Opinión

El carrusel de la violencia familiar en la mujer profesionista

Según estadísticas del INEGI publicadas en noviembre de 2020, las mujeres con mayor propensión a experimentar violencia por cualquier agresor a lo largo de la vida son aquellas que residen en áreas urbanas

Guadalupe Mancha
Académica

sábado, 01 mayo 2021 | 06:00

Hace unos días se viralizó un video de una maestra que al dar clase fue agredida física y verbalmente por su esposo, esto hace inevitable que deje de hablar de la violencia familiar que se vive en todo México y específicamente en nuestra ciudad.

Según estadísticas del INEGI publicadas en noviembre de 2020, las mujeres con mayor propensión a experimentar violencia por cualquier agresor a lo largo de la vida son aquellas que residen en áreas urbanas (69.3%), de edades entre 25 y 34 años (70.1%), con nivel de escolaridad superior (72.6%) o bien no pertenecen a un hogar indígena (66.8%).

De las mujeres que sufren violencia podemos mencionar que son doctoras, operadoras de maquiladoras, abogadas, amas de casa, ingenieras, empleadas domésticas o contadoras, es decir, no hay un perfil específico de los agresores al elegir a su víctima en cuestiones de profesión o trabajo, la violencia familiar no discrimina edad, color de piel, estatus social o escolaridad, se puede presentar en cualquier relación, ninguna mujer queda exenta. 

Tal parece que a la sociedad le cuesta creer que mujeres profesionistas sean víctimas de la violencia familiar, pero se les olvida que todas somos vulnerables ante este fenómeno social, que cada día se hace más fuerte. Lo curioso del tema es que cuando una víctima es profesionista resulta ser el centro de diversas opiniones que solo buscan juzgarla o castigarla a ella por no poder defenderse o salir de esa situación cuando ella es profesionista y pues debería estar preparada para no permitir ser violentada, esto es totalmente mentira, que hayas estudiado una carrera profesional no te da las herramientas para no ser víctima de violencia, recuerden que fuimos educadas en familias machistas con una cultura patriarcal muy arraigada, donde nos enseñaron que debemos servirle al hombre en todos los aspectos de nuestra vida.

Una característica de la violencia familiar es que es un delito de realización oculta, es decir, a puerta cerrada y es muy difícil de detectarlo en la víctima, y más en el agresor, el cual ante su entorno social se muestra como un hombre bueno y condescendiente. Debemos resaltar que las mujeres que han sufrido de violencia familiar les cuesta mucho hablar del tema,ya que sienten culpa y vergüenza por haber soportado tanto maltrato y al pensar que van a ser juzgadas por “aguantar” deciden guardar silencio. 

Dentro de este tema, surge el círculo de la violencia familiar que son básicamente tres fases, la fase de acumulación de tensión, la fase del episodio agudo donde se presenta la agresión y la fase de la luna de miel donde se da la reconciliación y el no lo vuelvo a hacer.

Cuando la mujer está inmersa en este círculo cree que la conducta de su pareja depende de su propio comportamiento, se siente responsable e intenta una y otra vez cambiar las conductas del maltratador. Sin embargo, cuando observa que sus expectativas fracasan de forma reiterada, desarrolla sentimientos de culpa y vergüenza. Además, se siente mal por no ser capaz de romper con la relación y por las conductas que ella realiza para evitar la violencia: mentir, encubrir al agresor, tener contactos sexuales a su pesar, “tolerar” el maltrato a los hijos (as), etcétera.

Hoy les invito a dejar de juzgar a las víctimas de violencia familiar y les invito a deconstruirse, mientras seamos una sociedad juarense machista y se siga viendo a la mujer como un objeto de servicio para el hombre, las cosas no cambiarán y las futuras generaciones seguirán viviendo la historia que vivimos hoy, en la violencia familiar y en la violencia hacia las mujeres, al parecer, el carrusel nunca deja de girar.