Opinión
Cultura de la paz para el buen vivir

El cuidado esencial

Una empresa dedicada a comercializar productos se enfrentó a serios problemas cuando por cuestiones climáticas no podía realizar sus envíos

Fátima Silva Contreras

lunes, 22 febrero 2021 | 06:00

Permíteme contarte una breve historia. Una empresa dedicada a comercializar productos se enfrentó a serios problemas cuando por cuestiones climáticas no podía realizar sus envíos y cumplir con los tiempos de entrega acordados. Sus clientes perdieron la paciencia y la empresa enfrentaba una difícil situación económica. 

Elsa, la preocupada dueña, en un arranque gritó y amenazó fuertemente a Pedro, quien en vano trató de explicarle que la situación era ajena él, que las carreteras estaban cerradas por la helada y era imposible transitarlas. 

Pedro, agobiado, le gritó a Teresa, su asistente, reclamando el café que había olvidado pedirle. Teresa se quedó callada y preparó el café, indignada y molesta, pues le habían gritado sin motivos. 

Teresa llegó a su casa cansada y de malas. Su hijo Jorgito corrió a abrazarla, pero se vio frenado por el grito de su mamá, quien le reprendía por estar descalzo. Rabito, su perro, tuvo el infortunio de pasar por ahí en ese momento y fue pateado por Jorgito, quien lloraba de coraje. 

Ahora pregunto: ¿qué culpa tiene Rabito del cierre de carreteras? 

¿Te ha sucedido? No importa si te identificas con Elsa, Pedro, Teresa o Jorgito: todos estamos conectados. El estrés, enojo e impotencia de unos afecta a otros si no manejamos asertivamente las emociones. 

Sin ser conscientes, reproducimos con otros la violencia que recibimos. Esto va debilitando el tejido social. Los vínculos, cual hilos, se rompen o están a punto de hacerlo por la tensión puesta en ellos. 

En cambio, otros resisten, se aprietan y se aferran a no ser separados. Se cuidan entre ellos y esa es la esencia de su fuerza. La clave está en el cuidado. 

Retomemos el ejemplo de la taza rota. Una persona en crisis, que se siente fracturada e invadida por el dolor, coloca un traste debajo suyo para dejarse guardar en pedacitos mientras sus seres queridos cuidan las piezas en lo que por sí misma logra reconstruirse. Esas personas fungen como pegamento y colores y se ofrecen de ayuda en la nueva construcción. 

Esa red de apoyo es fundamental en tiempos de crisis, de duelo, de violencia. Necesitamos entonces personas que sepan cuidar. 

Pero ¿sabemos realmente lo que significa e implica cuidar? Cuidar proviene del latín cura, coera, y hace referencia a la preocupación e inquietud por quienes amamos. También del cogitare, cogitatus, que implica poner atención e interés, pensar al otro. 

Bernardo Toro habla del paradigma del cuidado y menciona que para saber cuidar es necesario saber conversar, saber escuchar y saber hacer transacciones ganar-ganar. Nunca se cuida al otro en situaciones de abuso o injusticia. 

Seguramente la historia de Teresa habría sido muy distinta si Elsa conversara con Pedro, si Pedro lograra transacciones ganar-ganar con sus clientes, y si Teresa escuchara a su hijo. 

Sin embargo, en el libro “El cuidado esencial”, Leonardo Boff nos recuerda que no somos Dios, sino seres imperfectos y nos invita a ser compasivos con nosotros mismos. Precisa que el cuidado ayuda a prevenir daños futuros, pero también a regenerar daños pasados, por lo que siempre podremos volver con aquellos a quienes con nuestro decir o hacer lastimamos y tratar de resarcir el daño. El cuidado, a decir de Boff, más que un acto es una actitud, y es esencial.

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