PUBLICIDAD

Opinión

El costo de la corrupción

La corrupción es un mal endémico que, difícilmente, podrá erradicarse en nuestro país, es un problema que debe combatirse a diferentes niveles, entre ellos el gubernamental donde más señalamientos se realizan por parte de la ciudadanía

Óscar David Hidalgo Ávalos
Analista

martes, 19 julio 2022 | 06:00

PUBLICIDAD

La corrupción es un mal endémico que, difícilmente, podrá erradicarse en nuestro país, es un problema que debe combatirse a diferentes niveles, entre ellos el gubernamental donde más señalamientos se realizan por parte de la ciudadanía.

Según la “Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental”, elaborada en el 2021 por el Instituto de Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), la tasa de población que tuvo contacto con algún servidor público y experimentó actos de corrupción fue de 14 mil 701 por cada 100 mil habitantes, a nivel nacional. Ahora bien, hay que tomar en consideración que, la encuesta analizada, fue realizada en la época en la que el Covid-19 se encontraba en pleno apogeo y por ende la movilidad de la ciudadanía, era menor, motivo suficiente para que la encuesta, haya disminuido con relación en los indicadores que la misma refería en el 2019.

PUBLICIDAD

En el estado de Chihuahua, la tasa fue de 10 mil 383 por cada 100 mil habitantes, es decir, 10 mil 383 personas tuvieron relación alguna con servidores públicos que, para hacer, o no, su función, solicitaron alguna dádiva, o bien, obtuvieron beneficios por parte de la ciudadanía, lo que de manera directa impacta no solo en las arcas recaudatorias, sino también en la percepción que la ciudadanía tiene sobre sus autoridades. 

En este sentido –refiere el mismo documento- en el estado de Chihuahua, existe un nivel de desconfianza por parte de la ciudadanía que equivale al 58.1 por ciento sobre las instituciones encargadas de la seguridad pública, toda vez que, es la institución con mayor presencia en el estado y en los diferentes municipios. 

En Ciudad Juárez, el nivel de desconfianza en las instituciones policiales, es evidente, se percibe en el trato diario con la ciudadanía, quien ha perdido el respeto a la autoridad, así como en los comentarios que día a día se desglosan en redes sociales y medios de comunicación en general, empero, qué tan cierta puede ser la percepción ciudadana, es decir, cuantas personas de las que emiten alguna opinión, han tenido problemas con la autoridad policial, o bien, cuántos solo hablan de aquello que terceras personas llegaron a manifestar.

Con lo anterior, no pretendo demeritar la libre expresión de aquellos que emiten su opinión, pues ya lo refería Voltaire “podré no estar de acuerdo contigo, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, no obstante, la cantidad de personas que en realidad han sido partícipes de un acto de corrupción y que pudiese llegar a desglosarse en las encuestas que se realizan, es factor preponderante para emitir un dictamen que nos acerque al costo de la corrupción. 

Parte de ese costo, es la desconfianza de la ciudadanía en las instituciones, misma que llega a generar una falta de interés hacia las cuestiones encaminadas a una cultura de la legalidad que permitan a la población alcanzar la paz y el orden públicos que tanto se anhelan, toda vez que, desde el momento que se pierde la confianza en la autoridad, el nivel de desapego a las normas crece de manera considerable, atentando contra el Estado de Derecho.

Por otro lado, es de considerarse que los tres niveles de gobierno, tienen la obligación de fortalecer a los órganos internos de control, que son los encargados de vigilar la conducta de las personas servidoras públicas, máxime que, son dichos órganos los únicos que cuentan con las atribuciones legales pertinentes para la investigación de los actos de corrupción, así como para llevar a cabo el diseño y aplicación de los programas inherentes a la prevención de los actos corruptivos.

Por lo tanto, los costos de la corrupción, no solo pueden englobarse en cuestiones de carácter económico, es indispensable atender a las consecuencias que dicho mal trae aparejadas y generar estrategias que impidan a la autoridad ser partícipe de tal condición, generando en la población una verdadera conciencia que los lleve a dejar de ser el segundo en discordia, ya que, para que exista la corrupción se requiere tanto al representante del sector público, como a su contraparte en el sector privado.

Bien lo decía Seneca “Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”, y para lograr ese combate efectivo, se requiere de ese valor denominado honestidad.

PUBLICIDAD

ENLACES PATROCINADOS

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

close
search