El arte de engañar a la población

El engaño, para los políticos que lo practican, es un arte

Víctor Guzmán
Académico
miércoles, 09 octubre 2019 | 06:00

El engaño, para los políticos que lo practican, es un arte.

Lo vemos en las campañas políticas de cada seis años para la Presidencia de la República y senadurías, con los diputados cada tres años y así sucesivamente en las elecciones para gobernador y alcaldes de seis y tres años respectiva y regularmente.

Surge el arte de cada predicante, envolver con palabras sutiles, prometedoras y hasta ocurrencias, cuya única finalidad es alcanzar la atención del electorado posible, apoyándose en los medios masivos de comunicación y hoy en día con las redes sociales que abundan. Las promesas y palabrerías sin fin acosan y se viralizan. No hay temor en cumplirlas o no, lo primordial es ganar a costa de lo que sea, lo demás es un, ya veremos.

Los votantes comentan, pelean y se ilusionan, diciendo: ahora sí, este es el bueno... y en unos meses, vuelven las lamentaciones y la decepción. Por ello se dice que México es como la novia plantada, que cada seis años la enamoran y seducen, pero al dar el ansiado sí, la dejan sin menor resentimiento.

Cantantes, actores, futbolistas y personas ajenas al conocimiento legislativo son parte actual del sistema político. Incluso personas con gran afinidad a la delincuencia organizada, están al frente de cargos importantes. “Sí le robé, poquito, porque está muy pobre”, refiriéndose al pueblo. Dijo el que fuera alcalde de San Blas en Nayarit. ¿Qué nos está sucediendo?

Entre más ignorancia exista, será un espacio fértil para sembrar nuevas ilusiones de campaña sin sustento. Teniendo mayor oportunidad de generar esperanza en los votantes y continuar en los puestos de elección. Por ello la percepción generalizada del pueblo, donde consideran que no existe el menor resentimiento por los electos, para aquellos que les brindaron su voto, aun sabiendo que sus electores están en espera de la solución a las demandas que les prometieron en campaña.

El hambre es la necesidad básica, de la cual por décadas se han aprovechado para arrebatar los votos. Con una población de pobreza extrema, resulta más sencillo el convencimiento con una torta, un pollo o cualquier producto que quite la penuria, esto ha sido por décadas el valor de un voto para miles de personas. Gracias al mismo sistema, que por sexenios han provocado esta hambruna y pobreza. Por cierto, en estas fechas aún no hay nada qué celebrar, la economía continúa sin crecimiento.

Con hambre, ninguna persona va a pensar en política, tampoco conocer qué persona conviene para determinado cargo, en ese momento la primordialidad es resolver el problema vital, para él y su familia: alimento, casa y vestido. Por tal motivo, para los políticos, en muchos casos, les encaja bien un pueblo pobre, es más fácil la manipulación, el acarreo, las farsas y sobre todo la siembra de esperanzas. No hay escrúpulos con tal de llegar al puesto.

Por lo anterior debemos exigir una educación continua, que las instituciones escolares cumplan su función cabalmente de impartir enseñanza de primer nivel. Debemos reclamar que ningún niño, adolescente y joven permanezca sin estudiar, hasta terminar una carrera profesional, en ese momento daremos un gran paso en todos los aspectos de la nación.

De lo contrario continuaremos con los lamentos de cada sexenio. Por ello la necesidad de educación escolar, que nos permita la reflexión del voto y posteriormente demandar el cumplimiento de las promesas de campaña.

Cuando la población tenga el conocimiento necesario acerca de lo que significa dar el voto a determinado candidato, que conozca más de los procesos electorales y de cómo se administra una nación, por lo menos de manera general. Será cuando no se permita que cualquier mequetrefe quiera conducir la nación o cualquier puesto de elección popular.