegan a la hora acordada, son atendidos con cubrebocas de por medio y sanitización en manos. Aún con ello se guarda la distancia. La nueva normalidad ya es realidad en Chihuahua desde hace un mes si no es que un poco más.

El riesgo se minimiza y no hay consecuencias. ¿Por qué entonces si los ciudadanos han aprendido la lección continúan las medidas draconianas e irracionales?

Y muy contrario a ello, donde debe actuarse hay fingimiento como en el desorden imperante en el transporte público, auténtico nido de contagio, que funciona en las narices de la misma autoridad con gran negocio.

Sigue sin entenderse cómo con criterios discrecionales unas empresas sí pueden funcionar y otras no. Por ejemplo, en la Ciudad de México, la fabricación y venta de bicicletas se autorizó sólo con el fin de estimular la venta de dichos productos. Lo mismo pasa con la construcción, la minería, la fabricación de autos. ¿Y los demás?

No hay entonces ninguna base científica, ni una receta mágica, sólo la disminución del contacto personal para reducir la transmisión por gotículas del virus… y el cálculo político de autoprotección con desenlace que aterra a Palacio.

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El muy largamente anunciado plan de regreso a la nueva normalidad era esperado en el ámbito estatal con expectativa, en función de que podría permitir la reanudación de las actividades oficialmente bajo condiciones de precaución extrema.

A nivel federal podría entenderse la cerrazón en función de su línea política, pero a nivel estatal, con el amigo de los empresarios, quienes le han tendido la mano ante su inanición financiera, se esperaba trato distinto.

Las declaraciones de los últimos días, con rechazo a una semaforización central desde la Ciudad de México, alentaba esa opinión. Chihuahua tendría su propio semáforo.

Hay razón de fondo. El mapa interactivo elaborado por Inegi evidencia un Chihuahua con amplias zonas muy lejos del color rojo intenso. Decenas de municipios en color blanco o un naranja disminuido.

Bien podrían dichos municipios y sus empresas empezar a funcionar. Pero lejos de ello, hace el gobernador lo que criticó a nivel federal, impone condiciones desde la comodidad de su despacho donde desayuna, come y cena con todo a cargo del presupuesto público.

Entre paréntesis, vea usted, estimado lector (a), la prioridad en los asuntos de gobierno para Corral, en lugar de concretarse a respaldar la economía de los chihuahuenses por las circunstancias narradas, el viernes tuvo un larga comida con los diputados del PAN para hablar de un tema completamente distinto, la reforma electoral para el 2021.

Artificialmente coloreó la administración estatal de rojo todo el territorio de Chihuahua y fue más allá. Las empresas neoesenciales -transporte- funcionarán a un 30 por ciento.

Los hoteles, son otro claro ejemplo de miopía oficial. Funcionarán a un 15 por ciento de su capacidad, como si los servicios, en particular la limpieza, la cocina, pudieran limitarse. ¿Deberá movilizarse todo el personal para atender 10 o 20 habitaciones?

Es absurdo.

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Así como esos puestos de burritos descritos al inicio, es tiempo para que el rubro de los restaurantes, los bares etcétera empiecen a reabrir con todas las previsiones.

Porque además, es muy simple, ya lo están haciendo. Han rebasado a la autoridad en los hechos, pese a las amenazas de multas y sanciones, que en algunos casos ya han sido aplicadas. Se les persigue como si se tratara de delincuentes. En la ciudad de Chihuahua han aplicado multas viales a centenas de conductores por llevar a más de un acompañante en sus vehículos; en Juárez son miles de vehículos llevados al corralón. Una locura pandémica.

Los negocios en las colonias, incluso en calles principales, tienen movimiento que por lo evidente dejó de ser clandestino. Si antes las rejillas eran colocadas a la mitad, ahora han sido levantadas de plano.

Han tenido que ser eficientes y cuidadosos. Muchos han copiado la medida de colocar una protección plástica transparente entre el cliente y el dependiente del negocio, como lo hacen los grandes supermercados, incluso sanitizan el dinero y los productos. Nadie quiere morir ni enfermar, pero necesitan trabajar bajo riesgo de perder su patrimonio.

La autoridad debería ayudarlos, pero con los anuncios de esta semana se pierde toda esperanza. El colmo es que la incapacidad genera nuevos equívocos. No podía ser de otra manera.

La reactivación bajo parámetros federales con respeto a las decisiones que regionalmente se adopten resultó peor.

Si a nivel central se pide una carta compromiso de adopción de protocolos de prevención, en Chihuahua se requiere autorización previa del IMSS, y realización de costosas pruebas.

Todo se complica y problematiza en exageración de procedimientos, cuando las medidas son simples para evitar el contacto. La verborrea incuba burocratismo y caminos atropellados.

Es insostenible la situación, pero hay cerrazón e intereses inconfesables del gobernador con trasfondo de un protagonismo político electoral exacerbado.

Su agenda no es la agenda de los chihuahuenses, incluso ni la de su mismo partido. El desayuno que sostuvo el viernes temprano en Palacio con la alcaldesa Maru Campos y la presidenta estatal del PAN, debió servir para limar asperezas y reducir la fricción constante que existe en el tema Covid y todos los demás sin excepción alguna. A la alcaldesa debe felicitarla el gobernador, no ponerle trabas.

Con el alcalde Juárez, Armando Cabada, no enfrenta el gobernador diferencias importantes pero tampoco ayuda. Envió Corral por donde llegaron a los empresarios de esta frontera encabezados Rogelio González que clamaban por una definición para la reapertura de comercios.

La nueva normalidad para la administración corralista es el continuismo errático, alejado de los intereses de los chihuahuenses que una vez más se ven traicionados con el pretexto de la pandemia.