Opinión

‘El Choco’

Era un domingo de marzo en el año 2002. Unos meses antes de la elección extraordinaria de Ciudad Juárez

Carlos Murillo
Abogado

domingo, 02 mayo 2021 | 06:00

Era un domingo de marzo en el año 2002. Unos meses antes de la elección extraordinaria de Ciudad Juárez. El PRI tomaba una bocanada de aire fresco con el Gobierno municipal interino que había sido impuesto tras anularse el proceso electoral; la razón del castigo era que “El Güero” Delgado, del PAN, había contratado unos spots en El Paso, Texas; eso, junto a otras irregularidades fueron suficientes para que el árbitro, la Asamblea Electoral, ordenara celebrar otras elecciones.

Pepe Reyes Ferriz fue el presidente del Concejo Ciudadano por diez meses. Era más priista que Plutarco Elías Calles, pero lo hicieron pasar por ciudadano. Los priistas estaban entusiasmados porque había posibilidades de ganar la elección extraordinaria. No fue así. El final de la película es que “El Güero” Delgado volvió y refrendó el triunfo en la elección; pero apenas gobernó unos meses, porque se embarcó en la aventura para ser candidato el PAN a la gubernatura y le ganó Javier Corral, quien después perdió con Reyes Baeza. “El Güero” finalmente se retiró de la política.

El 2002 fue un año interesante porque canonizaron a Juan Diego, hecho que celebraron los católicos; mataron a Ramón Arellano Félix y eso reconfiguró el escenario del narcotráfico; y el panista Vicente Fox le dijo a Fidel Castro “comes y te vas”, así fuimos el hazmerreír de la diplomacia por culpa del presidente del “cambio”.

Bueno, aquel domingo, un grupo de priistas organizaron una carrera pedestre y recuerdo que hubo una kermés por el aniversario del PRI. Por primera vez en diez años, los ánimos estaban por los cielos, la gente se arrimaba sola al partidazo. Pero hay que ser honestos, también se “movilizaron” a unas mil 500 personas.

Cuando digo “movilizaron” es lo que comúnmente llaman “acarreo”, esto implica toda una logística compleja, una persona necesita a un líder en una colonia y ser capaz de invitar a unas 50 personas para llenar uno o dos camiones, eso requiere también la inversión de presupuesto, porque no es solamente el camión, es la comida y los refrescos, a veces un “regalito”, como hace unos días le llamó Marco Quezada, candidato a alcalde en Chihuahua de Morena, a una despensa, raquítica, por cierto.

En fin, la esquina de las calles Lerdo y Galeana eran un hormiguero. Aquella mañana había gente por todos lados. Ese evento en estos tiempos es un sueño, no porque no se pueda “movilizar” a tanta gente, sino por las restricciones por la pandemia. 

Recuerdo que había un templete y dos jóvenes en los micrófonos que hacían circo, maroma y teatro para mantener el ánimo de la gente. En algún momento comenzaron a narrar la llegada del primer corredor, entonces caí en cuenta de que estaban terminando la carrera pedestre. En un abrir y cerrar de ojos llegaron los primeros lugares y poco a poco comenzaron a granear los demás deportistas.

Entonces llegó “El Choco”, mi amigo, un cuate que nació, creció y sobrevivió en los barrios bravos de Juárez. Todo un personaje. Unos meses antes, durante el momento más álgido, cuando estaban por anular la elección, panistas y priistas instalaron carpas afuera del galerón donde estaba la Asamblea Electoral, que estaba por atrás de Soriana San Lorenzo. La calle era como un campamento, mejor dicho, eran dos. Adentro estaban los representantes de los partidos que se turnaban para estar de día y de noche al pendiente del recuento de votos. Hubo decenas de políticos en la operación, pero tengo clarísima la imagen del Lic. Edmundo Águila Castillo entrando y saliendo, el señorón era un fedayín, un kamikaze, una lezna, una pistola del debate electoral. La misión era toda una odisea.

Previo al final del recuento, los ánimos se calentaron, comenzaron los dimes y diretes entre los más panteras de cada bando. Los panistas creían que el PRI había contratado porros para reventar la elección y los priistas creían lo mismo de los panistas. Ambos tenían algo de razón.

Hago un paréntesis, en una ocasión, según me platica un amigo, un grupo de priistas corrieron a empujones de la Asamblea a Ramón Galindo, escena era muy violenta y al final se subió a un auto de prisa para hacer la graciosa huida, entonces un adulto mayor comenzó a gritar “¡mátenlo, mátenlo!” agitando su bastón ante la turba que levantaba los puños aceptando el grito del anciano, después dijo “mátenlo como mataron a Colosio pinches priistas”, entonces se dieron cuenta de que era don Pilo Galindo que los estaba regañando, no los alentaba. Fin del paréntesis.

Regresemos con “El Choco”, pues aquella noche tuvieron que traer a unos 100 policías para resguardar la Asamblea y los grupos comenzaron a gritarse groserías y amenazas, señal de que la sangre llegaría al río. En ese momento, “El Choco” tomó un bate de béisbol y se subió como pudo en un poste que estaba casi en la puerta de la asamblea y gritaba a todo pulmón “¡patria o muerte!”, frase que algunos le atribuyen a Fidel Castro y otros al Che Guevara.

Unos meses más tarde, “El Choco” apareció entre los corredores de aquella carrera de aniversario, recuerdo que traía una camiseta sin mangas con una leyenda “Por las mujeres de Juárez”, esa era su manda. En un brazo traía un tatuaje de la Virgencita de Guadalupe, no podía ser más mexicano: era priista y guadalupano, solo le faltaba irle al América. “El Choco” no ganó ningún premio en aquella ocasión, pero a todos nos presumió que terminó la carrera y que su motivo eran los derechos de las mujeres, muy adelantado para la época.

Un tipazo mi querido “Choco”, años después me visitó en el trabajo, me platicó una parte de su historia, narraba cuando se dio cuenta de que no podía andar sin rumbo por la vida en la loquera y se puso a trabajar, la verdad me ayudó mucho escucharlo porque yo andaba igual. 

Así es la vida de las campañas electorales, las pasiones pasan y las pasiones se quedan.