El arma del boicot

Todos los consumidores del mundo tenemos ante nosotros y a nuestra disposición una potente arma que no es de fuego

Daniel García Monroy
Analista
martes, 16 abril 2019 | 06:00

Todos los consumidores del mundo tenemos ante nosotros y a nuestra disposición una potente arma –que no es de fuego–, pero genial y maravillosa para protegernos, amenazar y para atacar a quienes todo quieren que les compremos, les creamos, les confiemos. Esa arma se llama boicot. Término que de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española es la adaptación de la muy similar voz inglesa “boycott”, que los angloparlantes inventaron para definir la realización de una acción destinada a entorpecer o impedir que una persona o una empresa desarrolle normalmente sus actividades; utilizable como medida de presión para que dejen de discriminar, engañar y/o robar a sus clientes. Pues qué bien suena el atractivo concepto. Nadie en su sano juicio puede negarlo; porque, perdón, pero al final de la perenne compra diaria, todos somos solitarios, frágiles y vulnerables: sempiternos consumidores.

El boicot es democrático, casi comunista, porque puede ser enarbolado por torpes poderosos millonarios o pobres usuarios del transporte público. Donald Trump amenazó con convocar a su electorado republicano a dejar de comprar carros y productos de cuanta empresa estadounidense trasladara plantas de producción industrial a México. 

Por otra parte nuestro querido presidente Andrés Manuel López Obrador amagó y cumplió con dar a conocer a las gasolineras más caras y a las más baratas, por el precio en mercado libre, con el cual se venden los hidrocarburos. Veladamente está convocando a un tímido boicot de las clases medias nacionales dueñas de automóviles, para que dejen de darle más y más dinero a los concesionarios que han aumentado su margen de ganancia, cuando Pemex les está llevando producto a menor precio. El fenómeno va ser muy pero muy interesante. Habrá que ver si el oculto boicot gana y va. 

En Chihuahua el eterno problema del transporte público está escalando hacia una confrontación violenta entre un noble grupo de ciudadanos usuarios que están desafiando a un poder fáctico empresarial, que se ha hecho millonario explotando concesiones gubernamentales de un servicio público, que ya ni es servicio ni es público. Los dueños de camiones arribaron a su jugoso negocio gracias a la corrupción del sistema priista en declive, que no desaparecido. Pero como en toda ciudad, construyeron un sistema sindical donde 50 familias “propietarias” y mil trabajadores contratados bajo dos centrales obreras con dirigentes-dueños inamovibles, es decir, amafiados, se han convertido en un poder fáctico que somete increíblemente a cuanto Gobierno estatal llega al poder.    

Lo único posible para recuperar el transporte como servicio público chihuahuense es el boicot. No contra el ViveBús por supuesto, que es lo único salvable del sistema, sino contra las incontrolables rutas alimentadoras. Pero en guerra de guerrillas, no enfrentándolos a todos de un golpe. La estrategia demostrada es pésima porque más une a la pandilla que son los dueños del transporte y sus acólitos contra la sociedad usuaria toda. La táctica debe ser boicot ruta por ruta. Convocar a los usuarios de las rutas más denigrantes y golpeadas. La de las Granjas por ejemplo. Donde cuatro camiones dan el servicio entre semana y sábados y domingos un solo camión, que tarda hasta hora y media en pasar, se apiada brindar servicio. Convocar ahí, en esas colonias con pocos pero irritados usuarios, para que una victoria mínima se catapulte a toda la ciudad. Organizar el servicio en autos, camionetas, lo que sea para que nadie se suba a esos urbanos, por el tiempo que se necesario, y con eso que los concesionarios dejen de dar el servicio y entreguen las rutas al Gobierno; hasta al municipal, para que una buena señorita panista con visos de candidata a gobernadora pudiera intervenir y dar servicio gratuito cuando el conflicto escalara. Poco a poco, ruta por ruta. Por las malas, en enfrentamientos directos, ellos, los choferes, y concesionarios son más lacras y delincuentes desaforados que nadie. Con un bello boicot parcial, por lo menos, se tendrían que sentar a negociar. Recuperemos para la historia de Chihuahua nuestra mejor arma social: el boicot.